2 de Enero de 2008
Hermosa como el suicidio: Alejandra Pizarnik
25 de septiembre de 1972. En el 980 de la Calle Montevideo de Buenos Aires, departamento C del séptimo piso, 50 pastillas de Seconal sódico son ingeridas por una mujer de 36 años que teme a la locura y a la vejez, que está deprimida y también desencantada de la poesía (“dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la poesía no le importa a nadie”).
Lo único que tiene es su nombre, Alejandra Pizarnik, que fue el que se dio a sí misma a partir de su segunda publicación, guardando para el recuerdo el que le habían dado sus padres, Flora, y el verdadero apellido, Pozharnik, alterado por un error de registro, hecho frecuente entre los funcionarios de migración de Argentina, cuando admitieron a sus padres, una pareja de judíos rusos que huyeron de Europa justo a tiempo, es decir, antes del holocausto donde, en efecto, murió gran parte de la familia que quedó atrás.
En junio del 71, poco más de un año antes, Pizarnik había ingerido una sobredosis de barbitúricos pero fue encontrada a tiempo como para ser llevada a un hospital a hacerle un lavado de estómago. A partir de entonces frecuentaría clínicas y tratamientos para tratar de aliviar su persistente depresión.
Su familia siempre estuvo consciente de que algo pasaba con Buma o Blímele, diminutivo cariñoso en yiddish con el que llamaban a la entonces aún Flora: era tartamuda, asmática, muy tímida, tenía acné, era bajita y también un poco gorda. Ella se consideraba además a sí misma como fea e inadaptada.
A los 15 años comienza a fumar y la obsesión por su sobrepeso, la hizo consumir anfetaminas, fácilmente adquiribles en las farmacias, y que se utilizaban como tratamientos contra la obesidad.
Las anfetaminas seguirían acompañándola durante sus años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, prolongando las noches de desvelo en las que intenta estudiar letras pero que después deja para estudiar pintura con Juan Battle Planas. Lee todo lo que cae en sus manos, se fascina por el surrealismo y acude al psicoanálisis para explorar sus obsesiones, una de ellas, la infancia perdida.
Su primer libro de poemas será financiado por su padre quien además paga las clases de pintura, el psicoanálisis, algunos dicen que la publicación también de sus dos siguientes libros y eventualmente el viaje que la llevará a Paris en 1960. Siempre mantendrá una dependencia económica con su familia, dependencia que odia pero que al mismo tiempo le sirve como un refugio de seguridad al que siempre puede recurrir.
En los cuatro años que vivirá en Paris conocerá a Julio Cortázar y a Octavio Paz, con quienes tendrá fructíferas amistades. Cortázar la apoda cariñosamente “bicho”. Paz prologa su libro Árbol de Diana en 1962, uno de sus mejores trabajos. Pizarnik trabaja para la publicación de Cuadernos para la liberación de la cultura como correctora de pruebas y colabora en La Nouvelle Revue Francaise, Les Lettres Nouvelles y Zona Franca de Caracas. También publica en Sur de Argentina.
Es uno de sus momentos más productivos como escritora pero también, uno de pobreza y preocupaciones. Vive en un cuarto minúsculo, apenas le alcanza el dinero (enviar una carta le supone privarse de almorzar), maldice los trabajos que tiene que hacer para sobrevivir y que le quitan las horas para poder escribir. A pesar de ello, goza de sus amistades intelectuales y de caminar bajo el cielo gris de París que, de alguna manera, refleja su estado interior.
Sus cartas de esa época reflejan una dualidad de euforia por lo que escribe y angustia por lo material: “Yo ando mejor que nunca. Escribo, publico en las revistas de aquí, –y– lamentablemente, trabajo en sitios infames para ganarme el duro pan de cada noche”.
