18 de Noviembre de 2008
Sorstalanság (Campos de esperanza)
Resulta un contrasentido el título original del título dado en español a esta película húngara. En español se está presentando como Campos de esperanza, pero en inglés se llama Fateless (Sin destino), que es a su vez el título, tanto en inglés como en español, de la novela de Imre Kertész en la que se basa. En húngaro, el título original es Sorstalanság. Si alguien sabe húngaro, dígame qué significa la palabra...
Y tengo que hacer la observación, porque realmente lo de Sin destino se acerca más a la sensación que queda después de conocer la historia de Györgi, un judío húngaro, quien a sus 14 años es llevado a un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
Quizás a algunos les resulte cansino esto de las películas describiendo las vicisitudes de los judíos en los campos de concentración. Pero hay varios detalles que hacen algo diferente esta historia. Por un lado, el hecho de que esté basada en la novela autobiográfica de Kertész (Premio Nóbel de Literatura 2002), quien también escribió el guión. Luego, el retrato de un jovencito que, solo (es enviado al campo sin nadie de su familia), enfrenta la vida (o mejor dicho, la sobrevida) en Auschwitz y luego en Buchenwald.
Por otra parte, el recurso visual es muy bien aprovechado para retratar con pocas palabras el sentimiento de angustia, de incertidumbre y de pesadumbre que envuelve la vida en las barracas. Los colores totalmente grises y opacos, algunas tomas (como una en la cual sólo se miran las maletas junto a un tren, sin ninguna persona cerca o cuando 4 niños están sentados, en su uniforme a rayas, junto a una barraca, mientras piensan en otro de los niños que suponen muerto, con la voz de Györgi que va narrando algunos tramos de la película).
Hay también algunos planteamientos que no había visto en otras películas que tratan el mismo tema. Por ejemplo, en vez de hacer hincapié en la identificación de los judíos, el elemento de solidaridad estaba más enfocado hacia lo nacional, es decir, hacia lo húngaro. Entre los mismos prisioneros había quienes eran menos judíos que otros, es decir, menos devotos o conocedores o practicantes que los demás; había hombres de todas las edades, donde Györgi era un niño prácticamente (y había salvado el pellejo aumentándose un par de años), pero el hecho de identificarse como húngaros y sobre todo, como originarios de Budapest, les creaba un vínculo suficiente como para mirar los unos por los otros. Aunque también, para despreciarse entre sí: fueron los mismos policías y militares húngaros los que sin desprecio alguno capturaron a sus compatriotas judíos y los entregaron a los alemanes, los mismos también que los chantajeaban ya próximos a la frontera con Polonia.
Como en la escena donde los prisioneros van en el tren y son amenazados por un guardia húngaro que les pide que le dejen todo lo de valor, que por lo menos así sus cosas “permanecerían en Hungría”. A fin de cuentas, “todos somos húngaros”, justifica el desagradable personaje.
(Atención, “spoilers”... y no es que les quiera arruinar la película, pero sí quiero comentar algunas cosas que me parecieron importantes y para hacerlo, tengo que contar el final...).
Hay algo en particular que me interesó (y me pareció un enfoque distinto al de tantas películas de este género) y es que, en la última media hora de la película, se dedica a observar el regreso del personaje a Budapest. Cuando logra ser reconocido por sus vecinos, éstos no hacen demasiadas preguntas. Asumen nada más que el muchacho “ha estado en el infierno”. Györgi, todavía en estado de shock por todo lo vivido, apenas puede articular su experiencia y cuando parece que va a comenzar a contarlo todo, los vecinos cambian el tema, lo callan de manera disimulada, no quieren oír. Están en negación, como comprenderá Györgi que estará mucha gente.
De hecho, los vecinos le piden que mire hacia el futuro, que no piense en lo ocurrido. Algo que Györgi apenas puede comprender. “Pero el pasado es también parte de mi vida”, contesta él.
Y resulta algo chocante quizás la reflexión final hecha por el personaje. Recuerda el campo de concentración al atardecer, mientras está parado en una plaza de Budapest, y siente nostalgia. Extraña la experiencia. Le parecía que la vida “allá” era “más limpia y más simple”. Y comprende que, incluso en la más inhumana de las situaciones, puede haber chispazos de felicidad. O que quizás la felicidad puede sentirse con más intensidad por detalles mínimos que se dispersan o se nos pasan por alto cuando la vida es “normal”.
Por lo tanto concluye que, cuando le pregunten sobre el horror de la experiencia, él deberá hablar también sobre la felicidad encontrada en aquel lugar... eso si le preguntan, y si él mismo no lo llega a olvidar, el horror.
Fuerte.
Muy buena película.
Recuerdo que: "Sin destino", la lei hace ya varios días y me dio la impresión, antes de leerla, que iba a leer a un sádico que disfrutaba del dolor y un inhumano que no podía ver ni siquiera su propia desgracia. Esto debido a la misma critica que tuvo de parte de la comunidad judía. Pero cuando me encuentro con ese joven que ve la vida de un modo distinto, como cuando le comenta a su maestra que su padre le "trasladan de trabajo".
Creo que esa justificación que da es muy valida cuando dice que a èl no le toca juzgar, nosotros los lectores o público, YA hemos juzgado. Es hora de que le demos vuleta a la página, sin olvidar, pero con menos odio y rencores.
No es válido que se répita una masacre pero Kertèsz, que vivio en carne propia es capaz de escribir algo descargado de odio y rencor. Muy Buena Obra.
Confieso que no he leído nada de Kertész, un poco porque no sabía por cuál obra comenzar, y otro poco por el temor de leer sobre la tragedia judía desde la perspectiva de la víctima... sin embargo, con esta película, y también tu comentario, veré de leer algunas de sus obras.
Gracias Daniel, saludos.
Hola amigos... Muy buenos los comentarios de la película. He leído bastante sobre los horrores del Holocausto. No olvidemos que a pesar de la aparente "nostalgia" de la que habla alguno de los comentaristas, jamás debemos olvidar que detrás de todo este subjetivismo se esconde la terrible verdad que casi acaba con nuestros hermanos judios.
joti | 23 de Noviembre de 2008 - 03:28 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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