28 de Febrero de 2008
El anticonsumismo de los "freegans"
Quizás usted haya oído hablar de los “freegans”, un nuevo tipo de movimiento que ha llegado a hacerse algo famoso por la práctica de que cada noche llegan a los basureros de restaurantes y supermercados de Nueva York para buscar comida. La que sacan es perfectamente comestible y las más de las veces ha sido tirada porque está a punto de expirar la fecha de vencimiento, porque (en el caso de la fruta) tiene algunas manchas café o porque era el pan del día anterior y ya no puede seguirse ofertando.
Hay que hacer constar que estas personas no lo hacen porque sean indigentes o porque tengan necesidad económica. En realidad, este movimiento tiene una filosofía mucho más profunda que nada más sacar comida de los basureros para comérsela. Se trata de personas que están reflexionando sobre el consumismo de la sociedad actual y que están tratando de encontrar modos alternativos de vida.
Según su página web, el “freeganismo” está basado:
“en una participación limitada en la economía convencional y en un mínimo consumo de recursos. Los Freegans abogan por la comunidad, la generosidad, la conciencia social, la libertad, la cooperación y el compartir en oposición a la sociedad basada en el materialismo, la apatía social, la competencia, la conformidad y la codicia. (...) El freeganismo es un boicot total a un sistema económico donde el beneficio ha eclipsado las consideraciones éticas y donde complejos sistemas de producción masiva aseguran que todos los productos que compramos tengan impactos perjudiciales, la mayoría de los cuales ni siquiera habíamos considerado. De esta manera, en vez de evitar la compra de productos de una mala compañía, sólo para beneficiar a otra, evitamos comprar en el mayor grado en que somos capaces”.
Las prácticas de este movimiento incluyen cosas como no comprar ropa nueva sino comprarla en tiendas de ropa usada o tratar de conservar la ropa que ya se tiene en el mejor estado posible, usar bicicletas o caminar para transportarse, viajar en grupos en un automóvil, comer lo menos posible en restaurantes, ahorrar energía, reciclar y, de ser necesario comprar alimentos, procurar que estos sean orgánicos, libres de pesticidas o “amistosos” para con los animales.
Pero sin duda es lo que ellos llaman “recolección urbana” o “dumpster diving” la práctica más polémica y a la vez la que más resultados sorprendentes arrojan. En lo personal, he visto algún par de notas en noticieros sobre personas que, en grupo, durante las noches, van a basureros de diferentes lugares y recuperan todo tipo de productos. Bebidas, libros, artículos de tocador, revistas, muebles, videos, electrodomésticos, alfombras, instrumentos musicales, ropa, vitaminas, aparatos electrónicos y todo objeto imaginable en perfecto estado son rescatados cada noche por estas personas.
Pero lo más asombroso es lo referente a la comida. Bolsas (de las negras grandes de basura), llenitas de bagels, café molido, pizzas congeladas, vegetales y frutas de todo tipo, leche, yogurt, etc. Y no se crea que están en mal estado. Esos alimentos son tirados por los supermercados, restaurantes o panaderías porque se aproxima o es el día exacto de la fecha de vencimiento o por ejemplo, con una docena de huevos, uno de ellos está rajado entonces se tira el cartón completo. Los freegans reúnen toda esa comida y se la llevan a sus casas y viven en base a ello. Su gasto en comida es mínima.
Muchos de ellos también han renunciado a sus trabajos o trabajan como voluntarios para grupos comunales. Detrás de ello está la idea de que no vale la pena sacrificar los mejores años de la vida en trabajos que por lo general no nos gustan y que enriquecen a otros.
Y si usted piensa que esto es sólo algo que se da en “los países consumistas” del primer mundo, abra un poquito los ojos y fíjese a su alrededor. Para no irme lejos, aquí en Costa Rica, a la vuelta de la esquina donde hay un pequeño supermercado y un lugar de hamburguesas, es frecuente ver en el basurero las bolsadas de pan, de frutas y verduras que son echadas a los barriles de la basura. Siempre me pregunto por qué en vez de dejar que el pan se arruine no lo regalan antes a un hospital o un asilo. Y me he acercado para ver el estado del pan y a lo más estará duro, pero no está nacido ni nada por el estilo. O sea, recalentado podría comerse. O hacerse un budín de pan. O en último caso, podría ser utilizado para alimentación animal.
Detrás de este movimiento hay sin duda todo un planteamiento político que puede servirnos como punto de reflexión sobre nuestras propias costumbres de consumo. ¿Cuántos de ustedes trabajan en un lugar que aborrecen pero lo hacen porque tienen que pagar las cuentas, sobre todo las tarjetas de crédito, la cuota del carro o del nuevo ipod? ¿Cuántos celulares ha comprado en los últimos cinco años y cuántos ha descartado nada más que porque ya no le gusta el modelito? ¿Cuántos pares de zapatos compra al año? ¿Realmente necesita y usa todito lo que tiene? ¿Y qué hace con algo que “ya no le gusta”? ¿Lo tira, lo regala? ¿Cuánta comida bota a la semana, cuánta deja que se estropee? ¿Cuando va a un restaurante, deja la mitad en el plato y no pide llevárselo a casa?
