13 de Febrero de 2008
American Gangster y lo "basado en una historia verdadera"
Después de ver American Gangster y de buscar algo más de información sobre el verdadero Frank Lucas, me quedé con una pregunta: ¿en qué punto, cuando se dice que una historia está “basada en un hecho real”, se traspasa lo real y se entra en el campo de la ficción? ¿Cuánto es válido alterar para que siga siendo una historia “basada en un hecho verdadero”?
Y me lo pregunté porque muchos de los detalles planteados en la película, detalles realmente importantes, no ocurrieron ni fueron de esa manera en la vida real.
Esto no sería nuevo en Ridley Scott. Cuando Kingdom of Heaven también fueron cambiadas varias circunstancias de los personajes y los eventos que narra la película, la defensa de Jerusalén durante las cruzadas del siglo XII ante Saladino. Había que leer bastante sobre los personajes, las circunstancias y la época para comprender que la historia real sobre la que se basaba la película era una dramatización y que lo histórico fue bastante diferente.
Quizás mi inquietud viene más desde el sentido del escritor, del contador de historias. Y es seguramente un punto de partida para varios otros aspectos de cómo se nos presentan las historias (sea en una película, en un libro, en una obra de teatro). En American Gangster, el “villano” de la película es Frank Lucas, un negro de Harlem que a fines de los años 60 y aprovechándose de la guerra de Vietnam organiza toda una red de contrabando de heroína, para lo cual se vale de aviones y militares estacionados en aquel país. Lucas monta su negocio sin intermediarios, a un precio más bajo que el tradicional, y lo que era más importante, con un alto grado de pureza de la droga vendida.
Pero la manipulación del personaje (¿o será la excelente actuación de Denzel Washington?), nos hacen desear de principio a fin que a Frank Lucas no le pase nada, que Richie Roberts (el policía que le anda pisando los talones y que es interpretado por Rusell Crowe) no lo descubra nunca y que, si lo descubre, que no le caigan demasiados años en prisión. Y la manipulación del personaje está presentada en detalles que nos lo presentan como “un villano con corazoncito”: la vida familiar, el respeto por la madre, el amor por la esposa, la apariencia de un Robin Hood moderno que regala pavos a los pobres de su vecindario para Día de Gracias...
Es curioso como esos detalles nos hacen obviar el hecho de que Lucas es un asesino muy frío que no parpadea al plantarle una bala en la frente a alguien en plena calle y que es, de manera general, alguien que se mueve con bastante dureza en todos los aspectos de su vida y sus negocios. No se cuestiona con moralinas sobre lo que hace ni sobre quiénes se drogan ni por qué lo hacen ni si mueren o viven. Para él es un negocio, un negocio que se transforma de hecho en un negocio familiar, como ha aprendido de la mafia italiana, un asunto de pesos y centavos, una compra-venta como la que se haría con cualquier otra mercancía. En ese sentido, la película me trajo evocaciones de varias otras en que el tema del hombre metido a negocios turbios pero que tiene “su corazoncito” está presente. Pensé en Casino, en Lord of War.
Volviendo sobre el punto inicial: ¿por qué no trabajar con más libertad y simplemente cambiar los nombres de los personajes y hacer una historia diferente? Supongo que porque tiene mayor impacto en el espectador decir que se basa en una historia real. Eso nos levanta cejas en asombro, quizás nos pone a pensar. A mí me puso a querer saber más y a investigar sobre el asunto.
En todo caso, la película merece verse, como la mayoría de los trabajos de Ridley Scott, como cualquier película con Denzel Washington (que cuando la hace de malo puede ser el más cruel y frío de todos) y por la sobriedad con la que está tratada la historia, a pesar de su manipulación de la realidad.
Algo que me sorprende, pero que también parece obvio: la nominación al Oscar como actriz secundaria de Ruby Dee, quien hace de la madre de Frank Lucas. En la película creo que sale un total de 12 minutos y ni siquiera seguidos. Y sinceramente no me impresionó. Pero supongo que es una nominación (y acaso un gane) de honor para una actriz de 80 y pico de años. Lo sabremos el 24 de febrero.
Un caso en el que se hizo una excelente película (casi un clásico) con datos que nada que ver fue Los intocables, de Coppola. La he visto un par de toneladas de veces, y la disfruto, pero no puedo dejar de sentir cierto prurito al saber que las cosas no fueron así ni de cerca, que es sólo una "fantasía" y que funciona muy bien.
Y, sí, Cruzada, con Orlando Bloom, quedó muy bien.
De que se vale, se vale, supongo, pero alguien debería advertir que se trata de una historia de ficción con personajes reales, que el asunto no fue así y que el director eso quería.
Allí es donde entra la comercialización: si se hiciera eso, quizá la audiencia no sería tan amplia. Chale con ellos.
Algo así pasaba con Pablo Escobar, se recuerda? el narcotraficante sanguinario y todo, pero querido por mucha gente. Cariño que no solo provenía de las dadivas generosas que él repartía a diestra y siniestra, si no que también, de tener la gente una especie de admiración por él.
Carlos | 13 de Febrero de 2008 - 09:21 PMMe parece que así debería de ser Rafael, decir "historia de ficción basada en hechos y/o personas reales". Pero sí, quizás eso restaría audiencias...
En efecto Carlos, siempre hay personajes ambiguos, que aunque fuera de la ley, son amados por el populacho porque ayudan a los menos afortunados.
Saludos.
Jacinta | 13 de Febrero de 2008 - 09:32 PMYa contar una historia es reproducir y tergiversar los hechos. Una vez sucedido lo real todo relato sobre esto es simulacro.
Yo lo veo así, querían contar la historia de Lukas, pero Scott, sabiamente, entendió que el relato era más importante que la verdad.
Y con eso llegamos al corazón de lo que es la literatura y el mito, es más real lo que se cuenta que lo que ocurre realmente, y si no más real, por lo menos más verdadero. Y con el tiempo, el último suplanta al primero.
Juan Murillo | 14 de Febrero de 2008 - 05:54 PMHmm. Buen reparto, buen guionista y ¬¬ "buen" director. La historia como historia me interesó bastante, la actuación de Crowe fue deficiente (sobretodo en la parte que le llaman "judío") al contrario de Washington.
No me gustó cómo se dirigió la película. La película como conjunto te mantiene expectante, con un nudo en el estómago, pero es todo psicológico porque no logra cautivar o interesar.
Soy partidario que el Director se inspire en una historia y haga con ella arte y no una copia. Creo que debe ser como la pintura impresionista, o puntillista. El arte va en la forma con contenido. Si fueran "fieles" copias contentarían a un par de fanáticos que prefieren leer el libro y no siempre van al cine. Sucede que la gente que ve películas generalemnte se le hace difícil ver lo mismo en un libro.
Carlos Olvido | 20 de Febrero de 2008 - 09:47 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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