20 de Diciembre de 2007
Sobre la calidad en la poesía
Me pasó hace poco que leí un demasiado largo poema que tenía como motivo recurrente una idea nada novedosa. De pronto habían un par de líneas o imágenes que podían salvarse y pensé que lo que el poema quería era una buena podada. Que era como un arbusto con flores bonitas pero que se había crecido demasiado y no lucía su belleza como podría con un buen recorte de ramas sobrecrecidas. Que quizás, si el autor se hubiera tomado el trabajo de hacerlo, hubiera podido construir algún tipo de joyita.
Es un error común pensar que la poesía es un “género fácil”. Por eso sufrimos de una “sobrepoblación de poetas”. O de autodenominados poetas que creen que escribir poesía es cortar un texto en frases cortas y ya. Poema. Pocos se toman el tiempo de trabajar la poesía, de dejarla madurar en silencio, de dejarla quieta un tiempo, de pulirla como se puliría un diamante para sacarle su mejor brillo.
La poesía no puede dejar expuesto su andamiaje porque se nos presenta con mucha más desnudez que los géneros narrativos donde la extensión, el lenguaje, la historia y la estructura permiten disfrazar algo mejor las carencias de un texto. Digo “algo mejor”, porque cuando un texto es malo, no hay nada que pueda salvarlo. Pero eso, en poesía, es mucho más difícil.
Dándole vueltas a esa idea, pensé que en la poesía, la falta de calidad no puede disfrazarse. Que la poesía es un género tan exacto, tan preciso, que no puede caber dentro de su estructura ni la mediocridad ni lo “regular”, para que funcione. Para que conmueva al lector, para que lo toque.
La poesía, la buena, la que sacude al lector de una manera u otra, es así de rigurosa en su escritura.
ME ha gustado mucho tu post. Me parece muy acertado. Yo no me considero poeta, ni mucho menos, pero he escrito 5 o 6 poemas y llevas toda la razón, hay que trabajar muchiiisiiiimooo. Por eso y por mi falta de talento me quedo conb los cuentos (que teambién tienen trabajo pero es menos intenso, al menos para mí)
Pedro Escudero | 20 de Diciembre de 2007 - 03:54 PMHas dado en el clavo. La verdad es que ningún género literario es fácil, pero la poesía es una especie de música desnuda, expuesta como un relámpago que no puede traicionar ni su tiempo ni su intensidad.
En este sentido creo que los malos prosistas trabajan más que los malos poetas y elaboran un ramaje más denso donde pueden disimular sus defectos.
Yo, sinceramente, me quedo con los malos prosistas...creo que se esfuerzan más por construir sus universos, aunque sean fallidos.
Creo que las dos terceras partes de los libros de poesía son prescindibles, no le hacen falta al mundo y sí le hacen falta a la vanidad de sus autores.
Sí, el poema para ser no tiene más remedio que ser un buen poema. Cada una de sus sílabas tiene que estar justificada y el conjunto, como música, debe ser algo más que un mero ejercicio de estilo. Lo que no entienden muchos poetas es que no basta con adquirir la condición de artesano, hay que tener visión y la visión sólo se adquiere a través de un diálogo permanente y difícil con el lenguaje y el mundo.
A muchos nos gusta la poesía, muchos escribimos poemas, pero no somos poetas. Creo que poetas(al contrario de lo que se piensa) hay pocos y que los buenos poemas se pueden contar con los dedos de la mano. Esos pocos poemas son los que salvan a la poesía, por suerte.
Álvaro | 20 de Diciembre de 2007 - 04:22 PMUn problema usual del poeta es confundir el sentimiento que sirve de inspiración a su poema con el sentimiento que el poema produce finalmente en el lector, y creer que uno implica necesariamente al otro.
Embelezado por lo que siente, cree que al transcribir las ideas que le ocurren en ese momento esta plasmando el sentimiento que las inspiró, pero la cruel verdad es que el proceso que crear grandes poemas es muy otro, más artesanal y más trabajado, como la joyería, y quizá aun más como la exacto y minucioso como la relojería.
El problema citado arriba a veces se vuelve insoportable porque el poeta, enamorado de su propia voz, cree que todo lo que sale de su pluma es poesia. Debe ser muy bueno el poeta y tener mucha experiencia (o un talento único) para que cada vez que escribe algo le salga bien a la primera. Editar lo que uno mismo escribe es casi tan, sino más importante, que el acto de creación mismo.
El problema sucede a menudo porque existe todo un imaginario (la inspiración, la musa, las poeticas) que hace parecer incompatible a la poesía con las tareas básicas de la creación literaria. La idea que propugno arriba de que la poesía es como la relojería causara sin dudas mucha risa en algunos y en otros indignación. Así de fuerte es el perjuicio.
Pero es verdad lo que se dice arriba. La poesía es el género que requiere más rigurosidad y eficacia, mucha más que la novela y el cuento.
