16 de Enero de 2008
La historia de Oscar, el perro, y Arthur, el gato

Esta historia es verídica y ocurrió los primeros días de este año en la localidad de Wigan, Great Manchester, Inglaterra. En el hogar del matrimonio de Mavis y Robert Bell, vivían en plena armonía un perro y un gato. El perro se llama Oscar, tiene 18 meses y es un Lancashire Heeler. El gato se llamaba Arthur, era blanco, grandote y tenía 17 años. Ambos eran inseparables. Dormían juntos en un cestito. Jamás peleaban. Y el gato hasta le ayudaba al perro a subirse al sofá para hacer sus siestas, puesto que la raza del perro es bastante enana.
El gato un día se murió. Y el matrimonio Bell lo enterró. Oscar por supuesto, acudió al entierro. Y todos se fueron a dormir.
Durante la noche, Oscar se escabulló por la puertecita del gato hacia el jardín. Buscó el lugar donde estaba enterrado Arthur. Comenzó a escarbar hasta encontrar el cuerpo de su amigo. Sacó al gato fuera del hoyo. Tomando en consideración la diferencia de tamaño entre el gato y el perro, es de suponer el esfuerzo físico descomunal que esto le supuso a Oscar. Lo arrastró luego hasta la casa. Lo metió adentro por la puertecita del gato. Lo puso en el cestito donde ambos dormían. Luego, como el gato estaba lleno de tierra y despeinado de toda la maniobra, Oscar se dedicó buena parte de la noche a limpiarlo a lengüetazos.
A la mañana siguiente, cuando el matrimonio Bell se levantó, cuál fue la conmovedora sorpresa al encontrar a Oscar bien dormidito junto a su queridísimo amigo Arthur. Lo que más admiraban los Bell era que el gato estuviera tan pero tan limpio.
Así es que volvieron a enterrar a Arthur en un lugar más “seguro” y le llevaron a Oscar un nuevo gatito al que llaman Limpet. Y Oscar lo cuida y lo sobreprotege, aunque suponemos que el amor por su amigo Arthur pervive en su corazoncito canino.
Cada vez que sé de una historia así, daría mi reino por saber lo que pensaba el perro y qué lo hizo decidir hacer todo lo que hizo. Esto para todos aquellos miserables que insisten en que los animales no tienen sentimientos... guau guau, miau miau.
¡Ay cosito!
Es demasiado hermoso, en verdad, y si, si tienen sentimientos... lo sabré yo que mi gato anda celosísimo porque tenemos invitada por unos días en mi casa je.
A mí me conmovió hasta la lágrima esta historia.
Jacinta | 16 de Enero de 2008 - 08:11 PMDe hecho, no es que se diga que los animales no tienen sentimientos, es que simplemente no pueden tenerlos.
Este pobre perro se dejó traicionar por su instinto, para aparecer en una historia como un objeto inútil de ternura.
Guillermo, y ¿porqué se supone que no pueden tener sentimientos?
analu | 17 de Enero de 2008 - 05:11 PMdon guillermo no tiene animales :(
Karla | 17 de Enero de 2008 - 06:10 PMayyyyyyyyyy que bella historia!!!
Melissa Soro | 18 de Enero de 2008 - 01:13 AMHola.. soy mil veces creyente en que los perros son muy buenos compañeros, tengo una que se llama Oscar de hecho por eso busque historias de ese nombre.. y es tan bellos y cariñosso como el pequeño Oscar... Estará en el nombre el secreto...
Ingrid | 7 de Octubre de 2008 - 09:37 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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