6 de Diciembre de 2007
"El cuento no vende"
Es curioso como a veces un tema nos acosa por vías diferentes. En los últimos días hay una frase que he estado escuchando de manera recurrente: “el cuento no vende”.
No es la primera vez que la escucho. Tengo dos libros de cuentos inéditos y publicarlos ha sido bastante difícil, tanto que ya ni los ofrezco ni pienso en hacerlo. Uno de ellos, llamado Crónicas para sentimentales, me hubiera gustado publicarlo inmediatamente después de Cuentos sucios pues siempre me parecieron libros hermanos, dos caras de una misma moneda. Si en Cuentos sucios exploraba los amores torcidos, en Crónicas para sentimentales exploraba el romanticismo, los amores platónicos y la fraseología de la cursilería.
Los cuentos de ambos fueron escritos en la misma época, pero por su diferencia tan radical de enfoques, decidí repartirlos entre dos libros donde los títulos de cada uno orientaban hacia su contenido y el ambiente general trabajado.
Aunque Crónicas para sentimentales ganó un concurso en El Salvador (que no incluía publicación), lograr editarlo ha sido imposible. Solamente una editorial de España me dio una explicación de contenido sobre el por qué no le interesaba publicarlo, cosa que les agradezco y que me demuestra su seriedad como editorial en medio de un mundo de publicación cada día más orientado hacia el comercio que hacia la literatura en sí.
El pretexto que más he escuchado para no publicar ese libro o el otro que también está inédito es que “el cuento no vende”, que a la gente no le interesa leer cuento y que las editoriales no pueden publicar cuento a menos que sean de un “autor consagrado” que es el único que garantiza que se va a vender, y eso más o menos.
Esta aseveración me sorprende, porque últimamente es algo que también comenzamos a escuchar mucho en Centro América, donde hemos tenido una fuerte y larga tradición de escritura y publicación de cuento.
La frase me la volvió a decir alguien la semana pasada, mientras nos tomábamos un café. Me sugería que sería bueno publicar un libro acá en Costa Rica, y algo mencioné de mis libros de cuentos. “Pero el cuento no se vende”, me dijo también. Luego en Babelia, Luis Antonio de Villena habla en defensa no sólo del cuento sino también del corto cinematográfico y aunque no con las mismas palabras, menciona esa “discriminación editorial” que se hace ahora del cuento:
En España hace ya mucho tiempo que cuando un autor, incluso conocido, lleva un libro de cuentos -o de relatos suele preferirse, no sólo para aquilatar sino quizá también para meter menos miedo- a su editor, éste se sobresalta. Le pagará menos anticipo, desde luego; probablemente la tirada será bastante menor y el problema (dicen) está en los lectores. Según esta generalizada teoría al lector español le gusta poco el cuento como le gusta poco la poesía. Prefiere -pese a la cultura de la imagen- una gruesa novela-río que le dé lectura unas vacaciones enteras...¿Realmente al lector ya no le interesa leer cuentos o relatos? Hace unos meses, un querido amigo me dijo una frase, mientras discutíamos sobre ciertas decisiones editoriales, que no he podido olvidar: “¿Es que las editoriales creen que los lectores somos estúpidos?”.
Esa pregunta siempre vuelve a mi cabeza cuando veo ciertos libros o autores publicados y anunciados con gran bombo y platillo como si fueran el paradigma universal de la literatura. Uno los lee y se decepciona por su pobre calidad narrativa o porque son refritos de cosas que uno ya leyó antes. Al final uno se queda con la sensación de “mucho ruido para tan pocas nueces”.
Como escritora y por haber incursionado en la escritura del cuento, el género siempre me resulta interesante y leíble. Como lectora estrictamente, yo prefiero andar conmigo en la calle un libro de cuentos. Puedo leer un cuento mientras espero en el banco o en cualquier lugar donde tenga que hacer una fila de espera. Puedo leer un cuento antes de acostarme, sobre todo en épocas en que por exceso de trabajo y cansancio y sobre todo por falta de tiempo, no puedo leer de manera continua.
