15 de Mayo de 2008
Los antojos de la nostalgia
No me cabe duda, por vivencia propia y porque lo veo en los demás, que para los que no vivimos en nuestro país, la nostalgia nos ataca por flancos muy diferentes. Un día añoramos nuestro hogar, otro a nuestros amigos, muchas veces los lugares emblemáticos de la ciudad o del campo. Hay días en que la sola mención del país nos llena de agüita los ojos y no falta el que llora por su himno nacional. No hay duda que uno de esos puntos graves de la nostalgia tiene que ver con la comida.
Un amigo me ha estado “provocando” en los últimos días contándome de unos maravillosos pedazos de marquesote (una especie de pan dulce) que se ha estado comiendo. Y me ha dado un gran antojo, uno más que se agrega a una lista que se está tornando algo larga.
Hace ya varias semanas me dio antojo de requesón, una especie de queso que no he encontrado en ningún país del mundo, aunque medio se parece a la ricotta italiana... pero el requesón es mil veces mejor.
Desde Semana Santa ando también antojada de torrejas. Y un par de pupusas de loroco me caerían de perlas. Un gran vaso de horchata bien helada, con mucho mucho hielo. O un fresco de ensalada, como los que tomaba cuando niña. Una sopa de chipilín. Una tortilla decente (porque en el resto del mundo, inclusive aquí en Costa Rica, las tortillitas son delgadas, no como en El Salvador que son gruesas y sustentadoras). Así es que una tortillita tostada con queso Petacones o queso capa roja, también se me antoja.
Aunque algunos términos son similares a alimentos con el mismo nombre de otros países, muchas veces los platos difieren sustancialmente. Por ejemplo, en España también hay torrejas, pero no son las mismas que las nuestras; o acá en otros países de Centro América también hay horchata, pero nada que ver con la salvadoreña; y la quezadilla de nosotros es un pan medio dulce y no el platillo mexicano con tortilla y relleno salado; y nuestras empanadas se hacen con una masa de plátano maduro y se rellenan con frijoles o manjar de leche y se fríen y espolvorean con azúcar, yomi yomi.
Hay platillos que se hacen con plantas o ingredientes que sólo nosotros comemos. Por ejemplo, las tortas de pito, hechas de la flor de un árbol del que existen no sé cuántas variedades, algunas de ellas incluso venenosas. Así es que no me voy a rifar bajando pitos de un palito que tengo visto allá en el costado oeste del mall San Pedro (vayan a ser de los venenosos), como tampoco nunca me los bajé camino al Crucero, en Nicaragua, lugar donde el pito se conoce como “machetío”. Por cierto que comer pitos da sueño. Y ahora que lo recuerdo, también se pueden comer en sopa de frijoles.
Algo que mis nostalgias culinarias me hicieron caer en la cuenta es que los salvadoreños comemos muchas flores. Antaño se solía comer la flor de madrecacao con huevo. La flor de izote, que se supone nuestra flor nacional, por ejemplo, y que preparamos con huevo, se hace encurtido e incluso en dulce de panela. En Nicaragua (donde el izote se llama "espadillo") andaba pidiendo permiso en todos lados para bajarme alguna, y la gente me miraba como loca, que para qué quería esa planta, y yo decía que para comérmela y me miraban con una cara de “pobre muchacha, debe ser bien pobrecita para tener que comer monte”. Aquí la he visto incluso vendiéndose en los súperes, aunque tiene un nombre rarísimo que jamás se me pega y la verdad, no sé cómo la comen.
Otra planta que siempre ando buscando es la mora (nada que ver con la fruta), y que es una planta cualquiera que crece en el monte y con la cual se puede hacer una buena sopa.
Y qué es un mango si no se le puede echar ayguashte, un polvito que hacemos a base de semilla de pepitoria tostada y molida (que no es más que la semilla de ayote tostada), mezclada con otros ingredientes como ajonjolí y no sé qué secretitos más.
Y un atol de piñuela y manzanillas en dulce y quezadillas calientitas y tamales de elote con crema y un atol de elote y un atol chuco y plátano en dulce y nuégados con chilate y gallo en chicha (tengo años de no comerlo)... ¡a la perica, ya me dio hambre!
(En la foto, unas ricas quezadillas).
Jacinta a las 09:26 PM | Referencias 0Me gustó mucho la entrada. Es verdad, los salvadoreños "comemos flores" o monte, pues.
Mire lo que son las cosas Jacinta, el sábado pasado anduve con unos familiares en Nahuizalco, y pasamos por el mercadito nocturno que ponen ahí, y todos esos manjares criollos de los que da cuenta, se encontraban ahí, le agrego otros: cuajada con loroco, enredo-parecido a la pupusa, pero mejor-, tripa sancochada-para hacer sopa de mondongo mejor conocida como sopa de pata-, carne oreada, atol de maíz tostado y un largo etcétera. De plano Jacinta que ya me dio hambre y aprovechando que estoy cerca me voy a ir a los Planes el finde para proceder con las pupusas. saludos
Lya, gracias por su comentario.
