19 de Diciembre de 2008
El No-Hacer en el Tao y el Chamanismo
3No ensalzando a las personas de talento, harás que la gente abandone la rivalidad y la discordia.
No valorando bienes difíciles de conseguir, harás que la gente deje de robar y atracar.
No exhibiendo lo que todos codician, harás que los corazones de la gente permanezcan serenos.
Por eso, la manera de gobernar del Sabio empieza por:
vaciar el corazón de deseos,
llenar los estómagos de alimento,
debilitar las ambiciones
y fortalecer los huesos.
De este modo, hará que la gente permanezca sin conocimientos ni deseos, y cuida de que los que saben no actúen.
Practica el No-Hacer, y todo será armonioso.
Según el Tao Té King, el “Sabio” es la persona que está en armonía con el Tao (el camino), aunque algunos traductores utilizan la figura de “Hombre Santo”.
Quiero comentar algo sobre el bastante complejo concepto del No-Hacer.
Me llama la atención porque en tradiciones chamánicas existe el mismo idéntico concepto del No-Hacer y quizás, si lo analizamos, en el fondo tenga el mismo significado que tiene en el Tao. En ambos caso, por cierto, su significado está muy lejos de la inercia o de la resignación ante las circunstancias.
Entre las tradiciones chamánicas, el No-Hacer consiste en hacer cosas que uno regularmente no haría en su vida cotidiana o asumir un papel que uno no tiene en su vida. Este cambio, este “salirse de uno mismo” durante horas o días, obligaría al practicante a estar más alerta de su entorno, de las cosas que ocurren y que le son dichas a su alrededor, es decir, le impondría casi que por obligación concentrarse en estar en el aquí y en el ahora, no sólo a nivel físico sino también a nivel mental, a nivel de auto-examinar y escuchar el discurso interior de la mente (eso que conocemos como nuestro monólogo interior).
Por ejemplo, Don Juan, el chamán yaqui que aleccionó a Carlos Castaneda, sugería que el No-Hacer era un ejercicio conveniente para acumular energía y no dispersarla en el inútil discurso mental cotidiano. Ejercicios prácticos para ello serían, por ejemplo, vestirse como un mendigo e ir a pedir limosna en algún semáforo durante unos 2 o 3 días, no exactamente para hacer “conciencia social”, sino para ver qué pasa cuando uno “es” algo que “no es” normalmente. Otros ejercicios de No-Hacer serían por ejemplo, caminar hacia atrás (dentro de tu casa) por una hora (o más, si es posible); si se es diestro, hacer las cosas con la mano izquierda; no emitir palabra ni sonido alguno durante un día completo (lo cual implicaría además no leer ni escribir, ni mandar mensajitos ni ninguna otra forma de comunicación escrita).
No voy a ponerme aquí a discutir si Don Juan fue un personaje real ni tampoco si lo fue Carlos Castaneda, si sus libros son ficción o realidad, si están bien escritos o no. Sea cual sea la realidad, creo que las enseñanzas de sus libros dejan bastante material válido para la reflexión.
Volviendo al Tao Té King, la utilización del No-Hacer es diferente, pero al final me parece que tiene un objetivo similar al chamánico. Entiendo este No-Hacer como un no oponerse al fluir de las cosas, como no anteceder el deseo propio ni la importancia personal (obrar en función de uno mismo) a los acontecimientos o a las cosas que quieran realizarse. Es decir, no dejarse llevar por eso que creemos ser (un nombre, un rol social, una profesión, una función dentro de un grupo familiar), abstraerse de eso, callar el monólogo interior (que no es más que el enfermizo parloteo del ego), escuchar en el silencio y reconocer lo que desde ahí, se es y se debe hacer.
Al final, me parece que ambos conceptos del No-Hacer llevan a la misma conclusión: un obligado estar en el aquí y el ahora y por ende, a la reconexión con la verdadera esencia de lo que somos que nos lleva a escuchar la voz del Ser (de Dios, del Universo, de la Conciencia o de como usted lo quiera llamar).
Jacinta, hace dos semanas una cipota que no pasaba de los 16 años estaba mendigando en las cercanías del parque Cuscatlan, muy cerca de la entrada que está sobre la 25 avenida. Apenas tenía 48 horas de haber desembarcado en el trópico cuscatleco y ya una jovencita, que por su falta de soltura menesterosa delataba que no mendigaba profesionalmente, logró sorprenderme con su desinhibición. Bastó que cruzara un par de frases con ella para confirmar mis sospechas: ella recién descubrió los libros de C. Castaneda. Me alegré mucho.
Harold Bloom reseñó un par de textos, casi desconocidos en lengua castellana, que son narraciones sobre aquellas experiencias ¨no convencionales¨ que rozan looo.....imposible, lo no práctico. Y si algo valoro del dictamen Bloomniano, es precisamente la lucidez de reconocer que estos libros son al menos persuasivas biografías espirituales acerca de cada autor. Pues las metaficciones del mítico autor Castaneda, yo las incluiría dentro de ésta categoría.
La última vez que comenté en su blog Jacinta, recuerdo que me quejé del circuito de difusión pautado para ciertos productos culturales en nuestras sociedades Mc-Ondo. En esa ocasión me valí de la obra premiada del puertorriqueño Rafael Acevedo para resaltar las gurruminas del mundo de las publicaciones.
Pues me hace sonreir el recordar que Rafael Acevedo, en la clase de lengua y discurso que me impartió hace varios años, relataba sus vivencias en Nueva York mientras estuvo recluido en un monasterio zen donde también se estudiaba el Tao Té K. ¿Sabía Jacinta que uno de los escritores favoritos de Rafael es Salarrue?
Desde esas lecciones mezcla de filología, humor negro y no-teismo (aunque en realidad desde mucho antes gracias a mi padre), el tema del no-hacer junto con otras hierbas inusuales, me han ayudado a pactar una tregua con este mundo pendejo, ¡Oops, perdón!
Yo hasta aprendí a escribir con la mano izquierda. Pero ojo, está estocásticamente comprobado que los siniestros (que palabra más bella) viven en promedio cinco años menos que los diestros.
Su último libro de cuentos está muy bueno Jacinta.
Saludos.
Bueno, siendo que soy zurda, entonces deberé partir antes... gracias en parte a que casi todas las cosas están pensadas y hechas para diestros, eso nos hace bastante propensos a accidentes, algunos de ellos bastante tontos. Yo me vivo pegando en la cabeza con las puertas (quizás por eso estoy medio loca, jaja).
Gracias por su muy interesante comentario. Al final, todo está relacionado, de una manera u otra.
Y también gracias por su opinión sobre mi libro.
Saludos también.
Jacinta | 19 de Diciembre de 2008 - 10:01 PMYo he encontrado paz y guía en el Niño de Belén.
¡Feliz Navidad a todos los intelectuales de la diáspora!
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