5 de Marzo de 2008
Derribando el Patrimonio Cultural
La semana pasada se dio la noticia en La Prensa Gráfica de la demolición de la iglesia de Santiago Apóstol en Nahuilingo, El Salvador. La iglesia era un Patrimonio Cultural de la nación. Había sido construida en 1613. El hecho de que fuera demolida de noche indica con claridad que quienes lo hicieron sabían que hacían algo no permitido.
Si bien es cierto la iglesia estaba en un estado de deterioro bastante lamentable, la medida de demolerla me parece extrema. Como le pareció también a las autoridades correspondientes, quienes se dieron a la tarea de investigar qué fue lo que ocurrió y quien dio la orden de la demolición, eso sin mencionar que dañar Patrimonio Cultural es un crimen penado por ley.
Aunque originalmente se suponía que el párroco Gerardo Hernández Sandoval había dirigido la acción, y hasta se apresaron a 3 personas que participaron en la demolición, se dice que fue la comunidad completa la que decidió el acto y que incluso participó activamente con palas y picos en el derribamiento.
El problema con todo lo que en El Salvador se proclama Patrimonio Cultural es más o menos el mismo. Edificaciones históricas reciben el título (casas, edificios públicos, iglesias), y se supone que de inmediato sus dueños no pueden intervenir el edificio más que para hacer mejoras que mantengan el estilo o renueven el inmueble. Cualquier tipo de intervención que vaya hacerse, debe solicitarse un permiso especial a las autoridades correspondientes.
Por desgracia, los dueños de dichos inmuebles, por lo general, no tienen los recursos económicos como para hacer las renovaciones necesarias según el estilo de la época, con los materiales sugeridos para ello. No es secreto para nadie el odioso recurso de muchos de mandar a quemar las edificaciones para por lo menos tener el terreno. Eliminada la traba de “patrimonio”, disponen de su terreno para reconstruir con lo que se les venga en gana. Y los responsables de los incendios jamás son encontrados ni mucho menos penados.
Este recurso, generalmente usado en el centro de San Salvador, ha dado espacio para una serie de espantosos cajones de bloques de concreto que sirven como espacios para albergar comercios o cuartos de alquiler. Así fenece lo que otrora fuera una ciudad bastante simpática y que ha perdido gusto arquitectónico.
En el caso de la iglesia de Nahuilingo, se menciona que CONCULTURA, la entidad que vela por el Patrimonio Cultural, entregó una cantidad de dinero al párroco para hacer mejoras inmediatas. El párroco dice que no recibió nada. El director del área patrimonial dice que sí.
Mientras tanto, ayer fueron liberados los tres apresados de participar en la demolición por “no encontrarse pruebas contra ellos”. Algunas personas aglomeradas afuera del juzgado dijeron que tomaron la iniciativa de botar las paredes agrietadas de la iglesia por temor a que causara daños a los feligreses. “Las paredes ya no servían, eso representaba un peligro para todos nosotros y por eso nos unimos para botarla”, dijo una señora que no quiso identificarse.
¿No podían reunirse en otra parte para recibir misa si era tan peligrosa la edificación? Digo, ahora de todos modos se quedaron sin lugar para los oficios religiosos. ¿Por qué no hubo una gestión más diligente de CONCULTURA para la preservación de éste y tantos inmuebles más, declarados Patrimonio Cultural? ¿Cuántos edificios más seguiremos perdiendo por falta de fondos, una gestión poco beligerante, pero sobre todo, por la apatía de la ciudadanía en general?
Me parece que este caso ilustra con bastante claridad una de las graves deficiencias de nuestra sociedad: falta de educación. Si a una comunidad se le hace tomar conciencia de lo importante que es respetar el patrimonio, no mirarían con tanto desprecio los “edificios viejos” y no los destruirían con tanta facilidad.
Por desgracia, somos un país que ha mantenido demasiados capítulos de su historia en silencio. Mucha de nuestra historia nacional ha corrido de manera clandestina, paralela a la historia oficial. E ignoramos, más que sabemos, muchas cosas que están ahí, bajo nuestras narices y que forman parte de nuestra identidad nacional a través de esa historia que nos han callado u ocultado durante siglos. Esa precisa carencia nos ha hecho irrespetar e ignorar el valor de lo que somos como nación y de lo que tenemos como sociedad.
Nuestra identidad como salvadoreños por supuesto que va mucho más allá de las pupusas, el futbol y la cerveza Pilsener (en lo personal, no creo que radique en esos 3 factores, aunque me parece que nuestra identidad cada día se diluye más).
La proclamación de inmuebles como Patrimonio Cultural, debe ir acompañada de un intenso plan educativo para que dichos nombramientos no sean una imposición y que sea la comunidad misma la que se enorgullezca de sus edificaciones, las conserve, se organice para conseguir fondos para su mantenimiento y no, como en este muy lamentable caso de Nahuilingo, que se una para derribar una parte de su historia que ya no podrá reconstruirse ni recuperarse, que ya no le heredarán a las nuevas generaciones y que quedará silenciada en el olvido, como tantos otros capítulos de nuestra historia nacional.
Pasa lo mismo en Costa Rica, exactamente lo mismo.
