19 de Noviembre de 2008
De librerías
La semana pasada una conocida librería de San José anunció 20% de descuento para los que tienen su tarjeta de miembros del Libro Club. Yo tengo esa tarjeta y casi nunca la uso porque, gulp, casi nunca voy a esa librería porque, más gulp, los libros son caros y por lo tanto, gulp gulp gulp, están fuera de mi presupuesto.
Pero el vicio encuentra siempre pretextos para romper tus defensas y razones. Así es que me fui para allá a ver qué encontraba.
Pasé largo rato casi viendo que mueble por mueble, examinando libros, leyendo contraportadas, porque ahora (oh horror de los horrores), es muy pero muy raro encontrar un libro que no esté envuelto en plástico, medida que me parece absurda en una librería porque, si hay una manera de convencerme (o disuadirme), para comprar un libro es leyendo el inicio, alguna parte del centro, muchas veces incluso leyendo la solapa, viendo la foto del autor... pero los libreros temen que a sus librerías entremos salvajes primitivos con las manos llenas de comida, grasa y quién sabe qué sustancias o fuerza sobrenatural en las manos que les descuajingarán los libros y los mancharan o doblarán sus páginas para siempre, tornándolos en invendibles.
En todo caso, me pasé una buena y tranquila hora soñando con todos los libros que me llevaría. Calculé que fácil, muy fácil, me hubiera podido gastar unos 200 dólares entre libros, calendarios y libretas (porque además, ya están a la venta los calendarios y agendas para el otro año y soy adicta a las libretas y cuadernos). Y no se crea que con 200 dólares en libros hubiera salido con el montón, aunque el descuento hubiera ayudado. Pero cuando ves que los libros valen de 20 dólares para arriba (y los que yo más anhelaba andaban por los 30 dólares), pues...
De todos modos compré una agenda de regalo para una amiga y un par de libros. Entre ellos 2001 Una odisea espacial de Arthur C. Clarke (estaba algo baratillo, y con el descuento me quedó como en 10 dólares). Lo tengo en una edición digital que me mandó alguien, pero como sigo siendo una persona del siglo antepasado, me resulta imposible leer libros en ediciones digitales. Si no tengo el objeto libro en mis manos, es como si no lo leyera. Leer en pantalla o imprimirlo para leerlo en páginas tamaño bond, es como... no sé. No es leer “el libro”.
Ah librerías, lo que hacéis con mis tambaleantes finanzas...
Saludos a todos. ¿Saben? Ya tengo la excusa para invitar a salir a Jacinta. Aunque el mundo está en crisis, mi contratación laboral aumentará el nuevo año. Y ya que los libros son una debilidad de ella, aunqua no la complazca con doscientos dólares -por su salud, claro está, ya que la bibliomanía también es una compulsión que habrá que dosificarla-, pues al menos consideraré unos cien dólares de ese infrecuente antojo femenino.
Luis Mónchez | 23 de Noviembre de 2008 - 12:13 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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