Carlos, si va a mi patria de Los Planes de Renderos, se come un par de pupusitas a mi nombre, jajaja.
Jacinta | 16 de Mayo de 2008 - 12:24 AMNo me van a creer, pero aquí en Montreal tenemos varias pupuserías bien establecidas con el menú idéntico al de las de El Salvador, y hasta un poco ampliado para acomodar los gustos locales (lean pupusas de pollo que parecen ser las predilectas de los niños quebecois). De veras que no me hace falta nada, excepto el chipilín, las pacayas y, por consiguiente, los platillos derivados. La comunidad salvadoreña de Montreal, que anda ahí por los 30 años de haberse establecido, se ha venido con todo la gastronomía incluyendo hasta el alguaishte.
Lo que si he notado últimamente es una escasez de pupuseras que en lo personal encuentro un poco preocupante. Creo que las señoras después de tantos años de echar pupusas se están retirando de este quehacer y me parece que el oficio no se ha ido pasando a la generación siguiente. Sin embargo, por ahí he visto venezolanas, mexicanas y colombianas echando pupusas, lo cual me hace desconfiar un poco del producto final, pero que le voy a hacer, mejor me alegro que nunca me van a faltar.
Patricia Fontg | 16 de Mayo de 2008 - 12:49 AMMe parece bien significativo lo que menciona Patricia sobre que el oficio de las pupuseras ya no se está pasando a las siguientes generaciones, por lo menos entre los migrantes.
Pero me imagino que mientras hayan salvadoreños, siempre habrán pupusas...
Cuando venga la invito a unos punches en alguahste, unos jutes en alguashte también, a una sopa de chorizo con huevo, a una merienda con moronga, a unas patitas de cerdo empanizadas o a la vinagreta, a un cusuco o a un garrobo frito, a un tepezcuintle a unos sabrosos tamalitos pisques o de cambray, a un rico chilate o chuco, a unos nuegados, a unos sesitos sobre pan de caja tostados, a unos pastelitos de carne (ahora rellenos de papa) a unas riguas con crema, a unos rticos frijoles volteados, a una sopita de frijoles con macitas de maíz y chicharrón, a un lechón horneado, a un pavito y gallina india, a un fiambre, a unas conchas con una pilsener bien heladita, a una buena mojarra del lago, a unos camarones de río en sopa, a una buena mariscada como sólo acá la sabemos preparar, a una rica chica o chaparro para más noche, a unos tamales de maíz con crema.. a tanta comida chuca pero deliciosa jajaja.
Saludos cordiales
Luis | 16 de Mayo de 2008 - 03:53 AM¡Qué rico! Le faltó un garrobito en alguashte... jajaja.
Jacinta | 16 de Mayo de 2008 - 03:59 AMHace poco, no diré como, aparecieron en nuestra refrigeradora unas "pupusas" hechas por la compañía Goya. ¡Qué horror! Por fuera parecen pupusas, como no, pero tienen un sabor terrible que parece una mala imitación de enchiladas mexicanas. ¡Invasión cultural!!!! !Cómo se les ocurre!
Hasta ahora no he probado pupusas como las de harina de arroz que mi mamá aprendió a hacer en el mero pueblo de Olocuilta.
¡Goya, eat your heart out!
En mi casa, aqui en Costa Rica mi mamá tiene una mata de loroco, cuando haya le aviso para invitarla a comer unas pupusitas de queso con loroco! jajaja saludos.
Francisco | 18 de Mayo de 2008 - 11:47 PMEn la colonia La Cima de San Salvador, existe un restaurante bastante fino que se llama Beraca Banquetes. Se especializan en pupusas new wave: mariscos, vegetales, pollo y otros “iconoclasmos”. Me lo han recomendado varias veces pero todavía no he tenido la suerte de ir. Será en el próximo viaje a la tierra natal.
Por si les interesa aquí están las señas: Beraca Banquetes: Residencial La Cima 2, Calle San Nicolás #14 J, teléfono 248-0675.
CarlosP | 19 de Mayo de 2008 - 10:29 PMHablando de marquesotes, cada vez que voy a Panchimalco compro mi provisión para un par de semanas. Hay un lugar cerca de la alcaldía donde hacen un marquesote de fábula.
Arbolario | 20 de Mayo de 2008 - 04:03 AMLas pupusas y el loroco son de Honduras o tambien hay en El Salvador?
adolfo pena | 22 de Octubre de 2008 - 12:52 AMEn El Salvador hay pupusas y loroco, no sé si en Honduras...
Jacinta | 22 de Octubre de 2008 - 03:02 AMLes felicito por sus comentarios, me encanta el Loroco, tengo una mata en mi casa y disfruto cado gajito que corto. soy de Honduras,Tegucigalpa.
Vilma Erazo | 8 de Noviembre de 2008 - 04:19 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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