Es una cosa de cultura, de educación, ciertamente, y es muy difícil crear esa conciencia.
analu | 6 de Marzo de 2008 - 12:40 AMMuchos románticos hemos hecho de la acción de derribar la iglesia de Nahulingo la catástrofe cultural del país. En efecto, es un muy mal precedente que ha de atemorizar a aquellos edificios del país que se encuentran carcomidos por el tiempo (y por el descuido..). Sin embargo, acá hay un factor adicional: la gente de Nahulingo YA NO quería la iglesia. Eso es como si una fábrica que es beneficiosa por ofrecer decenas de empleos deba cerrar porque los ciudadanos al rededor ya no la quieren, ni necesitan. Y en el caso de esta pobre iglesita, tampoco había ánimo de cuidarla de parte de nadie ... hasta que fue vista en el suelo. También vale la pena ser prágmaticos más de una vez..
Manuel Castillo | 6 de Marzo de 2008 - 09:04 PMNo hay excusa que valga, destruir sistemáticamente nuestro patrimonio e história ha sido nuestra premisa, por lo que no tenemos identidad.
Excelente comentario Jacinta.
Luis | 7 de Marzo de 2008 - 04:43 PMJacinta, le reenvie este contenido a todos mis amigos, uno de ellos me contesto algo muy sentido, que aca les comparto:
"Si tan solo nos tomaramos un minuto en observar cada detalle y cada grieta... no son desperfectos, son venas de tiempo, q viven y sufren, son letras de historias q jamás fueron contadas, reflejos ambigûos de edades perdidas, añoranzas de vidas pasadas..."
Analu: seguramente se dan casos como el mencionado acá, he visto algunos edificios en el centro que están abandonados, por ejemplo la famosa Botica Solera en el Paso de la Vaca, entre muchos otros.
Manuel: Creo que este caso es la primera vez que alguien admite públicamente que destruye algo que es Patrimonio. A pesar de ello, y de que se supone un acto penado por la ley, no hay (y seguramente no habrá) nadie penado por este asunto.
¿Cómo interesarnos en cuidar algo que ni siquiera sabíamos existía? Insisto, debe haber mayor información y educación a la ciudadanía en general sobre lo que tenemos y somos.
Luis: gracias.
José: gracias por compartir la nota y el comentario de su amigo, muy sentido verdaderamente.
Saludos a todos y gracias por comentar.
Jacinta | 7 de Marzo de 2008 - 08:57 PMComo residente de Nahulingo estoy de acuerdo en la demolición de la parroquia ya que CONCULTURA gestinó mucha ayuda del extranjero para reconstruir, pero esa nunca vino a la parroquia;lo dijo el sacerdote.Para CONCULTURA vale mas un adobe viejo que la vida de un cristiano ya que nosotros como católicos nos encontrabamos dentro de esas paredes viejas. Una ley no tiene por que beneficiar a unos pocos sino a las mayorias. Ya llevamos 6 peregrinaciones por un templo digno los invitamos proximamente a una ya que muchas parroquias de Sonsonate se an solidarizado con nosotros y unidos como iglesia no nos moveran. En la comunidad esta decidido que si no se llega por el dialogo vamos a ganar de otra forma.Esperamos no llegar a la violencia pero si es necesario como cristianos lo haremos.
Luz | 20 de Marzo de 2008 - 08:48 PMConsidero que nuestra identidad como salvadoreños no son las pupusas, el futbol y la cerveza Pilsener. Y tampoco tiene que ver con una Iglesia que se caía a pedazos sin que el Gobierno (CONCULTURA) hiciera algo más que promesas. Creo que nuestra identidad es interesarnos por nuestra lengua, por nuestra moneda (aunque impuesta por España, era "nuestra moneda"), los nuevos lugares arqueológicos que si interrupen el paso de una carretera (como fue el caso en Sonsonate), simplemente no lo mencionan, pasan una cuchilla o aplanadora y nadie dice ni reclama nada.
Creo que lo más importante es la seguridad y comodidad de los feligreses, al final el templo solo es un montón de rocas, la verdadera iglesia son las personas, y si tanto le interesaba a CONCULTURA ese montón de piedras, por que no agilizó el proceso de reconstrucción.
En España existen leyes que protegen el Patrimonio Nacional y también, como no, existen las trampas.
Dos ejemplos recientes: Córdoba, ciudad monumental donde las haya, con un legado árabe impresionante; si el propietario de una casa decide excavar para hacer un garaje y se encuentra con ruinas visigodas o árabes inmediatamente las tapa para que no entre Patrimonio en su "propiedad".
Pero un caso más sangrante sucedió en Pamplona dónde al ir a hacer un aparcamiento subterráneo aparecieron restos de edificaciones y una muralla romana, así como también restos árabes. El Ayuntamiento responsable de la construcción del aparcamiento sacó todo sin ninguna protección, ni, por descontado, comunicar del hallazgo a Patrimonio Nacional y lo dejó en algún lugar que aún en el día de hoy es desconocido, eso sí hay teselas colgadas en paredes de nombres ilustres españoles, que no han tenido ningún empacho en dejarse fotografiar junto a ellas.
El pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla.
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