4 de Julio de 2008
La esperanza
Ayer por la mañana, al levantarme y encender el televisor para ver las noticias, lo primero que vieron mis ojos fue la imagen de Ingrid Betancourt abrazando a sus hijos. Me quedé paralizada viendo la escena, las lágrimas rodando por mi cara, emocionada.
Me pareció una manera estupenda de iniciar el día. Llorando emocionada, sí, pero de profunda alegría. Una alegría ajena, pero también propia. Me pareció que por ver imágenes como esa es que a uno le dan ganas de salir de la cama por las mañanas.
Yo soy una que no da un cinco por la humanidad. Estoy convencida que caminamos hacia nuestra inefable auto-destrucción, día a día, construida a base de nuestra estupidez, nuestra mezquindad, nuestra avaricia, nuestra profunda ignorancia y sobre todo, nuestra falta de ética y de espiritualidad. Y que tendremos el final que nos merecemos, simplemente porque nunca aprendemos nada. Porque años de historia, dizque civilización y sobre todo de una constante cadena de error tras error tras error no nos han enseñado absolutamente nada.
Pero cuando vi la imagen de Ingrid abrazada feliz a sus hijos, algo en mí volvió a tener fe, volví a tener esperanza.
Me dije a mí misma que, cuando la gente quiere, cuando realmente quiere, puede cambiar en algo las cosas, sacar lo mejor de sí y hacer algo que devuelve la fe en el espíritu y en la dignidad del ser humano. Y que a veces, muy pero muy pocas veces, el ser humano es capaz de cosas sublimes, pese a que nos empeñamos en sacar a relucir lo peor de nosotros.
Entonces pienso que también podremos ver algún día a los demás secuestrados en escenas similares, reencontrándose con sus familiares, después de años que les han sido robados. Y que un día después de eso, también podremos ver libres a todos los prisioneros de conciencia del mundo y que nadie tendrá miedo de expresar una opinión diferente y que todos respetaremos que el otro no comparta nuestra opinión y que no lo mataremos ni torturaremos ni secuestraremos ni apresaremos ni criticaremos ni juzgaremos ni condenaremos ni humillaremos por no pensar igual que nosotros.
Ojalá eso ocurra pronto y ojalá no olvidemos ni un tan solo día, que hay más secuestrados en Colombia, y que TODOS son igualmente importantes, como Ingrid Betancourt, como Clara Rojas y el Ministro Araújo, todos ahora libres. Cada soldado, policía, político, civil, campesino, hombre o mujer, todos y cada uno son importantes y merecen ser liberados y que se luche por ellos con el mismo afán con el que se luchó por Ingrid y los demás.
Entiendo que se está organizando una nueva ronda de marchas para continuar luchando por los que todavía están secuestrados. Desde aquí los acompañamos.
En este asunto me llamaron la atención los contrastes. Seguí paso a paso la liberación de Ingrid, intentando en vano trabajar, llorando a cada minuto, conmovida y emocionada como si ella fuera pariente mía.
En la noche, mientras los recién liberados compartían una rueda de prensa con el presidente colombiano, una imagen paralela en la pantalla en CNN, presentaba el avión en el que viajaban los 3 estadounidenses también liberados mientras llegaban a Texas.
No hubo escenas de euforia, recibimiento, rueda de prensa, saludos emocionados, lágrimas, palabras ni discursos. Era difícil saber quién era quién y los liberados estadounidenses se confundieron entre el personal militar que viajaba con ellos y que los recibió. Fueron montados a helicópteros supuestamente para reunirse con sus familiares, pero (según las noticias), antes serían sometidos a una batería de exámenes físicos para constatar su estado de salud. Me pareció algo seco y por supuesto, es un estilo totalmente diferente de hacer las cosas.
Si hasta los cabos liberados en Colombia se les concedió el micrófono y unas palabras con el presidente, y aunque sus familiares no estuvieran presentes, porque muchos de ellos viven demasiado lejos de Bogotá y no podrían llegar hasta el día siguiente para reunirse con ellos, la euforia que sentían como grupo al estar libres, el haber compartido cautiverio y ahora libertad, era algo que les cortaba la voz a los mismos liberados (todos soldados y policías) y que se contagiaba para quien los estuviera viendo o escuchando.
Imágenes para la historia, sin duda, imágenes que, como digo, ojalá alimenten la esperanza de todos y llenen de fuerza a los familiares y amigos de los que aún están cautivos.
Hay esperanza, hay esperanza. Y es la esperanza la que nos mantiene vivos y la que verdaderamente sigue haciendo girar el mundo.
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