31 de Octubre de 2007
Halloween, fines de los 60
La primera vez que llegamos a casa de mi tía materna en Fayeteville, Carolina del Norte, recuerdo muy claramente que ella me puso en la mano una calabaza anaranjada de plástico, que estaba hueca, tenía dibujada una carita y un agarradero de plástico negro. Como todavía no hablaba inglés, no entendía de qué iba el asunto y mi madre, que obró de intérprete, me preguntó que si no quería ir con mis primas a pedir dulces a las casas del vecindario. Yo no entendía nada. ¿Pedir dulces en las casas del vecindario? Sí, y volverás con la calabaza llena de dulces...
Así es que de pronto me vi en la calle, con guantes, abrigo y algún sombrerito divertido, que era lo más cercano que yo llegaría a tener como disfraz, junto con una máscara de plástico sobre la cara que odiaba porque me calentaba el rostro y porque me parecía que ya era yo lo suficientemente fea como para ponerme otra fea máscara encima. Me sentí ridícula. Pero como en casa las órdenes no se discutían, no tuve más remedio que salir con mis dos primas gringas a ir de puerta en puerta por las calles del vecindario gritando “trick or treat!”.
No era tan malo aquello de andar pidiendo dulces de puerta en puerta. Cuando regresábamos a casa mis dos primas y yo nos tirábamos sobre la alfombra del cuarto, vaciábamos las calabazas e inspeccionábamos el botín. Yo, con ese microchip del orden que tengo instalado en mi cerebro, hacía montoncitos y clasificaba mis delicias, mientras mis dos primas se peleaban por ver quién había logrado más y mejores dulces.
Hacía un montoncito de los dulces que de plano se miraban guácala, mal empacados o “sospechosos” (en aquellos años de dulce inocencia infantil, no temíamos que algún psicópata nos diera dulces con drogas o envenenados, ese pensamiento ni existía). Luego estaban los dulces más comunes, que yo juntaba por volcancitos: candy corn, Tootsie Rolls, chicles Bazooka, unas deliciosas paletas de caramelo llamadas Sugar Daddy, cajitas de Cracker Jack’s, los besitos Hershey y cosas menos interesantes como manzanas, galletas y otras golosinas que ya no recuerdo. Como todos eran dulces nuevos para mí, esa primera noche, que además nos dejaban acostarnos tarde, probaba uno de cada uno para ver cuál me gustaba más.
Mi sistema organizativo tenía además doble función. El conocimiento de la cantidad y variedad de golosinas me servían para administrarlos durante los siguientes días. Como nunca fui golosa, los dulces me duraban hasta casi un mes después, y ésa era mi competencia personal con mis primas. Cuando ellas ya no tenían nada, yo todavía tenía provisiones para varios días.
Halloween fue entonces algo así como mi rito iniciático a los Estados Unidos. Era algún año de fines de los 60 y como se convertiría en costumbre, pasaríamos allí los 3 meses de mis vacaciones escolares, mientras mi padre se quedaba en El Salvador. En los años siguientes por lo general coincidíamos con esa festividad y ya sabía yo que mi tía me estaría esperando con la calabaza de plástico para que saliéramos al Trick or Treat con mis primas.
No sé en qué se habrá transformado el Halloween actual. Sé de casos en que los padres prefieren hacer fiestas en casa y no dejar a los niños merced de algún loco en las calles o de alguien que vaya a darles dulces inyectados con droga o veneno. Nunca dejó de sorprenderme, por otra parte, que la fiesta se colara poco a poco entre las efemérides centroamericanas, con sus variantes locales.
Pero ahora que lo recuerdo, no dejaba de ser bonito ver a un montón de niños disfrazados o con máscaras, caminando con bolsas o calabazas de plástico, recogiendo un botín de golosinas de puerta en puerta, tranquilos, por las calles de su vecindario.
(Foto: un gatito listo para salir de Halloween. ¿Será que su calabaza volverá llena de tiernos y crujientes ratoncitos? AFP/Yoshikazu Tsuno).
Jacinta a las 02:39 PM | Referencias 0Esta es una festividad importada a Costa Rica, pero que no es del todo fea ni disonante, y eso que no me gustan las intromisiones. Como digo siempre: tomar lo bueno y deshechar lo malo. Saludos playeros!!
homosurfus | 1 de Noviembre de 2007 - 03:51 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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