23 de Noviembre de 2007
¿"Reglas" para la supervivencia de la novela?
La primera vez que leí el artículo de Vicente Verdú titulado “Reglas para la supervivencia de la novela” (publicado en Babelia el fin de semana pasado), pensé que se trataba de una broma. Así es que lo volví a leer una segunda vez, tratando de encontrar la palabra clave que me revelara que todo se trataba de una ironía, pero no la encontré. Y tuve que volver a leerlo una tercera vez porque había muchas cosas con las que de plano no estoy de acuerdo (como suele sucederme con los artículos de Verdú, el mismo señor que dice que los animales no ríen).
El artículo arranca hablando sobre los últimos premios Herralde, que han caído todos en Latinoamérica. Según Verdú:
La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema. Sucede de la misma manera que con las películas de autor, que, si antes procedían de Italia, Francia o Alemania, ahora brotan en Irán, Irak, China, India, Argentina o Senegal, puesto que el cine de autor como la novela de argumento son productos que caducaron en territorios de la Metrópoli mucho antes de iniciarse el siglo XXI.Más adelante continúa diciendo:
... en la narración es torpe seguir como si no existiera publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o la blogosfera. Quienes en los países donde se han desarrollado las nuevas formas de comunicación continúan redactando novelas a la antigua usanza atienden sólo a los lectores vetustos, incomunicados o burdos.
De su decálogo de supervivencia, las “reglas” que más me impactaron fueron las siguientes:
2. La fantasía, la intriga -y tanto más cuanto más enrevesada resulta- debe considerase un recurso estereotipado e indicio, a la vez, de no aspirar a mucho más que un sudoku.Sobre los decálogos de escritura siempre pienso que, al igual que la moda, hay que tomar lo que a uno le acomoda. Y que dichos decálogos o “reglamentaciones” no hacen más que reflejar las concepciones particulares y la experiencia de escritura de un autor. Por lo demás, pienso que muchas veces los escritores pasamos por etapas diferentes, vamos variando nuestras concepciones, intereses y búsquedas literarias; supongo que el concepto que teníamos sobre la literatura cuando comenzamos a escribir no es el mismo varios años (y libros después) de escritura.4. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una novela contemporánea que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia. La ignorancia del blog y de los mensajes cortos, del discurso corto y cambiante, puede llevar, excepcionalmente, a una obra apreciable pero se tratará de esa clase de valor que encuentran las alhajas y los cuadros escondidos en el polvo de los museos. Una obra viva debe tener en su alma la actuación de su presente porque de otro modo contribuirá a hacer de la literatura la estampa de una dedicación embalsamada. ¿La muerte de la literatura? Sin duda diversos novelistas de hoy perviven gracias al culto funerario del género y al amparo de lectores melancólicos que transpiran alcanfor.
8. ¿Ficción? Si la obra literaria, las fórmulas matemáticas, las piezas musicales son siempre y en todo caso autobiográficas, entonces ¿para qué fingir? Si, como se reconoce, la realidad supera siempre a la ficción, entonces ¿para qué fantasear? El autor habla mucho mejor de lo que conoce personalmente y peor de lo que maquina deliberadamente. La ficción, en fin, pertenece a los tiempos anteriores al capitalismo de ficción. Si la literatura aspira a conocer algo más sobre el mundo y sus enfermos su elección es la directa, precisa y temeraria escritura del yo.
La transmisión de lo personal da sentido, carácter y contenido a la comunicación. No hay comunicación sin comunión, no hay comunión sin comunidad, no hay comunidad sin sinceridad, no hay sinceridad sin volcar lo personal.9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector, entre las aventuras, las pasiones o los dolores que se comparten en la secuencia del texto.
El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la hipocresía, la cursilería, el amaneramiento o la vana pretensión de saberlo todo por parte del narrador a la manera insufrible de la voz en off en los años cincuenta del cine. No hay verosimilitud en esa voz que ahora se recibe como el cénit de la impostación, el reverso de la verosimilitud y la frescura. El autor/creador, que se endiosa atribuyendo a sus personajes el don de criaturas que adquieren vida propia, se despeña en su misma metáfora de acartonado Frankenstein.
