27 de Enero de 2009
Dramas de novela (literalmente)
Hace más de un año comencé a escribir una novela que digo que es de ciencia ficción, aunque en realidad es más de ficción que de ciencia. Por innumerables motivos y situaciones, la dejé en “animación suspendida” durante un rato y la retomé de nuevo hace unos meses.
Me estaba/está costando horrores escribirla. Motivos pueden haber muchos. Pienso que uno de ellos es el estilo. Es muy minimalista pero me parece el tono adecuado. Frases muy precisas, sin mucho adorno, directo al grano. Me interesa el punto concreto de la historia y quiero la menor cantidad de distracciones posibles. Además, eso de crear mundos y civilizaciones imaginarios se dice fácil, pero crearlo requiere de mucha y meticulosa fabricación para que todo tenga coherencia dentro de lo imaginado.
En todo caso, la historia me llevó a leer sobre una serie de asuntos que, de paso, me hicieron convertirme en aficionada de la astronomía. Mientras más leo sobre el espacio y el universo, más pequeña (y humilde) me siento y más crece mi asombro ante este (auténtico) milagro que llamamos vida.
Esas lecturas me llevaron el fin de semana a enterarme de un pequeño detalle, tan pequeño pero real que... ¡descalabró toda mi historia! Si gente, es así. Un detallito puede hacer desmoronarse toda una historia completa, de principio a fin.
Nunca me había pasado. Se me habían caído capítulos. Se me habían caído finales. Se me habían caído tramos enteros de una historia, pero nunca un trabajo completo.
La noche que eso pasó me sentí totalmente desconcertada. O mejor dicho, despojada. Mi idea no funcionaba. Era fácil desbaratarla desde el aspecto estrictamente científico (y como parte de un suceso real, eso era más que fácil). Y aunque no pretendo plantear ningún tipo de teorías “nuevas”, sí quiero respetar ciertos puntos estrictamente científicos que, dentro de la trama, son las que originan la situación medular de la historia.
No tenía caso. La única manera de componerla era reescribiendo o reconsiderando toda la historia que, en las opciones que se me planteaban, realmente pierden para mí todo interés y motivación. (Lo más que puedo decir es que en mi idea original, la trama ocurre en otro planeta. Pero por el “detalle técnico”, la lógica decía que tenía que ocurrir en la tierra... y la tierra, bueno, no me resulta “interesante” para la historia).
Con esa sensación de despojo y orfandad, me dormí. (Esa sensación, quiero ampliar, es rarísima. De pronto un proyecto en el que has invertido tiempo y vida, se hace polvo. Ya que se compara escribir libros con embarazo y parto, esto era como abortar a una criatura totalmente formada, a la que ya le tenías afecto y hasta le habías puesto nombre. Y verla morir sin poder rescatarla, bueno, duele).
En la noche soñé con naves espaciales que eran lanzadas al espacio... ¡llenas de moras! (jajaja). Y en la mañana desperté con una idea: apostar a la complicidad con el lector. Juguemos a la imaginación: imaginemos. ¿Qué hubiera pasado si tal cosa...? ¿No es a fin de cuentas ése el gran juego de la literatura? Eso me alivió un poco y pensé que tenía maneras de sacar el proyecto adelante de todas maneras.
Pero luego, en el transcurso del día, me llegó un correo de alguien que sabe de astronomía y con quien consulté cierta situación del libro (no la que me había descalabrado la historia, sino otra). Nuevo golpe. Imposible lo que yo planteaba, aunque había una alternativa...
¿Y ahora? No sé. Reconsiderar detalles de la historia. O todo el argumento. Examinar variantes. Decidir si hay manera de seguir o si, de plano, abortar el proyecto.
Es muy raro. Me había dado de trompicones durante la escritura de las casi 50 páginas que tengo, que es casi la mitad de la novela. Siempre pensé en esto como una novela corta, de máximo unas 120 páginas (aunque a veces uno dice eso, pero la historia se desarrolla como ella quiere y necesita y termina teniendo las páginas que debe tener). Ahora que parece que hay que mandar al carajo todo, no puedo ni quiero.
Pero todo esto es bueno. Pone a prueba la historia, pero sobre todo, lo prueba a uno como escritor. Prueba qué tan importante es para nosotros una historia y si realmente necesitamos escribirla (que es el único motivo de fondo para escribir algo, sentir el imperativo de ponerle palabras a algo que nos ronda en la imaginación). Si la respuesta es sí, uno peleará por encontrar la mejor manera para hacerla funcionar.
No sé cómo continuará, no hay decisiones tomadas todavía, ni claridad en lo que voy a hacer. Nada más espero, creo, quiero que continúe...
