26 de Febrero de 2008
De la admiración al resentimiento: The Assassination of Jesse James...
Varios años antes de morir, Jesse James ya era un personaje de su propia vida. Por qué este hombre capturó tan profundamente la imaginación y la simpatía de sus contemporáneos es algo que quizás a nosotros, en este siglo, nos parezca lejano e incomprensible. Jesse James era un asaltante de bancos y trenes, se le atribuía el asesinato de 19 personas. Por lo demás, quienes lo conocían sabían que no se podía andar con dobles juegos con él. Las traiciones eran disculpadas a balazos, nada menos. Eso no impedía que James fuera un esposo fiel y padre amoroso. Como cualquier hijo de vecino.
Jesse James era buscado obsesivamente por las autoridades, con botines bastante elevados por su captura. Los escritores de la época escribían folletines narrando sus fechorías y aventuras imaginarias que sólo llegaron a aumentar el mito detrás del hombre. Tenía además alguna fama de Robin Hood del oeste y se decían cosas buenas de él y su hermano Frank, que habían estado en una suerte de guerrilla “benévola” durante la Guerra Civil.
En resumen: entre la realidad y la fantasía, Jesse James era muy querido en su tiempo.
Tanto que tenía admiradores. Como un tal Robert Ford. Desde niño, Bob coleccionaba todo lo que se escribiera sobre Jesse James. Notas en los periódicos, folletines de aventuras. Como tantos de su tiempo, Ford lo idolatraba como ahora se idolatran a las estrellas de cine o de rock. Tenía la ambición, no solamente de conocerlo, sino de ser parte de la pandilla de los hermanos James y por supuesto, ya en ésas, llegar a ser su amigo.
Pero entre la realidad y las fantasías que se había inventado había una distancia profunda. Y cuando al fin Ford se topó con el verdadero Jesse James, no sólo no lograría ser el amigo ni el miembro de su pandilla que soñaba, sino que se vio ignorado por la excesiva lambisconería que Bob desplegó ante James, quien no se vio para nada impresionado por la admiración de aquel don nadie.
La admiración se tornó en resentimiento, en envidia, e hizo aflorar la verdadera naturaleza de Ford: su mediocridad se le hizo tan evidente a sí mismo que tuvo que destruir al objeto de adoración. Así, Robert Ford adquirió su momento de fama y su lugar en la historia de la infamia como “el pequeño cobarde” que asesinó a Jesse James. (Lo de “pequeño cobarde” es parte de un coro que se repite en una canción popular que cuenta sobre dicho asesinato).
La película The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford cuenta los últimos días de la vida de Jesse James y de cómo entra Robert Ford en escena. Habiendo mencionado al comienzo lo difícil que ha sido que lo real permanezca impoluto de la fantasía hasta los tiempos actuales, se parte de que la historia narrada en la película es una suposición de los hechos.
El director Andrew Dominik se jugó varias cartas riesgosas en la reconstrucción de esta historia. Una de ellas es que el espectador ya sabe lo que va a pasar, desde el título. Eso no sería nada inusual para los que más o menos sabemos el cuento de Jesse James, pero es algo que se va repitiendo a lo largo de la película. Y es curioso como, a cada mención del pronto asesinato de James, uno como espectador siente ya una opresión por el hecho. Como cuando se dice que Frank James se enteraría de la noticia por los periódicos, porque ya casi no se hablaba con Jesse. O como cuando sabemos que Ed O’Kelley aparece en escena y que matará a Robert Ford.
Otro de los riesgos que se toma el director es la lentitud con que cuenta la historia. Quien vaya a ver esta película esperando una emocionante película de vaqueros con muchos balazos, indios y persecuciones a caballo, mejor ni vaya. Supongo que por eso varias personas salieron de la película antes de que terminara y a la salida se oían comentarios de “qué aburrida”.
Brad Pitt logra una actuación excelente. Se desprende de su cara de niño lindo y retrata a un Jesse James cansado, demacrado, arrugado, ojeroso y con unas oscilaciones de carácter cuya única realidad es esa tristeza en los ojos siempre vidriosos. Solamente en Venecia se reconoció su trabajo en esta película, lo cual me parece una lástima.
