27 de Marzo de 2008
El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince
Debo confesar que me costó mucho leer este libro. No porque esté mal escrito, sino precisamente por todo lo contrario. El colombiano Héctor Abad Faciolince hace un exhaustivo retrato de su padre en El olvido que seremos, pero decir eso es quedarse muy corto, porque el libro es también la crónica de un amor profundo (el del hijo por el padre y viceversa), el de toda la familia y los años felices, esos tiernos años de la infancia y la adolescencia donde la suciedad y el oprobio del mundo parece no nos afectará jamás. Es así mismo un exhaustivo retrato de un hombre que, lo sabemos desde el inicio, será asesinado por sicarios paramilitares en plena calle por el mismo motivo que han sido asesinados miles no sólo en Colombia, sino en nuestro continente, y por supuesto, en el mundo entero: denunciar la represión, las injusticias, los desmanes, la corrupción.
Y el motivo por el que me costó leer este libro es el mismo detalle que lo hace una inigualable pieza de no ficción. Los miembros de la familia de Abad Faciolince ni su rutina de circunstancias de vida se parecen en absoluto a los míos, para nada. Pero Abad Faciolince tiene la virtud de retratar la relación padre-hijo a través de detalles, cotidianos, domésticos, insignificantes quizás. Pero son esos detallitos que, cuando uno mira atrás, son los que se imponen sobre los “grandes momentos”. Y en esos pequeños detalles, en esos sentimientos e imágenes tan vívidos del hombre que se recuerda a sí mismo siendo un niño amando en desmedida a un padre que es realmente un personaje único, es que el autor conmueve al lector. Nuestra vida podrá ser muy disímil de la narrada por el autor, pero finalmente el amor es único, es el mismo siempre.
Habla por ejemplo de los besos “grandes y sonoros” que le daba su padre y que no hicieron más que recordarme al mío. De los constantes experimentos de injertos en rosas y otras plantas que hacía su padre... y también el mío. Y las rutinas domésticas, el retorno al padre a casa luego de un día de trabajo, la música que escuchaba, las frases que decía... tan diferentes y particulares a la vida de cada quien pero, al ser enumeradas con tanto detalle, pero sobre todo, con la dulce melancolía de la añoranza, obliga al lector a evocar esas circunstancias en el recuerdo propio.
El olvido que seremos, cuyo título alude a un verso de Jorge Luis Borges y cuyo poema completo fuera encontrado en el bolsillo del padre cuando fuera asesinado, es un libro bastante complejo. Es una memoria propia y ajena, escrita con la serenidad que nada más la distancia puede brindar, sobre todo cuando los hechos que motivaron su escritura son tan dolorosos. Veinte años le tomó al autor, desde la muerte del padre, el poder sentarse a escribir un libro emotivo pero jamás sentimentalón, fuerte pero nunca insultante ni lleno de amargura o afán de revancha. Como el mismo autor explica, su intención primordial al escribirlo era simplemente contar la historia, para que se supiera:
Han pasado casi veinte años desde que lo mataron, y durante estos veinte años, cada mes, cada semana, yo he sentido que tenía el deber ineludible, no digo de vengar su muerte, pero sí, al menos, de contarla. (...) Es posible que todo esto no sirva de nada; ninguna palabra podrá resucitarlo, la historia de su vida y de su muerte no le dará nuevo aliento a sus huesos, no va a recuperar sus carcajadas, ni su inmenso valor, ni el habla convincente y vigorosa, pero de todas formas yo necesito contarla. Sus asesinos siguen libres, cada día son más y más poderosos, y mis manos no pueden combatirlos. Solamente mis dedos, hundiendo una tecla tras otra, pueden decir la verdad y declarar la injusticia. Uso su misma arma: las palabras. ¿Para qué? Para nada; o para lo más simple y esencial: para que se sepa. Para alargar su recuerdo un poco más, antes de que llegue el olvido definitivo. (Págs. 254-255).
No me cansaré de decir que lamento profundamente que libros de esta calidad no circulen con más amplitud, sobre todo en nuestra región centroamericana. Mi copia la obtuve gracias a la generosidad de alguien en Suecia (este ejemplar ha cruzado el océano de ida y de vuelta...). Y lo lamento porque mientras circula cualquier cantidad de libros basura y poco trascendentes, alejados de la literatura o de la auténtica no ficción (y no de las falsas memorias que parecen estar tan de moda en estos días), este libro retrata la desgracia de un país, una desgracia que hemos vivido de cerca en Centro América.
Pero bueno, si se topan el libro por ahí o saben de alguien que se los pueda conseguir, no lo duden. Es una lectura de esas que te provocan risas y lágrimas, indignación y reflexión, que revuelve recuerdos y provoca esperanzas.
Algo más:
Entrevista con Héctor Abad Faciolince sobre este libro.
Pues para Agosto regreso a Costa Rica un par de días: entonces si alguien quiere, podría avisarme y yo con gusto llevo unas cuantas copias.
Acá ese libro lo venden en las esquinas, en versión pirata y a precio popular para que todo mundo pueda comprarlo y leerlo y gozarlo. Porque si a vos te sonó como un eco del pasado, ese libro representa la vida e historia de miles y miles de familias colombianas, pero contado con una maestría que cualquiera de nosotros desearía.
medea | 28 de Marzo de 2008 - 05:44 AMGracias por tu ofrecimiento Medea, ojalá muchos se apunten. Es un libro que no hay que dejar de leer.
Y gracias también por ese detalle, de que se vende en todas partes en versión pirata.
Abrazos.
El libro de Hector Abad, para mí es la necesidad de no olvidar lo que sucedió con su padre, para que esta triste historia de intolerancia no vuelva a repetir. En cuanto a lo humano es hermoso esa relación padre - hijo, el amor lo esencial para alcanzar hombres FELICES.
Rosa Pinzon | 22 de Abril de 2008 - 06:32 PMme parecen bien que lean el libro pero esta mal que lo compren pirata .por favor hay que valer los derechos de autor
luisa contreras | 24 de Abril de 2008 - 04:38 AMAyer mismo, 13-5-2008, acabé de leer este libro que apenas me duro tres días. Me pareció impresionante, no sólo por lo que cuenta, si no por como lo cuenta, con sencillez, sin artificio, sin rencor, lleno de amor por su padre muerto, lleno de admiración de gratitud, y a la vez sin juicios sumarísimos para los autores, más allá de lo comprensible humanamente.
En esa forma de escribir está retratando la educación recibida, el cariño trasmitido, el valor de su familia y también un retrato de la sociedad, de la amistad de lo que realmente importa. Me gustó, me emocionó
me serenó, yo que me indigno facilmente con estos temas y pierdo toma mesura.
Yo había leído de Héctor Abad su novela ANGOSTA, y también me había gustado mucho, pero esta la superó con creces porque me pareció un documento humano hermoso y sosegado.
Es un libro excelente...recomendable para leer.....narra una historia en la que se evidencia el amor de un hijo por su padre y la situación vivida en medellín en las décadas del 50 a l 70........................Recomiendoleerlo
maribel alvarez | 3 de Junio de 2008 - 03:45 AMbueno mi profe de logicas del amor me mando a leer este libro y al principio el titulo me parecio muy aburrido pero con lo poco que lei del resumen y usteds me parece valioso invertir mi tiempo en una lectura como esta muchas gracias::::)))))
karencita.... | 12 de Septiembre de 2008 - 06:06 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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