Juan Murillo | 20 de Diciembre de 2007 - 07:43 PMTengo una amiga que es decoradora. Un día me invitó a su casa y su casa es preciosa. Los muebles son antiguos, pero están perfectamente restaurados. Cada habitación está pintada de un color pastel suave y distinto. Todo en ellas está pulcramente ordenado: los armarios, los sillones, los tapices, las mesas. Los cuadros y las esculturas que ha traído de sus viajes hacen juego con el color de las paredes.
Por un momento tuve miedo de sentarme, por un momento sentí que acostarse en una de aquellas camas impecables sería un sacrilegio. Todo era tan bonito, tan perfecto, que parecía una casa de revista, una de esas casas en la que ya no vive nadie y que se conservan porque ahí vivió un personaje ilustre.
La perfección tiene esos inconvenientes, si es demasiado evidente puede resultar fría. Creo que los buenos textos literarios saben disimular su acabado, su gran rigor. Pienso en algunos sonetos de Quevedo: son perfectos y sin embargo parece que los está respirando.
Por eso, más que la metáfora del reloj, yo buscaría un equivalente del poema en un organismo vivo que, siendo perfecto, respira.
Alvaro | 21 de Diciembre de 2007 - 10:56 AMEs válido tu punto, Alvaro. Las posibles metáforas a aplicar a el poema son muchas (ya ves que cada poeta vivo ensaña siempre por lo menos una).
Yo diría que si el poema esta bien trabajado se verá perfecto y se sentirá vivo, ambas cosas. Claro, es una ilusión romántica pensar que todo esta bajo el control de la razón en la elaboración de un gran poema. Tambien entran a jugar oscuros mecanismos que no comprende ni siquiera el mismo autor. Pero una cosa no quita la otra y la verdad es que si hubiese más rigor en la labor de la creación poetica, habría muchos poemas mejores.
Juan Murillo | 21 de Diciembre de 2007 - 03:39 PMYo diría que es más bien una ilusión clasicista la de creer que todo, en una obra de arte, está gobernado por reglas precisas. Fueron los románticos quienes advirtieron que había un plus, un algo que iba más allá de la regla perfecta. El romántico opone el organismo vivo, como metáfora, al artilugio mecánico de naturaleza cartesiana.
Estoy de acuerdo contigo, Juan, hay reglas o más bien un sentido del rigor. Ese rigor es de naturaleza artesanal y consiste en pulir y pulir hasta dar con una forma esencial. El problema sería establecer los parámetros del rigor más allá de la sintaxis, la gramática y la mera técnica poética. El buen poema es como una ecuación matemática que se abre. Entre sus materiales hay una correspondencia necesaria que va de lo simétrico a lo trascendente. Ese plus no es reductible a mera técnica, ese plus es el "duende" del que hablaba García Lorca.
Hay que buscar un punto de equilibrio entre el clasicismo y el romanticismo. Las reglas son necesarias, pero no suficientes. En un buen poema hay oficio, pero un buen poema es algo más que oficio.
Álvaro | 21 de Diciembre de 2007 - 05:46 PMMe parece que en efecto, el verdadero poeta es capaz de disfrazar el andamiaje del poema, de trabajar sus versos, sin que se sientan forzados ni fríos.
Y que por lo demás, "ser poeta" implica una visión de mundo, una actitud hacia la vida y hacia todo. Es una actitud especial que no todos tenemos. Es ese "tener duende" que menciona Álvaro.
Yo también he escrito poemas pero no me considero poeta porque me falta esa actitud poética de la que hablo y me reconozco plenamente narradora, que es muy diferente.
Saludos a todos y muchas gracias por sus valiosas opiniones.
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No estoy de acuerdo. ¿Seguirás leyendo? Bueno, prosigo. No estoy de acuerdo en que sea un género peculiarmente difícil por ser difícil y ya.
Primero, antes de "saber" escribir, hay que sentir. Sentir de una manera peculiar, y buscar una forma de transmitir este sentir (porque no es un "sentimiento") manteniendo la identidad del sentir. Estoy de acuerdo en que hay que editar la poesía, pero un escrito no logra ser poesía si no ha logrado tranmitir ese sentir.
Hace años, creí que era un "sentimiento". La pasión del amor, la pasión de cristo, la venganza, el odio, cuando se mueven como fuerzas, como que dejan de ser sentimientos. Un amigo me explicó su muy compleja teoría del "sentir" y los "sentires". Bueno y encontré que es una palabra diferenciadora de sentimientos, porque no es el sentimiento del amor lo que se transmite en una poesía de amor, sino su sentir, tal vez me he confundido con pasión.
Te dejo el turno para que me digas si lo he confundido.
Por lo tanto, puede que una poesía haya sido mal escrita, pero si está lograda como tal... es poesía. Eso no lo decide quien la ha escrito, sino el otro, tú en este caso, que "podaste" esa poesía. Lo cual, estoy de acuerdo, debería haber hecho el/la que la escribió.
Identidad entre el sentir y lo expresado.
Carlos Olvido | 20 de Febrero de 2008 - 07:38 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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