13 de Noviembre de 2008
Conversación vía web con alumnos de Duke University
Por segundo año consecutivo fui invitada por la Dra. Claudia Milián para conversar con alumnos de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, específicamente para la clase “Introduction to Spanish American Literature: Modernismo to the Contemporary Era”. El encuentro se realizó vía webcam.
Aunque originalmente se había pensado que los alumnos leyeran El Diablo sabe mi nombre, el impedimento de comprarlo vía internet (descubrí que el método de la Librería Universitaria de Costa Rica no funciona...), hizo decidir que los alumnos leyeran Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras.
El pequeño grupo tuvo preguntas que convirtieron la sesión en un interesante intercambio de ideas. Hablamos sobre la violencia en los textos y de cómo éstos reflejan (de alguna manera), el ambiente de violencia que desafortunadamente vivimos en Centro América y que no sólo se manifiesta en el área social sino también en el ámbito de lo privado; sobre la búsqueda de la universalidad en los textos por parte de un escritor (una alumna comentó que los textos le recordaron a familias en los USA); sobre la fuente o el origen de los textos (“Bolas de pelos” es sobre una niñera que tuve cuando muy pequeña, y “El congelador de papá” y “Mi-ma-má-me-a-ma”, están basados en hechos reales ocurridos en Francia y España, respectivamente, y tomados de la prensa); sobre la opresión de la sociedad mediante la “domesticación” de sus miembros, y si habría alguna alternativa para trascender esa “educación/domesticación”.
Como siempre, hay algunas preguntas que significan un reto para quien debe responderlas, porque plantean cosas nuevas. Alguien preguntó si el estilo cambiante de los textos afecta el contenido o el sentido de lo que se quiere decir. Lo cual me dejó pensando mucho pese a que la respuesta parecía relativamente clara. Y es que cuando escribo algo no suelo razonar mucho sobre el estilo a escoger. Es algo más bien que resulta de un proceso de “prueba y error”. Escribo y trato de encontrar la forma (o el estilo) más conveniente para que la historia tenga la fuerza adecuada. Si no me gusta, descarto la versión inicial y pruebo otro ángulo de la historia, otra construcción de frases, otro tono.
En ese sentido, he dedicado mucho de mi tiempo de escritura a experimentar, pero también a jugar. Y ese mover piezas, hacer rompecabezas con el texto, tirar para arriba todo y dejarlo como caiga, armar y rearmar han sido una buena escuela para aprender qué puede resultar efectivo (o no) en un texto.
Otra pregunta curiosa fue cómo se podía hacer un cambio de registro a la hora de escribir, de novela a cuento a poema a crónica... y fue otra cosa que me dejó pensando. La pregunta vino a raíz de mi ocasional escritura de poemas (no pretendo auto-denominarme poeta). Sé que las veces que he escrito poemas ha sido más bien porque “así ha ocurrido” o porque era la necesidad de lo que quería transmitir en el momento. La poesía me parece que trabaja con una materia más oscura, emocional, no palpable ni concreta, es un material más difícil de definir. Sé que en poesía no voy a contar una historia, aunque a veces pueden utilizarse ciertos recursos narrativos como capturar un ambiente, un escenario dentro del cual la emoción pueda presentarse.
Al final hice la analogía con un alfarero: sabe dónde ir a buscar el barro, la pone en su rueda de trabajo y comienza a trabajar, pero de esa misma pieza en bruto de barro podrían hacerse cántaros, comales, jarrones, tazas, macetas... algo así creo ocurre con la emoción inicial, con esa inquietud pre-escritura. Es una inquietud que a mí, por cierto, me ocurre de manera muy física, como un peso en el pecho, como una cosa que me tengo que sacar bien pronto del cuerpo, porque si no me pongo muy intranquila. Es la labor de parto, y luego viene “el hijo” todito hecho de palabras.
También hablamos de los medios electrónicos y los escritores. Y bueno, para cada persona su relación con dichos medios puede ser muy diferente y tener objetivos diferentes. Me parece fascinante que, por ejemplo, esta discusión pudiera llevarse a cabo en dos lugares distantes y estarse viendo y escuchando con toda claridad, gracias a internet, una cámara web y algún programa que nos permitiera a todos “estar ahí”. A mí el blog me sigue pareciendo un espacio útil para los escritores y en lo personal para los centroamericanos, que con tanto espacio entre publicaciones, podemos seguir “vivos, activos y presentes”.
Y bueno, gracias a la Dra. Milián por la invitación y por su interés en mi obra, y también gracias a Michelle, Claire, Becky y Jake por tan agradable conversación.
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