Creo que para comenzar a cambiar nuestra actitud de consumo no es necesario que nos tiremos al extremo de ir a basurear. Aunque no me cabe duda de que si lo hiciéramos, encontraríamos sorpresas. Pero sí reflexionemos seriamente sobre lo que compramos. ¿Es solamente un capricho eso que queremos o es realmente algo que necesitamos? ¿Compramos la comida porque está en nuestro menú de la semana o nada más porque “se mira bonita y fresca” la fruta o la verdura y después se le pudre en la refri porque “se le olvidó que lo tenía”? ¿Cuáles son nuestras necesidades REALES y cuáles las creadas, impuestas o sublimizadas por la sociedad que nos rodea?
Información adicional:
-Página oficial de los Freegan (en inglés. Varios de los enlaces por desgracia, parecen no funcionar...).
-Freegan girl, un blog en Newsweek de una muchacha que hizo el experimento de observar sus conductas de consumo durante un mes. Terminó dos días antes porque le era urgente... ¡comer una quesoburguesa!
Se me vienen a la mente dos experiencias: aquí en Washington, hace años, antes de que se acuñara el término de “Freegan”, había una organización que sacaba comida buena de los basureros y con la ayuda de algunos chefs locales preparaba unos banquetes de lujo para las personas desamparadas de la calle. Luego comenzaron a trabajar con los restaurantes y supermercados para que les donaran la comida antes de rechazarla. La otra experiencia es bien interesante. En Baltimore hay una librería de libros usados que se llama “The Book Thing” (http://www.bookthing.org/) en donde podés llevarte todos los libros usados que querrás sin pagar. Las donaciones de libros provienen de universidades, instituciones, librerías grandes e individuos. Estuve ahí hace unas semanas y conseguí unos libros excelentes. Me pude haber llevado el triple de lo que llevaba, pero me contuve.
Gracias, Jacinta, por este artículo. Siempre te visito. No he estado comentando tanto este año, pero aquí vengo casi todos los días a buscar una dosis de buena lectura.
Carlos | 28 de Febrero de 2008 - 04:05 PMEn Alemania por ejemplo, existen algunas tiendas donde uno puede llevar las cosas que va a botar y hacer cambalache, llevarse otras a cambio (cosas como libros, zapatos, ropa, muebles, etc.) Si no tenés nada que llevar, de todos modos podés llevarte cosas, gratis, pero tienen limitada la cantidad de cosas a llevarte a 3, si mal no recuerdo, para evitar especulación o que alguien salga a vender las cosas por ahí.
Saludos Carlos y gracias por siempre visitar este espacio.
Yo me preguntaba eso muchas veces, y una vez hice una pregunta al dueño de una franquicia de comidas rápidas: de por qué no regalan la comida que no venden en vez de botarla. Su respuesta tuvo que ver con el "liability". Que si la empresa regalara la comida mala, y alguien se muriera por salmonela, nadie pensaría en las muchas personas que pudieron sobrevivir gracias a la comida que sí estaba buena, y las demandas serían millonarias.
Entonces tiran la comida. Si alguien la saca del basurero, entonces es su propia responsabilidad si se la come o no.
Las políticas de muchas de las empresas son políticas que vienen desde arriba, desde los directivos en USA, probablemente. Es una sociedad tan litigante que la política la establecen allá para protegerse. Creo que los que tienen la posibilidad de salirse de ese círculo son los dueños de pequeñas tiendas o almacenes. Que puedan como dicen ahí, hacer un banquete con comida para desechar, o donarla para ser usada ese mismo día antes que expire.
Con el pan viejo, pues, en musmani hacen budín de pan :P En las universidades hacen "proteinas mixtas" y en las sodas hacen "jugo de frutas" con sirope y pedacitos.
medea | 28 de Febrero de 2008 - 05:25 PMMedea: lo que mencionás del "liability" es la misma razón por la cual súperes y restaurantes tiran comida. Por ejemplo, en un restorán gringo, si alguien come un pancito de la canasta que te ponen y el resto no, se tira de todos modos toda la canasta, porque no saben si los comensales tocaron el pan ni cómo andaban sus manos. Detrás está el miedo a alguna demanda.
Luego están los otros extremos. Recordemos los casos de algunos lugares de comida rápida que fueron retratados con tremendas ratas que andan por los establecimientos de noche, como pedro por su casa o los de gente que encuentra en su comida desde pedazos de animales o insectos, hasta dedos, venditas y quién sabe qué más.
Mencionás algo que para mí es una incógnita y que los reportajes o cosas que he leído sobre el tema no mencionan: ¿no se enferma esta gente comiendo algunas de las cosas que sacan del basurero?
Saludos.
Interesante conversación. Tengo la impresión de que los basuristas no son una mayoría entre los freeganos. Parece que el basurismo es la práctica más extrema y sensacional y por lo tanto lo que atrae mayor atención.
Ahora bien, tengo entendido que “freegan” es un vocablo que combina las palabras “free” y “vegan”. Si esto es así, los veganos, por definición, no comen ninguna materia animal, lo cual incluye los mariscos, los productos lácteos, la carne y los huevos. Esos productos animales son los más propensos a la adquisición de la salmonela. Ergo… si un freegano es un fiel vegano, sólo recuperará alimentos vegetales en las zambullidas basuristas, los cuales – después de verse sometidos a una buena lavada con bola de jabón (compuesto por piecesitas recuperadas del basurero) y a una cuidadosa remoción de moretes -- se transformarán como por acto de magia en una espléndida e inolvidable merendola.
Sin duda los freeganos tienen muy buenas ideas para cambiar hábitos innecesarios de consumo, aunque esto signifique andar con su mismo pantalón, con su mismo par de zapatos y con su mismo… Sorry I couldn’t help it :-)
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