14 de Febrero de 2008
Un año después...
Me parece tan apropiado que la Boni haya muerto justamente en el Día del Amor, ella que era eso, puro amor. Ha pasado un año y todavía no alcanzo a englobar en palabras todo lo que su presencia y su ausencia me han dejado.
La vida de Loli y la mía han cambiado mucho desde entonces. Es curioso pero nunca imaginé lo que podría ser la vida sin alguna de ellas. Y el proceso ha sido sorpresivo. Pensé ingenuamente que la Loli, por ejemplo, se sentiría mal un par de semanas y que luego se le olvidaría. Qué va. Pasó medio año deprimida, muy deprimida.
Los primeros días se empeñó en escarbar el lugar donde estaba enterrada la Boni. O se paraba a medio patio oteando el aire, a ver si el viento le traía noticias de la Boni. O llegaba corriendo cuando me escuchaba volver de la calle, pero en vez de verme a mí, miraba alrededor de mis piernas para ver si venía la Boni conmigo. Cuando, como 10 días después de muerta, la Loli asumió que la Boni no volvería, le dio depresión. Bien duro. Algo que nunca imaginé, porque la Loli tiene un carácter muy rudo, muy valentona y sobre todo, muy práctico. Siempre digo que es mi “guerrillera” porque a ella no la amilana nada.
Abandonó sus rutinas. Antes le gustaba salir por las mañanas a tomar el sol con la Boni. Se peleaban por la primera franja de sol que caía en el patio, como si el sol se iba a acabar o como si no hubiera suficiente espacio para las dos. Pero así era la relación de ellas. Comenzaban jugando y terminaban peleando, como niñas. Pero comían juntas, dormían juntas. Cuando la Boni fue operada, era la Loli la que la acicalaba y la cuidaba.
A la Loli le dio por dormir. Y dormir. Y dormir. Ella, que siempre ha tenido un apetito voraz, comió mucho menos. No quería hacer nada más que dormir. Yo, que también estaba muy triste, trataba de llorar cuando ella no me viera para no hacerla sentir peor. Pero los gatos todo lo saben y estoy segura que la Loli sentía aquel ambiente de tristeza y de vacío que la Boni nos había dejado.
Loli, tan invencible y ruda, sintió miedo. Miedo por ejemplo de que yo “desapareciera” como había “desaparecido” la Boni. Le angustiaba mucho que yo me fuera, por un par de días o por una hora. Entonces comenzó a venir Mr. Dickens.
Dickens en realidad debería llamarse Ángel porque fue un enviado del Valle de los Gatos (que es el lugar a donde van todos los gatos cuando se mueren, porque entre gatos no hay cielo ni infierno). Creo que eso le dio a la Loli la certeza de no ser la última gata sobre la tierra, una sensación de compañía y alguien con quien hablar (y lo digo porque los he visto, sentaditos, maullándose y diciéndose váyase a saber qué cosas).
No lo supe hasta que la Boni se fue, pero ella era el centro de la casa, la alegría del rancho. La Boni levantaba una patita y ya estábamos Loli y yo junto a ella para ver qué quería. La Boni era la princesita, la niña chiquita a la que había que cuidar y complacer siempre. No sé por qué se repartieron así los roles, pero supongo que tenía que ver con el carácter niñón de la Boni.
Nuestras rutinas han variado también. Ahora Loli duerme conmigo siempre. Los primeros dos meses también dormía sobre mis piernas mientras yo intentaba trabajar, algo que no hacía antes. Le ha agarrado la maña de comer conmigo junto a ella. Y de que salga al jardín con ella. Y de que haga con ella las cosas que hacía con la Boni. Ahora tengo que darle masajes por las mañanas mientras ella está echada en el sol.
Mucha gente me dijo que consiguiera otro gato para acompañar a la Loli y alegrarnos un poco. Pero decidí dedicarle más tiempo a la Loli, sobre todo con la conciencia de su edad y que, aunque goza de una salud y un carácter muy vital, somos todos mortales, gatos incluidos. Quiero que viva feliz sus últimos años y yo gozarla al máximo.