Otro de los puntos a favor que tiene esta cinta es su fotografía. Desde los paisajes abiertos hasta las ambientaciones en espacios cerrados, el uso de la luz, la ausencia de colores en el vestuario (casi siempre todos andan en grises, negros o colores muy neutros), se convierte en un gusto visual que contribuye a la melancolía general. Destacan por ejemplo la silueta de Jesse James al frente del tren que está por asaltar o la imagen de los hombres, retratados de los hombros para arriba con un fondo negro cuando se está retratando el cadáver de James.
La calidad del sonido es también de primera. Cuando los balazos sonaban, los espectadores en el cine brincábamos, pues sonaban tan reales que parecía las balaceras eran adentro de la sala, entre las butacas. Tan importante como el sonido o los diálogos son también los silencios. De hecho hay pocos momentos musicalizados y cuando los hay, el par de tonadas contribuyen a ese ambiente de fatalidad que sabemos estamos viendo.
En la escena del asesinato, uno se pregunta si en realidad era que Jesse James quería morir y lo permitió quitándose las pistolas y dándole la espalda a Ford. Hay detalles de los diálogos a lo largo de la película, sobre el suicidio, sobre no quitarse jamás las pistolas y no dejar que nadie se te aparezca por la espalda que contradicen ese último momento. Una escena muy bien lograda porque, a pesar que ya sabemos lo que va a pasar, logra una tensión muy cargada.
En lo personal, me parece que, mucho más allá de “una película de vaqueros”, hay que ver ésta como un estudio psicológico sobre la mediocridad, la envidia, el resentimiento y la melancolía del mal. Porque el retrato de Jesse James es eso, el bandido cansado de su misma mala fama, aquejado por varios males físicos a escasos 34 años, pero sobre todo, añorante de una vida tranquila con su mujer y sus hijos, lejos de la vida criminal.
La muerte contribuiría nada más a agigantar y perpetuar la leyenda que ya era Jesse James. Y el desagradable Robert Ford, magníficamente interpretado por Casey Affleck, y quien se logra ganar nuestro desprecio desde su primera escena, se dedicaría el resto de su vida, que no sería mucha, en hacerse retratar como “el hombre que mató a Jesse James” y representando en teatro una y otra vez el mismo asesinato, ganándose el desprecio general y la muerte 10 años después.
Algunos enlaces:
-La página oficial de la familia James.
-Página oficial de la película.
-Extensa biografía de Jesse James en Crime Library.
-Fotos varias de Jesse James, entre ellas, las fotos de difunto que se le tomaron y que fueron vendidas como souvenirs el año de su muerte a 2 dólares cada una.
Creo que lo largo del título era un sutil aviso del ritmo de la película, lo siento de verdad por los que no la gozaron, por otro lado el recuerdo que me llevo es curiosamente cómo se le quebraba la voz a Ford cuando estaba en apuros, buenísima interpretación. És primera vez que escribo desde esta tierra que la vio nacer y que lastimosamente no la tiene aquí, felicitaciones por su magnífico blog.
fran | 26 de Febrero de 2008 - 07:22 PMGracias Fran. Fíjese que yo también pensaba que era una lástima que los espectadores no vieran más allá del mito de Jesse James y no valoraran la película en su excelencia estética y las actuaciones.
Saludos y espero siga visitando este espacio.
Jacinta, he leído alguno de tus comentarios sobre cine, te sugiero que no cuentes la película, si lo que se quiere es hacer una crítica del filme.
Fernando Ramos | 3 de Marzo de 2008 - 03:22 PMFernando, gracias por su sugerencia, pero sería demasiado pretencioso de mi parte decir que quiero hacer una crítica de cine. Nada más comparto lo que me parece la película y lo que me gusta o no de ella. Trato de contar lo menos posible, sin arruinarle la historia a alguien que no la haya visto, pero si no lo logré, mis disculpas.
En este caso, me parece que la historia de Jesse James es lo suficientemente conocida y que uno ya sabe (desde el mismo título), de qué va.
Saludos.
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