Descartar la fantasía y la intriga por considerarse “recursos estereotipados”, ¿qué implica? ¿Que debemos limitarnos a escribir estrictamente no ficción, como también lo sugiere el punto 8? Quizás el Sr. Verdú lo dice por todos aquellos que, seducidos por los cantos de sirena de libros como Harry Potter o el infumable Código DaVinci, gracias a los cuales sus autores ahora son millonarios, quieren escribir ese tipo de libros. Porque hay que ser claros: hay un montonazo de gente que quiere ser escritora para llegar a esa "fama" y a esos dólares, que se cree que la vida del escritor es glamorosa y llena de aventuras (no me hagan reír que me duele...) y que no tienen el menor interés en el lenguaje ni en la literatura en sí.
El punto 8 descarta por completo el uso de la imaginación como un recurso literario. Inventar historias, personajes, situaciones, países y mundos inexistentes debería entonces dejar de hacerse, según Verdú. Habla de la no ficción como la transmisión de lo personal, lo que da sentido, carácter y contenido a la comunicación. No sé. ¿Acaso la imaginación no es también un reflejo, una transmisión de lo personal? Si un escritor hoy en día se sienta a imaginar mundos y personajes irreales, a inventar historias de dragones, extraterrestres o distopías, ¿no es precisamente porque parte de una necesidad de evasión de la realidad que lo colma y de la cual necesita distanciarse? ¿No son esas imaginaciones simbolismos que parten de la realidad del escritor? ¿Acaso no es la evasión, a través de la ficción, una de las motivaciones válidas para escribir?
De hecho me parece que toda motivación es válida para escribir. La más esencial es la de sentir que se tiene algo qué decir, una historia qué contar. Es y siempre ha sido una de las funciones primarias del ser humano, inventar historias y contarlas. De no serlo, no existirían las mentiras ni las leyendas ni los libros. ¿Qué sería del ser humano sin la imaginación?
El escritor no debe olvidar inventos, dice Verdú, como los blogs, los chats, YouTube y todo lo demás. Alguna vez leí un artículo en el que Sergio Ramírez fantaseaba con la idea de escribir un libro que incorporara todos estos artilugios electrónicos. Sería sin duda un asunto interesante, pero creo que después de la novedad, se nos acabaría la sorpresa y por lo demás, esos libros no podrían más que verse a través de internet o de un aparatito como el que acaba de lanzar Amazon.
Y por último, Verdú clama por escribir nada más que en primera persona. La tercera persona le parece el colmo de la falacia. Pero si todos los escritores vamos a escribir en primera persona y nada más hablar de la realidad, creo que no habrá necesidad de escribir novelas ni cuentos ni poesía y nos podemos limitar a escribir blogs. How boring is that?
No sé por qué hay gente que se empeña en hablar de la muerte de la novela y de la muerte del libro (ésta última discusión vuelve al ruedo con la aparición del Amazon Kindle). Yo la verdad es que no los veo en peligro. La novela podrá ir cambiando y evolucionando como un proceso natural y aunque se dejen de publicar libros porque se acabaron los bosques del mundo, todavía existirán los que ya están publicados, los libros de su biblioteca y la mía. Ésos no los vamos a destruir... a menos que nos toque un tiempo como el de Farenheit 451.
Pero bueno. Seguiré siendo (según el concepto de Verdú) una escritora anacrónica, anticuada, imaginativa y decidida a escribir como yo creo, como yo quiero, como yo necesito. A estas alturas, ésa es mi regla a seguir. Jacinta a las 03:19 PM | Referencias 0
Pues yo creo que lo que concluyes, que nos podemos limitar a escribir blogs, es lo que se puede extraer del "decálogo" de Verdú... personalemnte no lo entiendo, me parece no tanto una tontería como algo completamente gratuito e innecesario.
Respecto a los blogs tienen su sentido en su medio, la red... la narrativa debe ser otra cosa.
Yo creo que se escriben decálogos y cánones simplemente para discutir sobre lo estúpidos que son.
No te preocupes... sigamos anacrónicos... es cuestión de tiempo.
Un saludo
Gracias Portnoy. No sé cuál sea la intención de Verdú con ese artículo más que provocar discusión alrededor de cuestiones muy improbables (total, estaba en la sección "Debate" de Babelia), pero no sé por qué, me queda todavía la idea que Verdú está tomándonos el pelo, porque no puede ser en serio.
Saludos.
Verdú creo que juega al billar: lanza la bola contra unos novelistas latinoamericanos tradicionales (según él), pero su objetivo es gente como Pérez Reverte (muy importante en el mercado español y muy trasladado al cine a este lado del mundo).
Yo no lo tomaría en serio, más que nada porque sus ideas ya estan sobadas aunque las venda con nuevo envoltorio.
Ya escribir un decálogo es un pelín anacrónico.
