13 de Marzo de 2008
Memorias ficticias
En los primeros días del mes, dos muy populares libros de memorias fueron desenmascarados como falsos. Es decir, las memorias eran en realidad un montón de ficción, por no decir, un montón de mentiras.
El primero de ellos Sobreviviendo con lobos, fue escrito por la belga Misha Defonseca. La historia no sólo era conmovedora sino bastante increíble, pero su autora juraba a pie juntillas que todo era auténtico. Misha había sido cuidada por una manada de lobos cuando tenía cuatro años mientras buscaba a sus padres que habían sido detenidos por los nazis. La niña caminó cientos de kilómetros perdida entre las nieves de Bélgica, Alemania, Polonia y Ucrania y no sólo en una, sino en dos ocasiones, los lobos la cuidaron.
La historia se convirtió en un bestseller traducido a 18 idiomas y además se hizo una película de bastante éxito con el mismo título. Pero una prima de la autora reveló la verdad: los padres habían sido capturados y asesinados por los nazis, eso era cierto, pero la niña no salió caminando en busca de ellos sino que fue cuidada por otros familiares. La autora, luego de negar las declaraciones de su prima, terminó aceptando que, en efecto, la historia del libro era inventada.
Menos de una semana después, el libro de Margaret B. Jones, Love and Consequences, que tuvo mucha resonancia en los Estados Unidos, también resulto ser una memoria falsa. El libro narraba la supuesta historia de la autora y su vida como una niña de origen indio (o “native american” como dicen ahora), que crece en un barrio de Los Angeles entre pandillas y drogas. La verdad es que Jones no tiene ni una gota de sangre indígena y creció en un barrio acomodado, muy pero muy lejos de todo lo que describe en su libro.
La editorial sacó de circulación el libro y canceló la gira de presentación de la autora. Aunque Jones admitió que la historia personal era totalmente falsa, lo que sí era cierto eran las experiencias citadas pues se referían a hechos que le habían ocurrido a personas que ella conocía. ¿Cómo se supo la verdad? Una hermana suya vio su foto en un periódico y llamó a la editorial para contarles de la verdadera vida de Jones.
Ante esto es inevitable recordar cuando hace un par de años A Million Little Pieces de James Frey fue destapado como una memoria falsa sobre la supuesta adicción del autor a las drogas y cómo logró salir adelante de su crisis. El tipo tuvo la muy mala suerte de que su caso fuera ventilado nada menos que en el programa de Oprah Winfrey, quien había seleccionado con anterioridad dicho libro como parte de su Club de Lectura.
Este tipo de casos no es nuevo y el New York Times se tomó incluso el trabajo de citar varios de ellos.
Me llama la atención en este asunto que los autores hayan insistido en hacer pasar algo que saben es ficción como una memoria personal. Supongo que es una estrategia íntima y personal de cada uno de ellos pensar que, al contar una historia extraordinaria, el libro puede no sólo llamar la atención de los editores sino también de los lectores. Y me pregunto incluso si no hay de por medio algo de problemas psicológicos de los autores, o por lo menos, un ego bastante torcido. Supongo que la atención que recibe alguien que escribe una memoria, y que tiene que mantener a flote su mentira en presentaciones de libro y entrevistas es bastante diferente que la que recibe un autor de ficción.
No cabe duda que cuando alguien insiste en etiquetar su propio libro como “memoria”, “autobiografía”, “crónica” o “testimonio”, el lector parte de inmediato del supuesto que lo que se lee es 100 % verdad. No hay espacio para exageraciones ni para variaciones imaginativas de la realidad ni para incorporar cosas que le pasaron a otros y hacerlas pasar como propias. Modificar esta regla básica convierte al libro en otra cosa, una “novela basada en sucesos y personajes reales” por ejemplo, donde al lector le queda el enigma de descifrar cuál será la parte real y cuál la ficticia.
Es cierto que penetrar y afianzar un lugar en el actual mundo literario es extraordinariamente difícil, pero creo que eso no justifica el timo ni la mentira. No he leído ninguno de los libros en cuestión, pero su popularidad y las numerosas críticas positivas que recibieron sustentan la percepción que sus autores tienen talento para la escritura. Porque una historia real, por muy impactante que sea, si está mal redactada, no llega a calar en ningun lector.
