29 de Diciembre de 2008
Limpieza de fin de año
Cada dos o tres años me agarra una suerte de frenesí que me empuja a hacer una limpieza radical y total. El pretexto puede ser cualquiera: vacaciones de Semana Santa, mudanza (de casa o país, como me ha tocado tantas veces), cumpleaños, fin de año... La idea detrás de ello puede ser “botar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo”, pero en mi caso se trata más bien de una cierta obsesión por el orden, que me viene no sólo por mi signo astrológico, sino también como conducta adquirida durante la infancia.
Ya desde niña, sin que nadie me lo dijera, me agarraban esos “ataques de orden”: recuerdo que me podía pasar una mañana completa de sábado sacando toditos los juguetes de una caja en que los guardaba nada más que para volver a ponerlos en orden. Y había algo de orgullo al terminar, de ver el trabajo realizado, la armonía en el orden de las cosas, todas puestas en su lugar especial, que me causaba (y me sigue causando), una satisfacción particular.
Desde hace ratos tenía esa idea y este fin de año he aprovechado intervalos para limpiar y ordenar, tirar cosas inútiles y reacomodar lo que tengo. El espacio donde vivo es tan minúsculo que no puedo darme el lujo del desorden (aparte que no soporto el desorden, o nada más mi “organizado desorden”...). Mi vana ilusión es ganar un par de centímetros en este espacio, que no servirán para mucho, porque el lugar es tan incómodamente minúsculo que no se puede hacer nada con un par de centímetros extra.
Arreglando, limpiando y tirando me ocurren varias cosas: una crueldad (similar a la que me da cuando, como escritora, empiezo a pasar la escoba en mis textos y borrando lo inservible). Tiro revistas viejas (y me prometo no volver a comprar revistas porque no sirven para nada más que para hacer estorbo), papeles, cajas que guardé pensando que “las iba a necesitar” para no sé qué, ropa que ya no me pongo ni me pondré. Tiro y me deshago de todo sin piedad.
También recuerdo memorables limpiezas anteriores, como alguna que hice en mi casa de Managua, creo que una Semana Santa, y quemé cualquier cantidad de papeles, algo que me encantaría poder hacer aquí pero que por falta de espacio se torna en un imposible. O de cuando doné la mitad de mis libros a una Biblioteca en Managua.
Las sesiones de limpieza duran exactamente lo que tarda en aparecer mi alergia (dos o tres horas), porque tengo alergia al polvo y al moho. Y con la extraordinaria humedad que hay en este país, el moho está oculto en los rincones más insospechados, en forma de manchas negras en libros o manchas blancas o café en la ropa. Y como las diminutas e imprácticas ventanitas que tiene este lugar no ayudan a ventilar, a veces tengo que esperar dos o tres días antes de continuar con la tarea, mientras me recupero.
Lo que más me ocupa espacio, como siempre, son los libros. Me sorprende que tenga otra vez tantos libros. Primero porque siento que no compro libros por mis limitaciones económicas y segundo porque soy ultra-selectiva con lo que compro. Pero es así, de nuevo se han hecho un montón, aunque jamás tantos como mi biblioteca en El Salvador. Por otro lado confieso que tengo la sospecha que en las noches, o en mis ausencias, los libros se reproducen misteriosamente, como los conejitos en aquel cuento de Cortázar. Pero de nuevo, hasta con ellos soy cruel: ya hay separado un grupo que se irán de aquí, no sé a dónde, pero se van.
Poco a poco voy viendo los efectos de la limpieza y el orden. Muy poco a poco. Porque la sesión de ayer me tiene todavía mocosa y tosiendo y es mejor dejar pasar la alergia plenamente.
Mientras tanto, también he vuelto a pintarrajear (decir que “pinto” sería muy pretencioso de mi parte), pero me entretiene y relaja profundamente manipular colores, texturas y encontrar formas en lo que aparentan ser manchas sin sentido. Siempre he sentido que pintar me convierte en niña, porque lo que siento hago más bien es jugar. Trabajo formatos pequeños y yesos pastel y pasteles en óleo, porque el espacio no me permite ni formatos grandes ni intoxicar el ambiente con tubos de óleos y disolventes, que es lo que más me gusta trabajar.
Espero terminar esta limpieza “más ligera de equipaje”. Tengo la impresión que la presencia de objetos físicos de alguna manera también refleja innecesarias acumulaciones mentales y hay una sensación de “espacio y limpieza” que se refleja en lo mental cuando uno tira lo innecesario.
No sé bien para qué sirva este ejercicio. Quizás para encontrar las cosas más rápido y fácilmente o para hacer conciencia de no acumular, para no formar apego a objetos, para ser más selectivos con lo que compramos y guardamos (y en consecuencia, para no despilfarrar), de que somos pasajeros, de que finalmente, cuando nos vayamos, sea a otro país o a otro estado del ser, no nos llevamos nada de todos estos objetos que acumulamos a lo largo de nuestras vidas.
Todo es prescindible.
a mi se me hace dificil desapegarme de mis libros los guardo y los atesoro en la medida de mis posibilidades. acepto donaciones. saludos. feliz 2009. sigo debiendoles mis comentarios del libro.
antonio | 30 de Diciembre de 2008 - 04:53 AMBueno creo que sí es importante limpiar y odenar, al igual que vos donde vivo acá en brasil es rechiquitito y cuando llegué, pensé "en tan poco tiempo y en un espacio tan pequeño no acumularás tantas cosas", pero después de tres años... Como las cosas se reproducen!!! jaja... buena suerte en tu tarea de ordenar, yo aqui intento hacer lo mismo...cuando me queda tiempo....
saludos..
Hola...creo que te pareces mucho a mí en la forma de pensar respecto a las cosas materiales...yo detesgo guardar coss inútiles, por ello discuto mucho con mi mamá porque a ella le gusta guardar cosas inútiles y siento que me asfixio en mi apartamento es demasiado pequeño...soy fanática del orden. Mi signo zodiacal es virgo. Copnsidero que para borrar malos recuerdos no hay nada mejor que desechar todo lo relacionado con el asunto...es mejor llevar poco equipaje en este lindo viaje de la vida...feliz año nuevo!!!
Jimenabell | 25 de Diciembre de 2009 - 06:34 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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