Una novela no sólo requiere un tiempo continuo de escritura. También requiere un tiempo continuo de lectura. Si uno toma una novela, lee un capítulo y lee el siguiente dos semanas o un mes después, algo de la gracia y del ambiente que esa novela crea en uno se dispersa. En estos tiempos de prisas, aceleración y exceso de todo, leer cuento podría de hecho ser una alternativa menos repelente para aquel que se excusa de no leer porque “no tiene tiempo”.
Por lo demás, el cuento me parece el género ideal para iniciarse en la escritura de la narrativa. Aunque el cuento tiene su universo y sus reglas propias, la extensión limitada del texto sirve como un buen campo de experimentación y aprendizaje para intentar luego un proyecto más largo, como la novela (sea corta o larga).
Por supuesto, el continente americano se distingue por una larga lista de autores que son maestros del cuento. Nada más digo dos nombres: Juan Rulfo y Jorge Luis Borges. Pensando en este post, me preguntaba a mí misma, ¿qué sería del cuento si nadie hubiera publicado El Llano en llamas o los cuentos de Borges? ¿Y Cortázar y Ambrose Bierce y Edgar Allan Poe y tantos, tantos otros?
Habría que dejar de tratar al cuento como “la cenicienta” de los géneros literarios y darle su lugar y su importancia. Pero creo que de eso, los lectores estamos muy claros, aunque las editoriales no lo crean. Jacinta a las 03:09 PM | Referencias 0
(Pese a alguna que otra exageración) estoy casi enteramente de acuerdo. El cuento es versátil, se engancha a cualquier lugar y momento. El cuento es inolvidable por su contundencia. El cuento es el terreno predilecto de los lectores y escritores novatos, y la provincia donde reinan los más grandes autores. Y Kafka y Bioy Casares y Silvina Ocampo y Raymond Carver y Lovecraft y Saer y Bradbury y todas esas colecciones de cuentos para niños y adolescentes que nos maravillaron al principio y todos esos cuentos que nos cruzamos en alguna revista y cuánto más...
JM | 6 de Diciembre de 2007 - 09:59 PMEstoy de acuerdo con lo que exponés, el cuento es un género enteramente diferente. Es perfecto para desarrollar temas en los que la profundización sobra o se requiere contundencia como dice JM. Como lector, siempre me he visto atraido por los libros de cuentos, puesto que es más fácil encontrar un cuento bueno junto a uno malo que encontrar una novela mala que se pone buena hacia el final. Además de lo que citas respecto de tiempo de lectura. Así como hay novelas de aeropuerto para los vuelos largos, asi hay cuentos para las filas y los viajes en bus.
A pesar de que la consigna de los editores es que el cuento no vende, lo que en realidad quieren decir es que no vende `tanto` como la novela. En vista de que la lógica de muchas editoriales es mercantil, vale entonces menos el cuento que la novela y más que la poesia.
Es importante hacer notar que una gran parte de la narrativa centroamericana actual se ha creado en un formato que no supera las 200 páginas por novela. Muchas veces los textos tienen en realidad 80 o 90 páginas y se les extiende con divisiones capitulares para darles cuerpo y que parezcan un libro.
¿Quiere decir esto que es el criterio editorial el que dicta el formato, y entonces indirectamente los temas, de lo que escriben los escritores actuales?
Me consta que muchos escritores escriben cuentos porque el tema a mano se los exige, pero terminan dejandolos a un lado como una especie de bocadillo de prueba de pasillo de supermercado, para ser metidos en antologias o revistas, o sino, horror de horrores, maquillandolos para que puedan fungir como un capitulo mas en la novela de turno.
¿Qué habría sido de Borges en estos tiempos? Talvez, como decía Ignacio Echeverria, hubiese escrito Los Detectives Salvajes.
Juan Murillo | 7 de Diciembre de 2007 - 05:06 PMJuan: tocás de rebote por ahí un tema que de hecho daría para otro post, y es cuando decís si con estas medidas el criterio editorial dicta el formato e indirectamente los temas sobre los que se están escribiendo.
Saludos.
La realidad, como escritor y lector voraz de cuento y novela (y lo que me pongan), me parece evidente: el cuento es el género de la perfección, la novela el del juego y el error. No creo en eso de escribir cuento para prepararse a escribir una novela. Debería ser al revés. De lo ridículo pasar a lo sublime.
guillermo b. | 11 de Diciembre de 2007 - 04:27 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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