Lo que no entiendo, Jacinta, es por qué opones realidad e imaginación. Creo que la gran literatura realista es inconcebible sin la imaginación. La imaginación no sólo crea mundos inconcebiles, también crea mundos posibles y no siempre busca la evasión. El tema es harto complejo.
Un saludo.
Álvaro, tenés razón en que la literatura realista es inconcebible sin imaginación y como dije, una historia por muy imaginativa que sea, parte de la realidad propia del escritor. Eso es inevitable.
Es quizás un asunto personal muy mío, porque como lectora estoy cansada de leer libros "hiper realistas". Supongo que al final, se trata de libros mal escritos, que dejan destapada su estructura interna o que por lo menos a mí me resulta muy obvia.
Creo que vivimos en un mundo tan saturado de "realidad" (noticias, blogs, TV, documentales), que yo por lo menos, cuando tomo un libro quiero que me cuenten historias super diferentes.
Por cierto que hace poco vi la película Alatriste y por casualidad encontré el libro esta semana. Leí la primera página y me quedé enganchada, así es que lo tuve que comprar. Cuando lo termine, comentaré por acá.
Saludos.
Hola Jacinta, participo acá por primera vez, me temo que para meter algo de cizaña, por estar en desacuerdo. Claro, esta es una de las ventajas de los blogs, poder disentir y expresarlo y al mismo tiempo celebrar todas estas diferencias...
Hoy me robé su referencia al texto de Verdú y anoté en mi blog algunas ideas al vuelo con las que no congeniará. Por ejemplo esta curiosidad: usted dice que estamos saturados de “realidad”, a mí me parece exactamente lo contrario, que estamos saturados de “ficción”. Tal vez no tanto las personas que se mantienen informadas en medios fiables y leyendo libros y viendo documentales, pero sí la gente que vive día a día en un trajín sin pausa, de la oficina al sofá a ver telenovelas o “reality shows” (el éxito de esos shows, por cierto, ¿no se deberá a cierto cansancio de la gente con tramas ficticias?) o esos noticieros que, para mucha gente, me parece, no hablan de la realidad tal cual, sino de una realidad que asumen de manera tan indiferente, fugaz y distante, que más pareciera ficción. Porque la gente ve a diario del asesinato de fulano y que mengano chocó y mató a cuatro y ve la historia terrible de la familia X caída en miseria, etc., ¿pero es que todo eso es real para el espectador promedio de noticieros?
A veces todo eso me parece más bien una especie de ficción en píldoras que simulan ser reales, o que, más exactamente, la gente escucha como realidad pero asume psicológicamente como ficción: algo que pasó rápidamente por la pantalla y a los dos minutos ya no existe más que como imagen que se difumina... O los miles y miles de personas que viven embebidas en el mundo de la facilona ficción hollywoodense, por ejemplo, y que casi llegan a pensar que seguro así es o debe ser la vida “real” y que la de ellos es por eso empobrecida...
Moderando, tal vez, las posiciones un tanto extremas de Verdú, creo que es a esto a lo que se refiere, a esa insistencia en historias evasivas, rápidas, casi de machote, que se suceden sin cesar en el cine comercial y que alguna parte de la literatura se ha dado a repetir.
Pero no creo, y en esto coincido con usted, que haya que llegar al extremo de negar la imaginación o la fantasía, de echarlas al olvido o simplemente no usarlas en la escritura por creer que son inútiles... Como tampoco habría entonces que olvidarse de la tercera persona para solo escribir yo, yo y yo... Todos los extremos son igualmente ridículos e insufribles; lo que yo extraería del texto de Verdú es que quizá sería más necesario, hoy, contrarrestar toda esa banalidad de historias reproducidas, casi idénticas, con relatos más personales, no porque esas historias estén mal o caducas, sino como una suerte de resistencia de las personas comunes y corrientes, sin vidas excepcionales (que no son ni Harry Potter ni el tipo del Código da Vinci ni héroes cualesquiera sino simplemente unos seres humanos más), por estar alguna vez, acaso en un libro, por encima de toda esa furia de imágenes que hoy satura nuestras vidas. Simplemente por que se les tome en cuenta. No se trata de elegir entre “yo” o “él”, ni entre ficción o realidad; la literatura o, en general, la escritura, no podrá jamás prescindir de esas mezclas.
