3 de Abril de 2008
Un largo y doloroso camino
El cineasta chino Zhang Yimou nos ha acostumbrado a películas históricas bastante majestuosas como La maldición de la flor amarilla. Más recientemente también nos ofreció un par de espectaculares historias de artes marciales, Héroe y La casa de las dagas voladoras. Tampoco hay que olvidar sus primeras producciones, Sorgo rojo y La lámpara roja, ambas excelentes.
En lo personal me sorprendió mucho ver Riding Alone for Thousands of Miles (que en español lleva el título de Un largo y doloroso camino), una película situada en tiempos modernos, bastante intimista y con algunos detalles de particular emotividad.
El señor Takata, un pescador que vive en un lugar aislado (por cierto, muy precioso), viaja a Tokyo a intentar ver a su hijo Kenichi quien está internado en el hospital, muy enfermo. Pero el hijo no quiere verlo. La nuera intenta mediar entre ambos, pero sin mucho éxito. Para ayudar a Takata a “conocer un poco mejor a su hijo”, le da una cinta de video hecha por Kenichi, un reportaje sobre óperas chinas hechas en un pequeño pueblo de la provincia de Yunnan.
A Takata se le ocurre que debe ir a aquel pueblo chino a cumplir lo que Kenichi le prometió a uno de los cantantes: volver al año siguiente para escucharlo cantar una ópera que se llama El largo camino y filmarlo.
A partir de ahí, la película se convierte en un road movie, combinada con una extraña sucesión de eventos, algunos de los cuales se tornan bastante absurdos pero que resultan comprensibles dentro del contexto de la historia.
Finalmente, como en toda historia de viajes y búsquedas, el personaje central descubre un poco algunos aspectos que le eran totalmente desconocidos de su hijo pero al mismo tiempo, descubre aspectos nuevos en sí mismo.
La película carece de toda la espectacularidad visual de otras cintas de Yimou, nada de colores fuertes, de masas de extras o visuales espectaculares. Todo transcurre dentro de una visualidad “normal”, a excepción, en algunos momentos, de buenas tomas de exteriores. Pero la maestría de Yimou se hace notar en el desarrollo de la historia que lo mantiene a uno enganchado hasta el final. Hay detalles de humor, excelentes actuaciones y como dije, situaciones algo absurdas (que me hacían pensar por momentos que la historia bien pudiera ocurrir en algún país latinoamericano).
Es inevitable pensar en las conflictivas relaciones que pueden existir entre padres e hijos, no solamente a través del personaje central y el hijo enfermo, sino a través de otro par de personajes, entre ellos un niño cuya presencia en la vida de Takata, sirve como un punto de reflexión bastante doloroso.
No quiero contar el final de la película, pues los invito a verla (con su caja de Kleenex a la par. Yo me la pasé llorando todo el último cuarto de hora de la película...). Pero viéndola pensé mucho en el arrepentimiento (pues algo de eso trata la historia también). De los errores que cometemos y que no ventilamos o no intentamos ventilar hasta que puede ser demasiado tarde.
Pero entonces pensé en esa frase hecha, “demasiado tarde”. ¿Es demasiado tarde arrepentirse de algo, reconocer los errores, cuando la persona ofendida (por llamarla de un modo), ha muerto? ¿Es demasiado tarde pedir perdón por toda una vida de malentendidos y resentimientos, cuando ya estamos con un pie en la tumba?
Viendo esta historia concluí que no. Que no existe un “demasiado tarde”. Valioso es ese reconocimiento del error, decírselo al otro, hacérselo saber. O por lo menos, reconocerlo para uno mismo y vivir con ello, perdonarse a uno mismo. Sirve para el que permanece vivo y sirve para aligerar la carga antes de abandonar este plano mortal.
(Horarios de repetición de Cinemax para esta película).
Jacinta lastimosamente la ví comenzada, me ha conmovido el personaje del niño.
Espero verla completa, muy buena, aunque un poco lacónico el personaje principal.
Saludos cordiales
Luis | 15 de Abril de 2008 - 05:10 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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