Tiene que regresar a Argentina, apurada por su familia. Su padre está mal de salud. Pizarnik vuelve en el 64 y su padre muere en 1967. Se muda con su madre a un apartamento en Buenos Aires que ésta compra. Va publicando lo que ha escrito en París, Los trabajos y las noches y Extracción de la piedra de la locura, poemas que demuestran su madurez como poeta. Gana también premios de poesía y una Beca Guggenheim que dilapida sin miramientos. Hace dibujos que recuerdan a los de Paul Klee y a los de García Lorca.
Hace un breve viaje a Nueva York (“New York me horrorizó”) y luego a París, adonde añoraba volver, pero se decepciona de lo que encuentra. París está “desposeída de su antiguo encanto literario”. Se reencuentra con Cortázar pero, según le escribe a un amigo, “está sumamente politizado desde hace un tiempo. Por lo tanto, si quieres que te responda, escríbele en términos de rebelde enamorado de Cuba mezclado con algo de Rimbaud y sobre todo de Lautréamont. No me estoy burlando de Cortázar, a quien tanto quiero, pero no creo en sus dotes políticas (ni seguramente él tampoco a pesar de sus esfuerzos por engañarse)”.
De regreso a Buenos Aires, casi no publica y la depresión la abruma. Pese a ello, logra trabajar en La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa. Es 1970, el año en que muere Janis Joplin y de quien Alejandra es devota. Amigos cuentan que solía escuchar su música a todo volumen durante horas enteras. Alejandra le escribe un poema:
a cantar dulce y a morirse luego
no:
a ladrar.
Así como duerme la gitana de Rousseau
así cantás, más las lecciones de terror.
Hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
Me pregunto si eso no aumentó el error.
Hiciste bien en morir.
Por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo
Al año siguiente, el proceso terapéutico que diseña Pichon Rivière mejora temporalmente la situación de Alejandra. O por lo menos eso parece. Sin embargo, ese año publica dos libros, La condesa sangrienta y El infierno musical, donde las alusiones a la muerte y sobre todo al suicidio son evidentes. En el segundo de los libros mencionados, Pizarnik escribe: “El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados; triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobrevuela como una dinastía de soles”.
Decae y no podrá recomponerse de nuevo. Se la pasa recluida, rechaza la luz, vive de noche, su mundo es de tinieblas. Escribe cartas y poemas incoherentes. Entra y sale de hospitales, de clínicas, de tratamientos. A mediados de 1972 estuvo internada cinco meses en el Hospital Siquiátrico Pirovano de Buenos Aires y en un permiso para pasar el fin de semana en su casa, toma el Seconal.
Sus diarios personales fueron mutilados por la familia para evitar que se supiera sobre su homosexualidad y sobre sus fantasías eróticas de contenido sadista y obsceno. Así mismo, los diarios ya habían sido editados años antes por la misma Alejandra, quien borró algunas partes que no le hubiera gustado ver publicadas.
Sin embargo, hay muchos retazos de Alejandra Pizarnik que la sobreviven pese a sí misma. Como esta anotación de su diario escrita alrededor de un año antes de morir: “Abandono de todo plan literario… Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana… sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran”.
En aquella habitación, junto a su cuerpo, encontraron escrito en un pizarrón: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”. Su cuarto estaba lleno de muñecas destartaladas y maquilladas, libros que se apiñaban por todas partes, lápices de colores que ella coleccionaba como manía personal y los papeles dispersos de sus últimos escritos.
(Publicado en C.A. 21, número 5 de la serie El Club de los Escritores Suicidas).
Escribimos para que nos quieran más, dijo Bryce Echenique. Que triste comprender que no funciona.
Juan Murillo | 2 de Enero de 2008 - 10:13 PMHola Jacinta:
Tengo en la mesa dos libros: "Gaspard de la Nuit" de Aloysius Bertrand y "Conversaciones con Goethe" de J.P.Eckermann. Bertrand, uno de precursores del poema en prosa, muríó pobre, solo y sin gloria (si mueres pobre y solo se presupone que la gloria anda un poco lejos). En la muerte de Alejandra y en la de Bertrand hay un cierto sabor a tragedia y fracaso. Pienso en cómo nos atrae el abismo de estas vidas sensibles y creativas que acabaron como libros truncos ¿De dónde viene esa atracción?
