9 de Junio de 2008
El violín
Don Plutarco es violinista y junto con su hijo Genaro y su nieto Lucio, tocan en pueblos, duermen en la calle y regresan a su comunidad. Pero en uno de esos viajes de regreso, el ejército la ha invadido; mujeres y niños huyen. El ejército busca a rebeldes. Los pobladores se esconden en la montaña.
Genaro y don Plutarco tienen contacto con los rebeldes y están preocupados por una cosa: las municiones que quedaron escondidas en la comunidad y que necesitan para una próxima acción. Así es que mientras los rebeldes organizan sus planes, don Plutarco intenta entrar a la comunidad. Los soldados lo detienen, decomisan su violín, le obligan a tocar. El capitán se fascina tanto con la música y la habilidad de Plutarco, que le pide lecciones...
La película mexicana El violín está construida con poco diálogo, con una excelente fotografía en blanco y negro y con un desarrollo que a ratos se antoja algo lento. Sin embargo, diría que esa lentitud tiene que ver con el ritmo mismo de la vida de los personajes y con su carácter, en particular con el de don Plutarco, quien sostiene la narración y que es una persona de pocas y precisas palabras.
Pese a que la historia transcurre en un lugar que asumimos es México (por los localismos del habla), no hay menciones a épocas o lugares particulares y por lo tanto, la historia adquiere un carácter de universalidad. No es difícil imaginar eventos como los descritos en la película ocurriendo en cualquier lugar de Latinoamérica donde haya habido una guerrilla, y en lo personal no me fue difícil imaginarla aconteciendo en algún rincón de Centro América durante los años 80.
En ese sentido, me vuelve a resultar fascinante la habilidad de alguien para encontrar una historia, dentro del marco de la guerra, que pueda enmarcar desde una anécdota en apariencia sencilla, que le acontece a algunas pocas personas, la tragedia de toda una sociedad. Eso es lo que logra El violín.
Parte de la eficacia de la historia radica, sin duda, en el uso de la fotografía. No sólo por su belleza plástica y el muy acertado uso del blanco y negro, los paisajes, los encuadres. Sino porque la imagen dice lo que los personajes callan. No hay aquí mensajes ideológicos ni panfletarios, nada que nos explique el tipo de reinvindicaciones que buscan los alzados en armas. No es necesario decirlo. Vemos su pobreza, la aridez del entorno que habitan, el ejército que destruye, asesina y tortura. La imagen va narrando lo que los personajes callan.
Esto de los silencios bien usados es notable también en otra escena, cuando don Plutarco le pregunta a Genaro por su mujer. Genaro no dice nada. Don Plutarco y también el espectador, entendemos lo que ese silencio significa. La escena final es otro de estos ejemplos del uso adecuado de lo que no se dice o muestra de manera expresa en una película.
Curiosamente, a pesar del ritmo algo lento que mencioné al inicio, todo el ir y venir de los personajes, los detalles y hasta el paisaje, van sumándose para crear suspenso en más de algún momento y sobre todo en los últimos minutos, cuando somos sorprendidos con lo inesperado, algo que por cierto nos hace comprender la primera muy violenta escena previa a los títulos.
Francisco Vargas, el realizador de la película, tuvo además el acierto de usar a don Ángel Tavira en el papel de don Plutarco, quien es músico en la vida real y que ya había colaborado con Vargas en un documental anterior. La expresividad facial del señor, su manera de hablar y además, la habilidad de tocar el violín faltándole la mano derecha a raíz de un accidente que sufrió cuando tenía 13 años, le dieron la fuerza y la autenticidad necesaria al personaje de don Plutarco.
El violín es sin duda uno de las mejores películas mexicanas de los últimos tiempos y puede pasar también como un estímulo para realizadores de nuestras latitudes. Sin grandes producciones, sin actores de renombre, con una buena historia y con un buen ojo cinematográfico, es posible contar algo que nos conmueve hasta la médula y que dice mucho de la vida que compartimos en nuestro atribulado continente.
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