En fin, gajes del oficio.
ánimo, y si es posible continuar hágalo, sabe que habemos algunos siempre pendientes de sus novelas. sigo pendiente con mis comentarios del libro (que verguenza por mi inconstancia). saludos.
antonio | 27 de Enero de 2009 - 08:05 PMGracias Antonio. Son cosas que pasan cuando uno escribe.
Jacinta | 27 de Enero de 2009 - 10:20 PMAdelante con su Libro, creo que son aspectos que se dan cuando se encuentra enmedio de la elaboracion del libro. Espero leer su obra muy pronto
Francisco | 28 de Enero de 2009 - 12:27 AMAún desconociendo los pormenores del "detalle técnico", se me ocurre que siendo como dice una novela mas de ficción que de ciencia ficción, acaso esa condición no ayudaría a que el punto en cuestión no merezca la pena considerarlo tan estrictamente científico. De todas maneras estoy seguro que algo bueno surgirá, alguien con la capacidad de soñar con naves espaciales cargadas de moras y recordarlo al despertar, lo puede hacer con facilidad, ya verá.
Mangomaduro | 28 de Enero de 2009 - 04:11 PMMi idea original al escribir esta entrada era compartir un poco "desde adentro" las dificultades que se pueden tener o que aparecen cuando uno escribe una novela o un texto (en general).
Así es que agradezco muchísimo los comentarios de ánimo para continuar con el proyecto, porque realmente no me los esperaba.
Gracias Antonio, Francisco y Mangomaduro.
Yo nunca me he atrevido a escribir una novela,pero pienso que depende mucho de la clase de novela que quieres hacer. Si quieres que tu novela se base en datos ciénticos o si quieres hacer ficción donde lo más importante es la imaginación. Creo que lo segundo es más potable. Uno lee ficción para imaginar cosas imposibles. Recuerdo "Cien años de soledad" y las cosas imposibles que suceden allí y que son tan lógicas en la novela, en ese mundo ficticio que en otra novela no pueden ser. Sé, sin duda, que una historia se deben mantener a base de datos "humanos" para que sea entendible. De todos modos todas las novelas son hechas para las lean los humanos, para que entiendan los humanos y para los humanos se busquen en esos referentes o tengan un punto de partida que los relacione. Pero dificil es cuando se quiere hacer una novela cintífica y para eso mejor hacer un tratado cintífico y no una novela de ciencia ficción.Quizá lo importante no son los hechos de la ciencia, sino más bien la historia que nos cuentas en ese mundo futuro, hipótetico. Tal vez no impote mucho el ambiente, aunque en la ciencia ficción es muy importante, sino la clase de personajes que interactuan entre ellos, que para mí son lo más importante en una narración. Ellos, los personajes, hacen su historia. No creo justo para ellos que te limites en detalles externos que a ellos no les interesan en lo más mínimo, ya que para ellos es lo más natural que les pueda suceder en sus vidas.
Entiendo cuando dices que un texto se muere en nuestros brazos. Me ha pasado muchas veces. Son momentos tan tristes y solitarios donde nadie te puede recomendar nada, pues son cosas que uno debe solucionar por nuestra propia cuenta. Hay algo que nunca sobra y no tiene desperdicio: leer a los maestros. ¿Qué mejores consejos que descubrir cómo lo resolvieron sus historias, cómo desarrollaron sus personajes, cómo conquistaron los ambientes dirigiéndose en pequeños detalles, utilizando una hipótesis descabellada e increible?
Creo que debes seguir tus instintos y tu lógica. Deja que fluya tranquilamente y nunca dejar de peliar.
Krisma Mancía | 28 de Enero de 2009 - 06:44 PMGracias Krisma.
Bueno, Krisma dice algunas cosas interesantes y que tienen mucho valor en muchisimos genéros literarios la cosas puede ir por ahi y asi resolver el problema que tiene con la novela. Pero en Ciencia Ficción , de la buena (Asimov, Clarke, Niven, Sagan) lo que se presenta son mundos posibles, extrapolando tecnologías o contruyendo mundos en base a las leyes naturales establecidas, que también tienen un elemento educativo para el lector. Esa es la diferencia entre la Ciencia Ficción y la Ficción sin Ciencia, yo hacía la diferencia entre Star Wars que es más fantasía y Star Trek que tiene mas Ciencia Ficción, aunque con sus problemas.
Un ejemplo clasico: Eso de ir más allá de la velocidad luz que es un IMPOSIBLE universal a muchos escritores de parece no importarles y aceleran sus naves espaciales sobrepasando las velocidades de la luz. Si leemos a Arthur C. Clarke eso no sucede, el es muy cauto y serio con las leyes físicas.
