17 de Junio de 2008
The Diving Bell and the Butterfly
El entusiasmo generalizado acerca de la película The Diving Bell and The Butterfly, me hizo crearme unas expectativas bastante altas de lo que sería esta cinta que pude ver el fin de semana en DVD. Y quizás fue eso mismo lo que me hizo que me resultara decepcionante y que prácticamente me resbalara.
Había escuchado maravillas de la fotografía, de cómo está contada la historia de Jean Dominique Bauby, editor de la revista Elle, que luego de sufrir un derrame masivo queda lúcido aunque no puede mover absolutamente ninguna parte de su cuerpo, a excepción del párpado izquierdo.
Sin embargo, lo que yo vi, fue una película algo lenta, tediosa y que terminé de ver por disciplina, menos con entusiasmo, sin ninguna curiosidad ni mucho menos enternecimiento, cosa rara en mí que soy tan corazón de pollo y que soy buena a llorar con historias tristes.
Hay que reconocerle una cosa: la idea de contar gran parte de la historia desde el interior del personaje central, tratando de hacer sentir al espectador que es él quien está viendo a través de uno sólo de sus ojos, logra el cometido de transmitir la angustia del personaje, su sensación de encierro y por supuesto, resulta inevitable preguntarse qué haría uno puesto en esa circunstancia.
La película está basada en el libro del mismo nombre que Jean-Do, como era conocido Bauby, fue escribiendo en el transcurso de dos meses mediante un mecanismo organizado por terapeutas por el cual se le decían las letras más usadas del alfabeto y Jean-Do tenía que parpadear a la letra deseada para ir conformando las palabras de lo que quería manifestar. Así escribió su libro, asistido por la paciencia de una asistente y ese hecho, por sí, es digno de toda admiración y respeto. Y si las partes que se narran en el libro son extraídas textualmente del libro, no se crean que son telegramas o frases cortadas, sino frases con toda la riqueza y complejidad literaria de quien pudiera escribirlas de manera normal.
Para mí, en lo particular, es lo meritorio de la experiencia de Bauby. Y quizás el libro sea esplendido (aquí por supuesto no se encuentra), pero no sé si el asunto daba para una película, algo que fue gestionado por su esposa y para cuya versión fílmica se cambiaron varias circunstancias reales, como por ejemplo, que fue la amante de Bauby y no la esposa, quien estuvo con él todo el tiempo en el hospital. O sea, la historia de la película está alterada por la esposa para reinvindicarse a sí misma.
Las historias de personas con enfermedades terribles, defectos o impedimentos físicos son una constante como tema cinematográfico. Pareciera que siempre nos atraen las historias del valor humano, de superar la adversidad, sobre todo cuando esas adversidades luchan contra la muerte o por lo menos, contra una vida normal. Desde la historia de Hellen Keller en The Miracle Worker, con las maravillosas Anne Bancroft y Patty Duke, pasando por Shine con Geoffrey Rush hasta más recientemente Mar adentro con Javier Bardem, este tipo de historias tienen casi siempre el mismo hilo argumental. Lo que varía son los casos. Y por lo demás, son retos para que grandes actores den muestra de su oficio.
Consideraciones aparte, no quiero decir que The Diving Bell... sea una mala película. Ciertamente se deja ver. Pero no encontré ningún elemento que me la hiciera destacar. Y ciertamente, no pasará a ser una de mis películas inolvidables.
Food for thought, Jacinta, though I am also thinking about how we can contextualize this film within the larger cinematic oeuvre of Julian Schnabel, a painter and self-taught filmmaker whose work, I should note by way of disclosure, I am quite keen on. Schabel's three films on the mortality of such writers and artists as Reinaldo Arenas (_Before Night Falls_ [2000]), Jean-Michel Basquiat (_Basquiat_ [1996]), and Jean-Dominique Bauby
(_Le Scaphandre et le papillon_ [2007]), I think, take us to larger creative approaches on the meaning of the "public" lives of these notable figures. What matters, for me, is not the authenticating "realness" of their projected lives, but their creative reinterpretation amidst the unexpected ways in which death struck them. What might these gaps tell us about the departed and the living director who, from the beginning, has opted to aestheticize and theorize lives that have passed on? All to say that I've treated Schnabel's "trilogy" as cinematic eulogies whose (fictional) truth is seemingly loyal to artistic processes that exceed the life of the individual at hand.
Thanks for your comment, CM. I did enjoy Basquiat and Before Night Falls, and I understand what you mean about Schnabel's work.
But whatever the context may be, the film didn't speak to me and I'm still wondering why.
As I mentioned in my post, I didn't mean to say the film is "bad". I think it's worth seeing, but I didn't connect with the character at any level, not even given the fact that he is writing a book.
Hugs.
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