29 de Septiembre de 2008
Sociedad de desecho
Hace un par de meses necesitaba imprimir un documento, pero cuando encendí mi impresora, no pasó nada. Apreté una y otra vez el botón de encendido y la máquina no respondió. Revisé cables, conectores, moví el aparato y lo intenté en otro enchufe. Nada. Tuve que ir a imprimir mi documento a un café internet.
Pasaron los días. De vez en cuando me acordaba del asunto, intentaba encender la máquina, que seguía sin funcionar, y no sé por qué concluí que lo que estaba malo era el cable que se conectaba a la corriente y que debía comprar otro.
Fui a un par de negocios buscándolo, pero los que me atendían me decían que no vendían ese tipo de cable, que iba a ser imposible conseguirlo y que mejor pensara en comprar una nueva impresora. Me parecía insólito que, tan con la mano en la cintura, me dijeran que me comprara otra, como si el dinero creciera en los árboles. Además tenía la impresión de que la máquina, que en realidad era una multifunción (impresora, escáner y copiadora), no estaba tan desvencijada. La había comprado hacía cosa de 3 años y no la había usado demasiado.
Rendida, fui al representante oficial de la marca de mi aparato, convencida de que solo ellos podrían rescatarme de aquel percance que estaba durando demasiado. Mi impresora me hacía falta y aquello de ir a pagar por impresiones en un café internet no podía continuar. Fui a dejar el aparato.
Pocos días después me avisaron que no podría arreglarse. Que la tarjeta estaba dañada y que ellos no vendían dicho repuesto. “¿Y eso qué significa?”, le pregunté a la tipa que me atendió. “Bueno, que tiene que desecharla”. “¿Cómo que desecharla? ¿Me está diciendo que la tire a la basura?” “Pues sí”, contestó ella, visiblemente incómoda por el uso de una palabra tan ordinaria como “basura”.
Le pregunté dónde bota uno su impresora vieja. Me dijo que podía dejarla allí, que ellos “dispondrían” de la multifunción. Sentí como si habláramos de un muerto. Supuse que ellos la ocuparían como repuesto para otros aparatos del mismo modelo. Y que yo, ni modo, tendría que ir a comprar otra impresora.
Ese asunto me dejó pensando seriamente en lo que una querida amiga llama la “sociedad de desecho”, que es algo así como el estadio superior evolutivo de la sociedad de consumo que hemos reconocido ser. Porque no se trata solamente de que compramos con particular entusiasmo el último modelo de celular, de computadora, de televisor o de cualquier aparatejo que nos pongan enfrente, sino que esa compra implica que botamos lo viejo sin parpadear, a pesar de que nos quejamos de que todo está caro y de que el dinero no alcanza para nada.
Lejos están aquellos tiempos en que uno se iba a un tallercito de la vecindad donde alguien se encargaba de abrirle las tripas a cualquier tipo de máquina, de arreglarla y de devolvértela de manera que pudiera durarte otro poco de años. De hecho, los aparatos de antes duraban eternidades, parecía que no se arruinaban nunca y cuando lo hacían, tenían todavía una perspectiva de vida regular después de una reparación.
Ahora todo está construido con materiales frágiles. La vida útil de los aparatos dura cada vez menos. Por supuesto, ahí está el negocio, en que un aparato se arruine rápido y de una manera tan fulminante que no quede más remedio que comprar otro, como le pasó a mi multifunción.
El afán del ser humano por crear aparatos más eficientes, veloces, funcionales y además estéticamente atractivos parece haber obnubilado con tanta euforia a sus creadores y consumidores que nadie se pone a pensar qué se hará después con todos esos chunches cuando se conviertan en “material muerto”. No contamos con lugares donde disponer de manera adecuada de nuestros aparatos vencidos, detalle particularmente grave si queremos tomarnos en serio aquello de la contaminación, el calentamiento global y demás trágico etcétera.
Toda esa basura terminará, por lo general, en algún botadero, durando más años que nuestros huesos gracias al plástico, metales y otros componentes de los mismos. Y seguirá emitiendo contaminantes por el simple hecho de estar interactuando con el medio ambiente.
Supongo que las “hueseras” y lugares donde compran objetos usados son una alternativa. Quizás estos lugares incluso se tomen el trabajo de reparar esos aparatos para revenderlos. En algunos países hay empresas que compran aparatos vencidos, pero no es algo generalizado ni tampoco se extiende a todo tipo de objetos. Sé de empresas telefónicas que ofrecen buzones para depositar los celulares y cargadores que ya no sirven o no se usan, pero no sabría dónde ir a depositar mi refrigeradora arruinada o mi televisor fundido, por ejemplo. En contraste, también supe de una distribuidora salvadoreña para una reconocida marca internacional que lanzaba al mar todo el material electrónico descartado. No sé si dicha práctica continúa, pero no se asuste si un día usted está bañándose en el mar y se le atraviesa... ¡una impresora!
Cuando el espacio me lo ha permitido, he optado por guardar los trastes vencidos en mi casa, con la consiguiente crítica de algunos amigos que me dicen que estoy “acumulando basura”. En parte, me parece más conveniente guardar los aparatos muertos en mi casa que tirarlos a la basura, porque el hecho de que estén fuera de mi vista no significa que hayan “desaparecido” o que se disponga de ellos adecuadamente. Lo malo es que con mis continuas mudanzas muchas de esas cosas terminan, inevitablemente, en un botadero.