Leo las "Conversaciones con Goethe" y ahí lo que atisbo es a un hombre con una mano sensible y otra mano práctica; un hombre que pasea por sus amplios jardines privados y que al ritmo del paso borda ideas sutiles y también amplias. Es el éxito,la profundidad y el genio de un hombre al que sus palabras le han dado muchos bienes, incluso el amor. Aquí también hay un abismo, pero es un abismo soleado que nos atre menos que la triste sombra de Pizarnik ¿Por qué?
En nuestras sociedades, la vida que no es muy original suele repetir con frecuencia la historia del genio desgraciado.Hay muchas otras cosas que repite la vida y no nos damos cuenta, pero del genio desgraciado hemos hecho un tema literario ¿Por qué?
Mi pregunta nos saca del rostro de Alejandra y nos traslada al nuestro:¿Qué nos lleva a leer tantas veces la historia del pintor que se arrancó la oreja y se pegó un tiro?
alvaro | 2 de Enero de 2008 - 11:11 PMTu pregunta es muy interesante y es algo que, de alguna manera, me he estado preguntando a lo largo de esta serie.
Creo que es una actitud contradictoria: exaltamos una vida de sufrimiento y sacrificio por el arte en artistas ya muertos. Pero si vemos eso entre nuestros conocidos, nos burlamos de ellos y no los tomamos en serio (y esto lo digo porque lo he vivido).
Pienso que hay una mezcla de culpa social y admiración. No excluyamos el morbo. Algunos llegan donde el común de la gente no se atreve a llegar, hacen lo que el común de la gente no se atreverá a hacer y creo que, en algún lugar de nuestro subconsciente, nos sentimos identificados de alguna u otra manera con estas personas.
Muchos llevan una vida gris y rutinaria y jamás se atreverán a hacer lo que realmente quieran con sus vidas, a romper la norma, a volverse un poco locos y dejarlo todo por un sueño. En su mayoría, estos artistas suicidas vivieron en pobreza y en medio de muchas dificultades y dolores emocionales, pero eso mismo fue el pasto de su obra y se dedicaron a ella.
¿Cuántos escritores o pintores frustrados hay en las oficinas donde trabajamos? ¿Cuántos que no se atrevieron a hacer lo suyo y que aparecen ante nosotros como seres equilibrados pero que en realidad también sufren por sus frustraciones? En esa frustración puede estar algo de la identificación con los artista suicidas.
Saludos y feliz año.
Adiós, Alejandra.
Manuel | 3 de Enero de 2008 - 04:30 AMEs difícil determinar la cadena causal en estos escritores.
¿La depresión suicida los lleva a escribir, o escribir los lleva a suicidarse? ¿Ambas?
Lo mismo pasa con los escritores alcohólicos, de los cuales hay muchos, incluso varios Nobels.
Esta claro que escribir es un trabajo ingrato y subvalorado, pero además se basa en un proceso extendido de introspección que puede dejar al descubierto demonios que otra gente tiene bien guardados en el sótano y que nunca deja salir.
Ese es talvez el origen del morbo, nos fascina el precio que pagan finalmente los que se atreven a bailar con el Diablo para después contarnoslo.
Hola, me ha gustado MUCHO tu recuento biografico. Has hecho un retrato "objetivo" de Alejandra. Saludos, Patricia
patricia Venti | 9 de Enero de 2008 - 10:25 AMGracias Patricia, me honra mucho tu comentario, sobre todo porque veo que sos una gran estudiosa de Pizarnik.
Saludos.
Su fracaso fue a la vez un triunfo, tal cual lo mostró Artaud -otro de los favoritos de Pizarnik-. Y ella misma había tenido conciencia de lo que representaba luchar cuerpo a cuerpo contra el lenguaje al cual asimiló como "un juego peligroso" en su ensayo El verbo encarnado donde cita a otros "malditos" como Hölderlin y Nerval quienes al descubrir el horror decidieron excluirse de toda la solemnidad que representa vivir en la cordura o simplemente vivir.