Pero bien, como le dije en el otro correo, hay formas de ver de salir de ese embrollo, ahi le pase algunos ejemplos, si tiene la trama y los personajes, pero no quiere maltratar las leyes naturales en un extremo que duela, pues muchisisismo mejor.
Gracias Jorge. En todo caso, la historia continúa...
Jacinta | 29 de Enero de 2009 - 05:04 PM¿Ejemplo clásico?
Este post me suscitó al inicio cierta perplejidad, debido a que lo consideré naif. Sin embargo, después de releerlo y valorar además todos los comentarios, mi percepción cambió. Ahora siento agradecimiento por el aprendizaje que me permitió todo lo que aquí se dijo. ¡Qué no es poca cosa por cierto!
Respeto mucho las opiniones emitidas respecto a este drama, algunas hasta las adoptaré, al menos para verlas crecer y dejar luego que se larguen. Esa es la ley de la vida.
Pero no quiero perder la oportunidad para resaltar que la ciencia, como afriman Greenwood y Earnshaw: ¨advances by removing error, not by establishing truth..."
Y lo anterior lo mencioné porque el comentario del Sr. Colorado, a propósito de lo que él considera como ejemplo clásico de las veleidades en que incurren los escritores que no son ¨cautos y serios¨, me parece peregrino.
Si, yo estudié filología pero también biofísica (mi ominoso, oneroso e inquisitivo estado mental siente afinidad tanto por la ley como por el caos) y hace dos años en un congreso sobre física, un investigador alemán rescató del anonimato algo que muchos hemos observado en nuestros laboratorios: el inédito comportamiento de la luz durante el efecto tunel. En síntesis este investigador propone a partir del análisis del tunnelling, que la luz puede viajar a una velocidad superior a ¨c¨. Obviamente, muchos ya descalificaron su idea, pero ese es otro tema.
Su hipótesis tiene un asidero pero no sé si sus datos son consistentes; además no entiendo la fucking matemática que él subvierte para validar su propósito. Pero dicho esto, lo que deseo resaltar es que hace un año leí ¨a science fiction tale¨, escrito hace ocho años por un ex colaborador del Hypertext Hotel (aquel proyecto de R. Coover), y del cual resalta su plausible técnica y la extrañza erótica en que se funden tanto narrativa como supuestas velocidades ¨meta c¨; y el contexto explicativo es tan próximo a lo que ahora dice este físico alemán, que me asombra y encanta como a veces la ficción se adelanta a la mustia ¨realidad¨.
Gracias. Este post me gusto
Guarnieri | 30 de Enero de 2009 - 03:00 PMbien pues creo que en biofisica como que no han explicado muy bien de que se trata el efecto tunel, yo soy fisica y le recomiendo a Guarnieri que haga una pequeña investigación sobre este efecto, de hecho la matemática involucrada no es demasiado complicada.
v.ruiz | 2 de Febrero de 2009 - 04:00 AMPues parece que Ruiz apunta a lo correcto con Guarnieri, quizas en la biofisica no le explicaron bien sobre la particularidad de la luz: La luz no es una onda mecánica, es un corpusculo-onda, es física, y en el universo hay restricciones para que las cosas no sean como se sueñan o como uno quiera (véase como Kepler se dio en los dientes con los poliedros regulares y las órbitas d elos planetas).
Esa es la diferencia entre la ciencia ficción y la ficción sin ciencia: Si uno se mete a trabajar en ciencia y escribir en ciencia o tomarla en cuenta para las narrativas ficticias, lo mínimo que se pide es seguir lo que ella plantea, de no hacerlo pues será otra cosa... pero no ciencia ficción.
JaJaJaJa....No había leido estos últimos comentarios....JaJaJaJa....¡Pobrecitos nosotros los biofísicos! Yo sabía que de nada me iban a servir los cursos en mecánica cuántica relativística, yo lo sabía...sniff,sniff,sniff...Mi doctorado se fue al tacho de la basura.
Una de dos, o las destrezas lectocomprensivas del Sr. Colorado y la Sra. Ruiz son apabullantes pero por deficientes, o yo soy un pésimo redactor.
La literatura de ciencia ficción puede prescindir de las categorías científicas (lease bien el significado de categoría) y en casos sui generis anticipar el surgimiento de otras, las cuales en su momento, hasta habrán de pugnar con el estatus quo cientificista. Punto. Lástima que no tengo el link a la mano, pero en el New Yorker leí por recomendación de mi panita Salman: http://sciencereligionnews.blogspot.com/ ,uno de los mejores cuentos de ciencia ficción de este tipo.
Saludos.
Guarnieri | 7 de Abril de 2009 - 02:22 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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