2 de Septiembre de 2008
El agua que bebemos
Cuando vine a Costa Rica me garantizaron que se podía tomar el agua del grifo. Me aseguraron que era una de las mejores aguas porque venía de los manantiales de no sé dónde.
Siempre he tenido desconfianza de tomar agua del grifo. En El Salvador, el agua viene con una alta combinación de cloro, tanto que los vasos se manchan y hasta puede olerse a veces por su alta concentración. En Nicaragua, el agua venía rebalsante de materia fecal y toda suerte de bichos, por lo cual me acostumbré a utilizar filtros de agua y a comprar agua embotellada.
Pero como en Roma hay que hacer como los romanos, le aposté al agua tica de grifo. Error. Demasiado pronto comencé a tener molestias estomacales. Más de una vez vi que el agua en el vaso no estaba precisamente limpia, que venía turbia y en ocasiones, llena de tierra. Así es que volví a mi antigua costumbre del agua embotellada. Las molestias desaparecieron y hasta ahí, todo bien. Conste que tampoco es que le tenga una confianza ciega al agua embotellada pero supongo que de los males, hay que escoger el menor.
Hace cosa de algunas semanas, un día sábado, el agua del grifo salió con muy baja presión. Nada novedoso. Cuando Acueductos y Alcantarillados (A&A) hace reparaciones por la zona, el agua no se va totalmente pero baja la presión y por lo general en la noche, todo vuelve a la normalidad. Prácticamente nunca, en los 3 años y medio que tengo de vivir en esta zona, se ha ido el agua totalmente. Algunas, quizás dos o tres, pero sólo por pocas horas.
Sin embargo, la noche de aquel sábado el agua no volvió a su presión normal. Ni tampoco al día siguiente, ni al siguiente. Algo raro ocurría y hubo que llamar reportando el asunto. Pensábamos que era sólo un asunto de esta casa, pero pronto nos dimos cuenta que el problema era de toda la cuadra.
Por fin los de A&A vinieron, más de una semana después de reportar el problema. Primero una cuadrilla de avanzada vino, preguntó a los vecinos y se fue. Al día siguiente, otra cuadrilla vino, rompió el asfalto en la esquina, miró los tubos, volvió a cerrar y dejó un túmulo de tierra donde ahora todos los automovilistas se “tropiezan”.
Mientras tanto, no podíamos bañarnos porque la presión no era suficiente como para subir a las duchas. Lavar platos, una tarea de horas. Igual lavar la ropa. Me puse un día a hacerlo, llenando la lavadora con un huacal, y me pasé dos horas para lavar una carga de ropa. Para bañarme, arreglaba una gran maleta y lo hacía en el gimnasio.
Pasamos así un par de semanas más. Los vecinos, indignados, nos juntábamos en las esquinas a conspirar ataques de terrorismo psicológico contra los de A&A para bombardearlos con llamadas. Llamamos al ingeniero sutano y al licenciado mengano. Y todo mundo decía que sí como no, que con mucho gusto se llegarían a la cuadra a arreglar el asunto.
Apenas el jueves de la semana pasada volvieron a aparecer. Traían un montón de tubos verdes de PVC, una pala mecánica y una cuadrilla de hombres que se pasaron el día rompiendo el asfalto y las acometidas a todas las casas para cambiar los tubos. El servicio de agua no se normalizó hasta el día siguiente.
Cuando iba saliendo para el gym, uno de los trabajadores me preguntó cómo estaba el agua en la casa. Le respondí que bien, ya todo había vuelto a la normalidad. La presión era la de antes del incidente.
Entonces me enseñó los tubos que habían quitado. Era tubería de metal. Estaba oxidada y corroída y casi que se desbarataba al tacto, desprendiendo placas de óxido fácilmente. Por dentro, la tubería parecía tener sarro y placas de tierra o sepa Dios qué material.
Nada más imaginé que a través de esos tubos iba el agua que la gente me decía con tanto orgullo que eran “tan buena para beber”. Soy muy poco asquerosa, pero la idea de haber bebido agua que venía transportada en esos tubos me dio mucho pero mucho asco.
Me quedé pensando en toda la gente, que ingenuamente y con tanta confianza, se empina un vaso de agua y que no sabe por qué tipo de tubería viene viajando, ni qué hay en esas tuberías ni del estado en que se encuentran.
Y usted ¿sabe qué tan limpia le llega el agua que está bebiendo?
Me parece un poco injusto el comentario, y quizá se me sale lo tica esta vez.
El agua que nos envía AyA es bastante limpia y apta para el consumo humano, sin embargo, efectivamente, a nivel de redes de distribución, estamos atrasados; porque urge mantenimiento y reemplazo de los mismos por el montón de años que llevan puestos.
Yo tengo 27 años tomando agua de tubo, y jamás me enfermé por eso... una buena parte está en la mente también.
Jacinta eso es de lo más común, imaginese las tuberías no pueden ser todas cambiadas a materiales inertes.
Tampoco el agua embotellada está excenta de contaminantes.
Lo mejor es un filtro que le elimine la materia bacterial y metales dañinos. Aunque tampoco creo que una excesiva inocuidad sea precavida, por aquello que vamos tomar, imaginese el agua en los restaurantes ?
Saludos
Luis | 3 de Septiembre de 2008 - 08:50 PMAnalu, me imagino que depende de donde uno vive, y que en efecto, las redes de distribución no tienen la misma calidad en todas partes. Si hubieras visto esos tubos... otra consideración que me hicieron es que también a saber cómo están los tubos de esta casa en particular.
Te digo que aquí he llenado vasos con agua llena de tierra, eso antes del cambio de la tubería...
Luis, por supuesto, el agua embotellada tampoco es perfecta. Ya mejor ni digo en qué país pasó, pero supe de una empresa que llenaba las botellas y bolsas plásticas con agua de chorro y la vendían como "agua purificada" y "agua de manantial"...
Jacinta | 3 de Septiembre de 2008 - 09:08 PMEstoy plenamente de acuerdo con Jacinta en sus comentarios acerca de "EL AGUA QUE BEBEMOS".
El agua envasada tiene mejor "sabor" y su índice coli es menor, aunque deben conocerse las marcas que llenan esos requerimientos.
En cuanto a lo del "sabor" (aunque teóricamente sea insípida, incolora e inodora), lo cierto es que el cloro le agrega un "sabor" desagradable, al menos para mí.
Jacinta menciona que los trabajadores instalaron nuevos conductos de PVC y sustituyeron así el antiguo sistema de distribución metálico, el cual, como se sabe, constituye una fuente de contaminación por plomo. Por tal razón ha caído en desuso.
Finalmente, celebro no sólo la existencia en la naturaleza del mineral agua que, en nuestra etiqueta de "composición" representa de 50 a 60 por ciento de nuestra masa corporal, sino del "agua" literaria que representa Jacinta para las letras salvadoreñas. Ambas son refrescantes. ¿Cierto?
Gracias Luis por su comentario,sobre todo por la parte final.
Jacinta | 16 de Septiembre de 2008 - 11:26 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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