Florentino Fuentes | 3 de Febrero de 2008 - 04:05 PMInspiración v/s Razón (árduo trabajo)
Verdad v/s Apariencia
Tiniebla v/s Luz
Tiresias v/s Edipo Rey
Varias versiones verdaderas contra-"dictorias" v/s Uni-versión
Hölderlin v/s Goethe
Cantos de Homero v/s Libros de Odisea e Illíada
Tragedia v/s Drama
Necesidad v/s Suficiencia
Destino v/s Contingencia
De tanto ver luz Hölderlin se quedó ciego.
Hay una imagen de San Juan de La Cruz repetida por Ortega y Gasset "De tanto haber luz todo era tinieblas" (Porque nada hay para hacer rebotar la luz).
Cuando la vida se vive en el máximo que puedes sentir, debes persistir y terminar así: grande tal como viviste.
Es en ese minuto cuando, después de tu muerte, la humanidad no valora el día que naciste sino en el que moriste.
El primero pasa a ser trivial al lado del segundo. ¿Por qué? No sé, alguien me puede decir cómo dar una respuesta a esto? Por qué parece ser más importante el día en que moriste que el día en que naciste.
me siento identificado con toda esta gente y pienso que el Estado deberia ayudar y no combatir sus decisiones, lo mismo que familiares, vecinos o gente ignorante.- el peor castigo es la soledad.
hernan | 25 de Agosto de 2008 - 12:02 PMadios ale - pero a la vez hola para muchos
maurice | 9 de Septiembre de 2008 - 03:49 AMdeslumbrante, maravilloso, espeso......? ¿Quién me ayuda a agenciarme 60 SECONAL y os cuento como encontré a BUMA en el más allá?
eduardo | 17 de Octubre de 2008 - 09:14 PMLa depresión que llevan en sus vidas estos escritores muchas veces es canalizada por medio de su arte; pero también ese arte se convierte en su condena, mostrando sus infinitas frustaciones que los llevan, como en un círculo vicioso a un nuevo comienzo, a una nueva depresión. Como dijo Pizarnik en "La enamorada", esa lúgubre manía de vivir los arrastra.
Jaci | 6 de Noviembre de 2008 - 01:55 AMSolo quiero decir, lo único que ella queria era su pánico a la muerte, a desacerse de su inocencia, a romperse de engaños, a sobrevivir ante su inconciente pena de amor. Lo único que puedo escribir es que tengo una amiga muerta.
Contemplando los sobre engaños de su tragico amor
Juliana Torres | 25 de Noviembre de 2008 - 04:30 PMCREO QUE ES NESESARIO ENTENDER LA PARTICULARIDAD Y LA GENERALIDAD DEL ASUNTO ESTAMOS LEYENDO LA MISMA VIDA VISTA DOS VECES,PERO TODAS VAN INCLUYENDO MATICES,BORRANDO LINEAS Y PERFILANDO EL CONTORNO DE UNA OBSECIONE;LA DEL HOMBRE QUE BUSCA EL TRIUNFO SOBRE EL ARTE.
hernando | 22 de Agosto de 2010 - 05:09 AMQué tristeza tan dulce es leerla o leer sobre ella.
Yo camino bajo el cielo gris de Lima que es el reflejo de mi alma.
Como lo es la lírica de Pizarnik.
La leo y me leo, es imposible no sentir cuando la escuchas, porque su voz, por fin canta y cantará cada vez que sus ideas vuelven a morir cuando alguien las entona – lee.
Alejandra me lleva a los extremos, juega conmigo y con mi melancolía, con mi pena.
Es el poder de la poe-ta maldita que te seduce y te envuelve.
Ella llegó al fondo, por fin llego.
Si supiera que ahora es eterna, que su poesia si importa.
Bethania.
Atente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
