6 de Noviembre de 2007
13 (Tzameti)
¿Qué estamos dispuestos a hacer por dinero, sobre todo cuando nuestra situación es extrema, precaria, casi insoportable?
Sébastien trabaja arreglando casas, es inmigrante y vive con su familia en situaciones algo precarias. Ha recibido un encargo para arreglar el techo de una casa, pero sus habitantes, una pareja algo extraña, no pueden pagarle: el hombre muerte de una sobredosis de heroina y la mujer deberá partir pues la casa será vendida pronto por su cuñada.
Sin embargo, Sébastien ha escuchado que había un “negocio” que el hombre debía hacer, para lo cual ha recibido un boleto de tren y una reservación de hotel. Sébastien, de manera involuntaria, se hace del boleto y decide ir para averiguar de que se trata el posible negocio.
Luego de un viaje y algunas llamadas, se da cuenta que lo que hay detrás del dinero es un juego y fuertísimas apuestas. ¿El juego? Una variante bastante espeluznante e inimaginable de la ruleta rusa...
13 (Tzameti) es una estupenda película de suspenso dirigida y escrita por Géla Babluani, originario de Georgia. Ésta fue su primera película, que dirigió a los 26 años.
Uno de sus aciertos es que está en blanco y negro. El color es totalmente innecesario, puesto que permite al espectador concentrarse en la trama totalmente; la ausencia de color contribuye además al ambiente muy oscuro de la historia y sus personajes.
La construcción de la curiosidad del espectador está muy bien lograda, pues no hay ninguna pista de lo que podrá ocurrir más adelante ni de qué se trata el famoso juego al que nos veremos confrontados. No solamente eso, sino que cada ronda del juego tiene variantes, por lo que el enigma de lo que podrá ocurrir nos obliga a permanecer clavados a la pantalla.
El centro de la película, las escenas del juego, son de un suspenso casi insoportable. Uno se siente que está tan metido en la acción que suspende su respiración mientras se desarrolla la trama. El director tuvo además el buen gusto de no presentar imágenes demasiado gráficas y desagradables para aquellos espectadores delicados. Admito que la trama y el suspenso tan bien construidos me impresionaron tanto que en la noche soñé con un par de detalles de la misma.
El final es igualmente inesperado. Y triste. En todo caso, mientras Sébastien emprende el camino de regreso a casa hacia el final de la película, me preguntaba si luego de una experiencia así no se vería alterada profundamente la personalidad de alguien que había sido un muchacho callado, trabajador.
Leyendo una entrevista con su director, me sorprendió saber que la historia fue escrita por él cuando tenía 19 años, luego de salir de Georgia e irse a vivir a Francia. La historia era un poco el reflejo indirecto de la violencia en su país. Tuvo que dejar pasar algunos años para decantarla y poder armarla en clave de cine y el resultado es realmente sorprendente.
Si la ve anunciada en la programación de Cinemax (donde yo la vi el fin de semana), no se la pierda, pero procure verla desde el primer minuto para asimilar la construcción de toda la historia y sus detalles.
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