Finalmente no tuve más alternativa que dejar a mi difunta multifunción en el taller. Me sentí traidora por abandonarla entre un montón de extraños que dispondrían de ella como se les diera la gana, que la deshuesarían, desmontarían y degradarían a pedacitos, eso si no la arrojan al mar. Después fui a comprar una nueva impresora para comenzar otro ciclo de vida de un futuro habitante del basurero municipal. Vamos a ver cuánto me dura.
(Publicada domingo 28 de septiembre en Séptimo Sentido, revista de La Prensa Gráfica, El Salvador. Para una mejor apreciación de la revista, le recomiendo consultar su versión en e-paper).
Jacinta a las 04:20 PM | Referencias 0me parece que estas en lo cierto, hay ocasiones en las que yo tambien me siento asi (traidor), al tener que deshacerme de unas cosas que en su momento fueron utiles y me ayudaron a sacar algun proyecto de mi vida adelante y asi sin mas ni mas las tuve que reemplazar para darle paso a algo nuevo que no se que tiempo dure y que al final tendre que sustituirlo tambien por algo mas nuevo. todo es un circulo. me agrado tu articulo.
martin | 30 de Septiembre de 2008 - 04:53 AMme parece atinado su comentario porque en este preciso momento mi impresora me esta dando problema y tendre que ir mañana a un cyber cafe a imprimir el documento que necesito. creo que yo tambien voy a comprar una nueva. esto es horrible todo esta caro, el combustible, los alimentos, no estamos para estar gastando. todo lo que se compra a los meses ya no funcionan no nos dejemos guiar por el consumo. saludos desde NIcaragua.
Evel | 30 de Septiembre de 2008 - 05:27 AMCoincido contigo sobre lo "desechable" que se está volviendo nuestro consumo. Queda por fuera de tu nota (ya sé que por falta de espacio) el costo real de obtener algunas de las materias primas para fabricar los componentes electrónicos. Algo de eso puedes hallarlo en el "Libro negro de las marcas" que seguramente conoces.
Pienso que dependiendo de la honestidad de cada distribuidor de esos equipos, lo mejor es dejarles el equipo arruinado a ellos. Se supone que tienen medios para desarmarlos y reutilizar algunas partes, así como para disponer de lo restante de manera menos ofensiva para el medio ambiente. No sé si hay alguna entidad gubernamental o ambiental que certifique que todo eso sea cierto.
saludos, Jacinta, y te felicito por esa excelente columna.
Aldebarán | 30 de Septiembre de 2008 - 06:29 AMEstoy de acuerdo y mientras consumimos más y más, la belleza de la naturaleza sucumbe bajo un océano de basura. Las multinacionales se siguen forrando.
Ainhoa | 30 de Septiembre de 2008 - 02:53 PMTambién se me quedó por fuera comentar que a veces los insumos son, a la larga, más caros que el propio equipo. Por ejemplo, con las impresoras comprar un par de cartuchos de tinta nueva y original puede costar tanto como comprar una impresora nueva.
La que recién compré la hallé en oferta a 34 dólares. Pero resulta que el cartucho de tinta vale 27 dólares...
Gracias a todos por sus comentarios.
Jacinta | 30 de Septiembre de 2008 - 04:56 PMEs alamarmante que en el Pacífico existe una “sopa de plástico” equivalente a dos veces el tamaño de Estados Unidos y de diez metros de profundidad. Los mares se han convirtiedo en los nuevos mega-basureros de la humanidad. Esto no toma en cuenta todos los desperdicios que se encuentran en el fondo. No logro entender la insistencia en el consumo. Yo creo que se puede tener un alto nivel de vida sin causar la destrucción del medio ambiente. Los planetas como el nuestro son raros. Hasta ahora no hemos encontrado otro que tenga las condiciones idóneas para el desarrollo de la vida. Es lo único que tenemos. Realmente no logro entender por qué no lo cuidamos.
CarlosP | 30 de Septiembre de 2008 - 08:35 PMEs muy cierto lo que dices, yo trabajo en venta de computadoras e impresoras y los fabricantes se esfuerzan por hacer que el cliente final tire a la basura sus equipos, incluso cuando sacan nuevos modelos nos capacitan para convencer al cliente que la que tiene ya es obsoleta y debe comprar una nueva.
O en el caso e las reparaciones, no traen las piezas para repararlas, se vuelve mucho mas caro mandar a traer una pieza al exterior y reparar un equipo, que comprarse uno nuevo.
Esto demuestra que se esta dando un boom del consumismo sin ningun tipo de control o toma de conciencia de nadie. omo siempre debemos esperar una tragedia para que reaccionemos (me incluyo, porque igual no pongo de mi parte), necesitamos una cifra de muertos de 4 digitos para que nos restreguemos los ojos y exclamemos admirados: "nunca me imagine esto"
DUmaña | 1 de Octubre de 2008 - 07:37 PMGracias DUmaña por tu comentario, porque nos da la visión de alguien que trabaja en una de esas empresas.
A mí lo que me parece más terrible de todo esto es la imposición del consumismo sobre todos nosotros, aunque no estemos de acuerdo. Con eso de no permitir acceso a repuestos nos "obligan" a comprar un modelo nuevo... y a seguir consumiendo insumos, porque sin ellos no trabaja una impresora.
http://tzilaencarnacion.blogspot.com/2008/10/premisas.html
manuel | 4 de Octubre de 2008 - 07:30 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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