Lástima que estos autores hayan preferido la notoriedad por sobre todas las cosas y que no se hayan conformado con ser contadores de ficciones pero sobre todo buscadores de la calidad literaria.
Me recuerda el testimonio de Rigoberta Menchú a Elizabeth Burgos (esta última escribió creyendo lo que Menchú le decía), aunque allí había otros motivos: propaganda política, etcétera. A nadie se le ocurrió que ganaría el Nobel, y que se pondrían a investigar los detalles...
La defensa de Menchú fue similar a la de Jones: quizá se atribuía hechos que no eran suyos, pero eran hechos reales ocurridos a otras personas, que había que denunciar o poner sobre el tapete.
¿Crees que se den cuenta, cuando publique mis memorias, de que nunca he estado en Soweto, y que no crecí allí durante el apartheid? Estoy pensando seriamente en quitar esos capítulos.
Lo de cuando pasé tres años viviendo con caníbales en el Mato Grosso no pienso quitarlo, eso es seguro.
Es un síntoma extraño. Como cuando sale el código da vinci y a la gente le dan esas ganas extraordinarias de creerlo todo. El autor sale en giras donde habla de sus estudios a fondo, y de cómo investigó para escribir ese libro, como legitimizándolo, cuando al fin y al cabo dice, cuando lo presionan y le conviene, que es ficción.
Qué hay de malo con decir que algo es una fantasía? Me imagino que igual que en la tele, la gente sabe que los que van al show de cristina, laura en américa o jerry springer son mentirosos, pero están ocmpletamente dispuestos a seguirles el cuento. Porque si admitieran que es todo mentira, tendrían que quejarse con los libretistas por poco originales.
medea | 13 de Marzo de 2008 - 11:01 PMMe dejan pensando en la necesidad del ser humano por mentir y por creer mentiras, aunque en algunas situaciones (como los programas que menciona Medea), ya se sabe y se convierte en parte de un juego.
Saludos.
Si se fijan en la cultura gringa que vemos por la TV, es recurrente el tema del ´heroísmo´, y seguido vemos el título, basado en una historia verdadera.
Creo que por ahí va la cosa, y de darse protagonismo.
Como que es la cultura de lo cursi, heroico-fantasioso, se me viene a la mente las escenas con la parafernalia de la música.
Como que la vida mecanizada les dá fascinación por lo espontáneo e inverosímil.
Concuerdo con su idea de una buena narrativa o historia.
Eso de los lobos me suena a lo de las historias de delfines, por favor.
Luis | 14 de Marzo de 2008 - 05:38 AMDefiendo el derecho intrinseco del autor a mentir, en la página o en la vida, no hay diferencia.
Hablando con todo rigor, lo que no nos sucedio a nosotros mismos no pasa nunca de ser una ficción, un relato, un simulacro verbal o audiovisual de lo que supuestamente ocurrio.
Sin embrago, ¿ocurrió como se narra?
¿Cual de todas las posibles versiones de la realidad es la verdadera?
¿Cual de todas las posibles narraciones la representa fielmente?
La hegemonía de la verdad periodistica sobre la ficción literaria es una tiranía de tintes claramente políticos.
Si la autora dice que sobrevivió con lobos, entonces así fue.
Nosotros, religiosos lectores que creemos en la arbitraria distinción entre crónica y ficción, no podriamos jamás decir a ciencia cierta cual es cual, para el no-testigo no existe diferencia material entre ambas.
La ficción por otra parte, esta hecha de la verdad profunda, mas que de los hechos verdaderos.
Una niña cuyos padres fueron recientemente asesinados por los nazis sobrevive una caminata imposible acompañada por lobos.
Eso, claramente, es mas verdadero que la historia real.
Juan Murillo | 14 de Marzo de 2008 - 04:00 PMMentira o no mentira. Testimonio o ficción. O esto o aquello, pero decirlo de entrada ¿no ?. Pienso que se trata de un compromiso ético del escritor o escritora consigo mismo y con sus lectores.
Me recuerda el Testimonio de Omar Cabezas, en la década de los ochenta : La Montaña es algo más que una gran estepa verde. Todavía se siguen descubriendo mentiras allí, pero fue el Testimonio de la Revolución Sandinista.
Todos somos un poco mitómanos y queremos nuestra epopeya personal. Pero no hay derecho a engañar!
Héctor Mairena | 15 de Marzo de 2008 - 04:39 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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