18 de Marzo de 2008
Protestas violentas en el Tibet
El pasado 10 de marzo, un nutrido grupo de monjes tibetanos salió a las calles de Lhasa, la capital del Tibet, para conmemorar la fallida insurrección contra los chinos de 1959. Estos monjes exigían además la liberación de varios de ellos arrestados en octubre del año pasado. La manifestación poco a poco se tornó violenta y fue reprimida por los cuerpos de seguridad chinos. Hubo negocios quemados, gases lacrimógenos, heridos y muertos, además de disturbios que se extendieron por algunos días.
El número de muertos no está claro. Los chinos admiten oficialmente 13. El gobierno en el exilio del Tibet dice que son 30 pero admite haber recibido reportes de 80 muertos. Algunas fuentes noticiosas que no han confirmado sus fuentes citan hasta 100 muertos.
Las fuerzas chinas dicen que no reprimieron las manifestaciones con armas de fuego, sino nada más con gases lacrimógenos, golpes eléctricos y chorros de agua. Pero los muertos durante estas manifestaciones fueron quemados vivos y algunos cortados (no me pregunten con qué instrumentos). Los 3 principales monasterios budistas fueron cerrados y están rodeados por la policía china.
Ayer lunes se vencía un plazo dado por los chinos para que los organizadores de los disturbios se rindieran. De no hacerlo, los buscarían casa por casa. Mientras tanto, se ordenó la salida de TODOS los turistas del Tibet, se cerraron las fronteras y también está prohibido escalar el Monte Everest hasta después del 10 de mayo para evitar cualquier tipo de problemas durante el paso de la antorcha olímpica. Además está prohibido el ingreso de TODO extranjero al Tibet.
Algunas de las imágenes que lograron presentarse a la prensa fueron tomadas con teléfonos y cámaras de aficionados. En ellas pueden verse largas columnas de humo negro, gente corriendo por todas partes y varios negocios y locales chinos quemados o siendo saqueados. El gobierno chino ha bloqueado además el acceso de sus ciudadanos a varias páginas de internet, entre ellas YouTube, para que no se informen por fuentes externas de lo que está ocurriendo.
Estos sucesos motivaron nuevas protestas en otras ciudades del Tibet y en países vecinos como la India y Nepal. En estos dos últimos países han sido arrestados numerosos exiliados tibetanos.
Todo esto ocurre a escasos 5 meses del inicio de las Olimpíadas. Pero a pesar de la gravedad del asunto, las reacciones han sido muy tibias y ningún país ha hablado de boicotear los Juegos. Analistas políticos dicen que eso “sería inútil”.
Parece que ya nadie recuerda el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, un boicot promovido y liderado por los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría y a 6 meses de iniciarse los juegos. ¿El pretexto? La intervención rusa en Afganistán. Al boicot se unieron varios países importantes en las justas olímpicas (como Alemania Occidental, Canadá, Japón). Curiosamente la misma República Popular China se negó a ir. En total, 65 países se abstuvieron de participar.
Pero obviamente los tiempos han cambiado. Demasiado, para mi gusto. Las reacciones ante los sucesos del Tibet han sido laxas, casi inexistentes. El espacio que se le da a la noticia es mínima y se prioriza la preocupación por el aire contaminado de Beijing o la próxima salida de la antorcha olímpica que deberá atravesar el Tibet.
Aunque los chinos estén intentando presentar un cuadro de normalidad y el mundo se haga de la vista gorda nada más que por avaricia (ay, cómo se frotan las manos ante el nuevo socio comercial...), es obvio que aquel país no tiene ningún respeto por los derechos humanos, ni los propios ni los del Tibet, país ocupado por los chinos. Porque eso es lo que es el Tibet. Un país ocupado desde hace 58 años.
Las manifestaciones de estos días no reflejan más que el hartazgo de la situación de opresión a la que han sido sometidos los tibetanos desde la invasión china. El sistemático proceso de exterminación cultural, la represión contra todo aquel que intente mantener vivas las costumbres y tradiciones del budismo tibetano (parte integral de la identidad de aquel pueblo), la metódica eliminación de la lengua (en las escuelas tibetanas sólo se enseña chino y el tibetano que no hable chino no puede acceder a un trabajo remunerado, por ejemplo), el encarcelamiento, tortura y ejecución de cientos de tibetanos, entre ellos muchos monjes budistas, el exilio de miles... todo eso parece no conmover ni importar lo suficiente a las naciones que se dicen defensoras de la democracia y de los derechos humanos.
Ya lo había dicho, que en los chinos no se puede confiar.
Información adicional:
- Noticia sobre la violencia en el Tibet en la BBC y el New York Times.
- Fotos.
- Testimonios de testigos (en inglés).
Bien dicho, Jacinta. El mundo teme ofender al nuevo y gigantesco socio comercial que abre las puertas a un mercado de más de 1,000 millones de potenciales consumidores. Lo que no logró la política lo ha logrado el billete.
Arbolario | 21 de Marzo de 2008 - 12:35 AMeyy está bueno el análisis, me parece interesante el tema, pero poca información se encuentra sobre la genesis del problema...
maluigi | 23 de Marzo de 2008 - 12:24 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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