Por otro lado, que Verdú haya escrito un decálogo me tiene sin cuidado. Lo de si son “reglas” o no o si él mismo las asume así no creo tenga mucha importancia. Igual podría haber escrito un solo párrafo o veinte. Las reglas no le vienen bien a la literatura, nunca le han venido bien, y en eso nada cambiará si una persona o mil quieren imponerle reglas. Las reglas, como cualquier estructura, siempre podrán ceder, solo hace falta empujarlas. Usted misma lo confirma al terminar este texto diciendo que está “decidida a escribir como yo creo, como yo quiero, como yo necesito”. Esa es una de las ventajas del “yo”, precisamente, cuestionar las reglas de otros e intentar imponer la suya, propia y singular.
He abusado con mi comentario. Le dejo un saludo cordial.
Estimado Pezenseco: gracias por su comentario tan detallado, pues creo que su perspectiva es interesante y acertada (y no es cizaña ni abuso). Quizás yo me he explicado mal, o no tan detalladamente como usted lo hace. Coincido muchísimo con usted en lo que podríamos llamar la "banalización" de la realidad (que me parece un término más correcto que el que yo vengo utilizando de "saturación" de la realidad). El exceso de imágenes y el acceso facilón a los medios nos hacen (por desgracia) ver muertos y heridos y olvidarnos de ellos a los pocos minutos igual que nos olvidamos de cualquier show tipo "bailando por un sueño".
Hemos hecho de la realidad (de la verdadera realidad y no de los reality shows), un espectáculo que se mira y se olvida. Es desde ese sentido en que no me gusta ver "aplicada la realidad a la literatura", porque me parece que la seguimos banalizando (a la realidad) y que ya tenemos suficiente de eso.
Por otro lado, es cierto, también tenemos un exceso de libros que nos hacen pasar como "literatura" pero que dejan mucho que desear y que se hacen "famosos" porque tienen detrás una estructura de mercadeo que los impone frente a otros libros (o editoriales) que no cuentan con tanta presencia mediática.
Claro que la literatura se alimenta de la realidad, pero hay que balancearla con la fantasía, el lenguaje, la estructura y todo lo que la hace "ser literatura", y aunque se hable en primera persona (un recurso literario muy válido), ojalá ese yo tenga la habilidad de tocarnos a todos y de hacer que los lectores nos identifiquemos, como suelen lograr los grandes escritores.
Saludos.
Verdú contrapone imaginación y realidad, pero habría que preguntarse ¿que noción de realidad defiende alguien que prefiere "la primera persona" como forma de enunciación ideal para la literatura? El escritor aquí sería más un testigo de sí mismo que un testigo de la realidad.La noción de realidad que defiende Verdú, cuando reniega de la ficción, acercaría la literatura al dietario.
Su noción de la realidad es por lo tanto problemática.
El realismo es complejo, el buen realismo no reniega de la imaginación ni del trabajo composItivo ni del estilo.
Pienso, por ejemplo en el realismo socialista que era de todo menos realista.
Un realismo como el de Grossman (que traspasaba las fronteras de la propaganda) fue censurado en la extinta Unión Soviética.
alvaro | 25 de Noviembre de 2007 - 10:21 AMLo de Verdú es puro golpe en el pecho y pose, provocador por lo reaccionario en intransigente, esperando provocar muchos comentarios como los que aqui leemos y escribimos.
En cuanto a la contraposición realidad y ficción, la dicotomía no es tan clara como se piensa.
¿No es tan real mi recuerdo de algo que vi en la tele y senti profundamente como de algo que me paso y lo recuerdo posteriormente?
De la ficción (sueños, rumores, falsos recuerdos, mitos urbanos, libros, programas de tv, cine) en muchas de sus modalidades nace la realidad y la realidad es el alimento nutricio de la ficción.
Yo propongo que ambas comparten una naturaleza y son la misma cosa. Que nosotros, a quienes terminos como La Verdad o La Realidad nos importan tanto, somos quienes nos esforzamos en separar en dos lo que en el fondo es una sola cosa.
Lo que se cree real tiene consecuencias reales en la realidad.
depeupleur | 29 de Noviembre de 2007 - 05:34 AMGracias por tu comentario Depeupleur. Me parece muy acertado lo que decís, la ficción y la realidad son dos caras de la misma moneda, una alimenta a la otra.
Jacinta | 1 de Diciembre de 2007 - 10:48 PMCreo que al libro, como al papiro o al pergamino, le llegará su momento de ser obsoleto.
Pero todavía no.
Pero no con los substitutos que proponen hoy.
manuel | 3 de Diciembre de 2007 - 05:54 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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