10 de Noviembre de 2008
Por un Premio Nacional de Literatura
El pasado mes de octubre fui honrada al ser convocada como miembro del jurado internacional que selecciona a los ganadores del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2008 de Panamá. El premio se otorga cada año en cinco diferentes categorías: poesía, ensayo, dramaturgia, cuento y novela. A mí me tocó ser jurado en esta última.
Organizado por el estatal Instituto Nacional de Cultura, su bolsa de quince mil dólares por categoría lo convierte, sin duda, en el más importante galardón que se otorga en toda Centroamérica a un escritor. Ni siquiera los dos premios literarios centroamericanos juntos, el "Mario Monteforte Toledo" de novela, organizado por la fundación del mismo nombre en Guatemala, y el "Rogelio Sinán" (organizado por la Universidad Tecnológica de Panamá, y que se otorga en categorías alternas por año en las ramas de cuento, novela y poesía), tienen una bolsa tan alta.
No pude evitar fantasear con lo que haría si yo me ganara quince mil dólares en un concurso. Bien administrados y viviendo espartanamente, podría comprar un par de años de mi vida para dedicarme a escribir. Que es, finalmente, la gran ambición de todo escritor: dedicarse a su oficio sin tener que vender el tiempo de su vida ejecutando trabajos ajenos a la literatura y sentarse a escribir su obra.
El concurso Miró me parece un ejemplo valioso a seguir por las demás instituciones culturales estatales de cada país de Centroamérica. No solo porque resultaría estimulante para un escritor saber que puede aspirar a un premio con una bolsa tan importante, sino porque la rigurosidad implicada en la selección de los ganadores exige de los participantes un alto nivel de calidad. En este ejemplo concreto, el gran ganador es la literatura panameña que se mira enriquecida y estimulada a crecer y a autoexigirse calidad.
En El Salvador contamos apenas con el Premio Nacional de Cultura, cuyo premio en efectivo equivale a cuarenta mil colones, es decir, el equivalente a 4,571.43 dólares. Se otorga uno cada año en categorías alternas a distintas disciplinas artísticas, académicas y culturales. Solo uno por año. Que se lo gane un escritor es, por lo tanto, una rareza.
Los Juegos Florales, que se organizan en los diferentes departamentos del país, son quizás el único y discretísimo espacio de estímulo para nuestros escritores. Los de mayor cuantía, que son los nacionales, premian al escritor con una bolsa de ocho salarios mínimos; los de menor cuantía, que son los zonales, son premiados con cinco. Al ganar una persona tres veces los Juegos Florales en la misma categoría es nombrada Gran Maestre y no puede volver a participar en los mismos.
Pero seguramente usted ni conoce a los ganadores ni ha leído sus trabajos, porque los premios de los Florales no incluyen publicación. Entonces ¿qué sentido tienen si no se dan a conocer los libros triunfadores? Pienso que estos concursos han perdido su vigencia, convirtiéndose en una actividad más bien folclórica, y que deberían sufrir una modificación radical para que tengan una importancia literaria real.
Un pajarito bien informado me contó que hace algún tiempo se discutió en ciertas esferas la posibilidad de crear el Premio Centroamericano de Novela Salarrué, que honraría a los autores regionales del género con un premio de diez mil dólares. La iniciativa, oh sorpresa, no tuvo eco en las autoridades estatales correspondientes, quizás porque no se quería “malgastar” plata nacional para premiar a autores no salvadoreños.
Pero si ya hubo pláticas y propuestas en ese sentido, y dudo muchísimo que el obstáculo sea que en este país no hay diez mil dólares para honrar una novela, ¿por qué no se retoma la idea y pensamos en organizar un Premio Nacional de Literatura, que buena falta le hace a este país?
Para ello habría que reorganizar radicalmente los Juegos Florales. Algunas ideas rápidas: podrían eliminarse la mayoría de los juegos y dejar tres, para con ellos premiar diferentes géneros literarios. Con el presupuesto que se ahorraría por la cancelación de los otros, se conformaría la bolsa del Premio Nacional de Literatura, que bien puede llamarse Salarrué. Podría ser un premio anual o bianual y también podría pensarse en premiar distintos géneros. Y las obras ganadoras serían publicadas por la Dirección de Publicaciones e Impresos, como parte del reconocimiento.
Como los Juegos Florales existen por decreto legislativo, su modificación debe surgir y ser apoyada, de manera indefectible, por los diputados y el Estado mismo. Esta tarea, como tantas otras relacionadas con las áreas literarias, artísticas y culturales de nuestro atribulado país, necesitan un empuje vigoroso para hacer cumplir lo que dice el VI considerando del decreto 652 de 1962 (que establece los Juegos Florales): “... es obligación del Estado conservar, defender e impulsar nuestra cultura en todas sus manifestaciones”. Los destacados son míos.
Sin importar quién gane las próximas elecciones, es urgente que por fin el Estado salvadoreño voltee sus ojos hacia nuestros artistas y escritores. Hemos trabajado con las uñas durante demasiado tiempo. Muchos de nuestros mejores escritores han muerto en condiciones tan penosas que debería causar vergüenza nacional. Pienso en Salarrué mismo, en Claudia Lars y más recientemente, en Álvaro Menen Desleal.
Ya es hora de incorporar en el presupuesto nacional de la República una partida decente para apoyar diferentes áreas y actividades relacionadas con la literatura. Un presupuesto que evite, por ejemplo, que la Feria Salvadoreña del Libro se tenga que hacer en el parqueo de un centro comercial; que permita que la Dirección de Publicaciones e Impresos retome la continuación de sus diferentes colecciones y publique libros en serio, que para eso fue conformada; que le asigne a nuestros artistas y escritores una pensión, en caso de ellos requerirlo, para vivir sus últimos años con dignidad y, por supuesto, que permita la creación de un premio literario nacional que estimule a los escritores a realizar su máximo esfuerzo y que permita a los salvadoreños conocer, por fin, el innegable valor de nuestra literatura.
(Publicado domingo 9 de noviembre en Séptimo Sentido, revista semanal de La Prensa Gráfica).
Jacinta a las 05:24 PM | Referencias 0Interesante articulo, concuerdo contigo con el hecho de que debe apoyarse de mejor forma la creación literaria.
Al único ganador de juegos florales que he leido es a Mauricio Orellana Suárez, quien luego de enviarme su última novela "La Dama de los Velos" se tomó la amabilidad de enviarme en formato .doc la novela que lo hizo ganador de los juegos florales "Ciudad de Alado".
La verdad me entristeció muchísimo ver una "feria" de libros en un parqueo sucio y oscuro, espero que en el futuro se le de más importancia a un evento como ése y se haga en un lugar más cómodo y presentable.
Gracias por tan importante reflexión y por reflejar tus amor por los libros y la literatura, amor que comparto contigo. Saludos.
Estoy de acuerdo con vos en esto. Sin premios decentes ni posibilidad de ventas decentes, la futuro de la literatura centroamericana es seguir siendo siempre una literatura menor. La creación de un premio importnante tanto en dotación como en proyección es una tarea pendiente, ya ni hablar de la falta que hacen los premios nacionales decentes.
Juan Murillo | 11 de Noviembre de 2008 - 03:55 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