Convivir a solas con la Loli ha sido como reconocerla. He descubierto su nobleza. Su compañerismo. Y también su corazoncito. Me asombra que esté a punto de cumplir 14 años y que esté tan entera y saludable. Que corra, que juegue y que siga de curiosa y cazadora y bravucona. Me encanta esa ambigua relación con Dickens, ella lo trata a él como una dominatriz. Le pega cachetadas, le “ruge”, le hace caras feas... pero cuando viene se le acerca, a veces se acuestan juntos en la cama (a una prudente distancia) y siempre tienen que olerse. Ella lo deja hacer y estar y hasta le comparte su comida. Y la suerte es que Dickens, a su vez, también es un gato dulce y noble.
A veces nos parece que la memoria de los animales es muy corta, o inexistente, pero sé que no es así. Cuando menciono el nombre de la Boni, la Loli siempre me mira, de inmediato, con ilusión en la mirada. Entonces sé que ella todavía la recuerda.
Porque en efecto, la Boni es inolvidable. Y la extrañamos tanto, vaya que sí.
(En la foto, Loli, la negrita, y Boni, la grisita).
Jacinta a las 03:39 PM | Referencias 0Los animales tienen sus propias historias de amor. Esta que contás es preciosa.
itzpapalotl | 14 de Febrero de 2008 - 06:42 PMMe gusta mucho ese concepto, que los animales tienen sus propias historias de amor.
Gracias, abrazos.
Bueno, los gatos deben percibir la muerte en un modo bastante parecido al nuestro. Yo no sé qué haría si mi gata muriera, pero es algo con lo que tengo que lidiar tarde o temprano.
Bonito post. =]
Snipe | 16 de Febrero de 2008 - 10:16 PMAy la Boni, sí que fué un golpe de verdad para Loli y para vos, pero el tiempo pasa, y eso nos ayuda a ir sanando un poquito, nos ayuda a ver las cosas con otros ojos.
:) Lo más bonito de Boni es todo ese amor que les dejó.
Analu | 17 de Febrero de 2008 - 10:17 PMSiento tu pérdida y, más, cuando está tan bien escrita.
Un abrazo.
Bella historia!
Yo no se si los animales o nosotros tenemos sentimientos pero lo que si existe es esa convivencia que nos identifica a todos los animales y que marca una interdependencia entre todos. Yo he tenido varios gatos o perros y siempre es lo mismo... su vida tan corta... y me juro no volver a tener mas animales... y nuevamente aparece otro en mi patio trasero.
Ahora tengo 2 perras salchicha y creeme que se me encoje el corazon al pensar en su partida.
Adios y larga vida a "todos"!!
hola..pz solo keria decirte q me gusta muxo tu pg..aparte amo los gatos y pz q weno q tu los defiendas y q tbn los kieras..ellos tbn tienen sentimientos como nosotros y tbn sufren..en fin..pz solo era pa felicitart x tu lindo jacintario..si kieres me agregas al msn y charlamos...soy d COLOMBIA..chau!!
4n4 | 19 de Marzo de 2008 - 11:14 PMJacinta, este retrato interior que nos haces, de tus gatos, de sus sentimientos y de los tuyos respecto de ellos es tan delicado e íntimo que sobrecoge. Enhorabuena por plasmar así de bien los sentimientos en palabras.
Tu gatita, que en el valle de los gatos descanse, se parecía mucho, físicamente pero sobre todo en el carácter, a mi gata Maya, puro amor y dulzura. Y me sobrecoge tu relato porque sé que algún día Maya, que ya va siendo mayor, aunque no lo aparente nada, también se irá para siempre. A veces lo pienso y no sé que será de nosotros. He tenido otros gatos, pero ninguno como este verdadero ángel.
Y me gusta que digas la verdad: que los gatos sufren, disfrutan, aman, temen, recuerdan, sienten y presienten, igual que las personas. Porque es verdad, porque no tenemos la exclusiva de los sentimientos, y porque quienes no aman a los animales, especialmente a los gatos, tan denostados, no suelen reconocerlo.
Un abrazo y hasta siempre.
Mª Ángeles | 18 de Septiembre de 2009 - 03:01 PMGracias por tus amables palabras Ma. Ángeles.
Jacinta | 18 de Septiembre de 2009 - 05:16 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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