29 de Octubre de 2007
La vida secreta de Mr. Dickens
Siempre que salgo a la calle estoy atenta por si encuentro a Mr. Dickens por ahí. Me muero de la curiosidad por conocer su historia, lo que hace cuando no está aquí. Me preocupo por él. A veces me imagino que se la puede pasar difícil, siendo él un gato tan callejero y que corre peligros que ni puedo imaginar. Lo que más temo es que lo atropelle un carro o que algún malvado ser humano, de esos que son legión en este mundo, lo mate por puro gusto. Me hago a la idea de que un día simplemente dejará de venir y que será porque ha muerto por ahí.
Cuando llueve a cántaros ruego que haya encontrado un lugar donde guarecerse aunque muchas veces ha venido totalmente empapado y entonces parte del ritual de bienvenida es tomar una toalla y secarlo desde la punta de sus accidentadas orejas hasta la cola, tratamiento que él disfruta con máximo placer. A veces hasta creo que se moja a propósito con tal de que yo lo frote con la toalla.
En esa búsqueda de los capítulos secretos de la vida de Mr. Dickens, he logrado conseguir dos piezas para el rompecabezas. Un día salí a la tienda de aquí a la vuelta a buscar algo y pasé por una casa vecina. La señora tiene algunos gatos y siempre es nuestro tema de conversación, los gatos. Ella deja una ventana abierta al frente de su casa, para que sus felinos entren y salgan a su antojo. Entonces voy caminando y veo a un gato echado en el borde de la ventana. Y luego reacciono, retrocedo dos pasos y lo confirmo: ¡es Mr. Dickens!
Yo lo llamo, Dickens, ¿qué estás haciendo ahí?, y él nada más me mira. Yo sigo mi camino hacia la tienda y me queda la duda si ésa es su verdadera casa, así es que me propongo que cuando vuelva a ver a mi vecina se lo pregunto.
Otro día tuve que ir a sacar unas fotocopias y caminé por una calle cercana, donde pasa la vía del tren y que va hacia la Calle de la Amargura. Me llamó la atención un gato que iba cruzando la calle, apuradísimo, y se escondió debajo de un carro. En efecto, era él, Mr. Dickens. Esa visión confirmó mis miedos. Dickens cruzando las calles, rodeado de seres inhóspitos. Siempre me lo he imaginado pululando en las noches por la Amargura, con todos esos borrachos y drogos por ahí...
El sábado en la mañana, cuando iba a comprar pan y leche para el desayuno, me encuentro a mi vecina. Le pregunté si el gato gris, cara redonda, nariz rosada y que le falta un pedazo de oreja es suyo. Ah sí, me dice ella, ese gato no es mío, pero es el papá de los gatitos de una de mis gatas. La preñó cuando tenía 4 meses (¡Dickens es un asaltacunas!) y desde entonces llega absolutamente todos los días a su casa, visita a la gatita, come, da una vuelta por toda la casa y duerme en la cama de la señora. Y lo llama simplemente “El Gris”.
Yo escucho la historia totalmente divertida y entonces le cuento mi parte: que el gato llega todos los días, a comer y a dormir en el único silloncito que hay aquí, y que ha sido la mejor cura para la Loli luego de su depresión por la muerte de la Boni. Ah sí, me dice la señora, es que El Gris es buen amigo de los gatos, no se pelea con los gatos de la casa y más bien juega con ellos y todo, es muy cariñoso, se deja chinear por nosotros. Una espinita de celos me pica el corazón. ¡Dickens me traiciona!
Entonces yo le cuento que lo llamo Mr. Dickens, como el novelista. Ah, qué bonito, me dice la señora. También le cuento que ya lo desparasité y que le pongo remedio antipulgas. Ah, qué bueno, me dice la señora.
Ambas nos reímos del Gris Dickens y nos preguntamos cuál será su verdadero origen, sus otras familias y/o casas que visita. Ella cree que es gato de alguien, pero que quien sea el legítimo dueño no lo cuida, y que por eso visita otras casas y se deja mimar y consentir por otros.
Así es que aquella tarde, cuando Gris Dickens llega por sus sagrados alimentos vespertinos, lo tomo entre mis brazos y lo regaño: “Ajá, conque te llaman Gris...”. Dickens me mira con una expresión de gran inocencia que dice: "no te apures por eso nena, tu eres mi chica y puedes seguir llamándome Dickens".
(En la foto, Mr. Dickens metido en el lavamanos, uno de los lugares donde le gusta dormir).
Jacinta a las 02:45 PM | Referencias 0Yo comparto contigo las mismas preocupaciones por mi gato el no es tan callejeo como el tuyo pero es muy humilde y aveces la gente se aprovecha de el, varias veces he tenido que sacarlo de dificultades, y siempre me preocupo cuando sale, o cuando llueve y no esta en mi casa.
Salu2
Ingrid
creo que a todos los amantes de los animales nos pasa eso, cuando están callejeando pensamos en que no les pase nada, como están? si tardan mucho en volver, pensamos si les habrá pasado algo.
en mi caso tengo 3 gatos hermosos, pero hay una que no puedo dejar totalmente libre: es una hermosa gata blanca, y estando castrada, la tengo que tener encerrada o atada afuera, xq es sorda y no escucha los peligros (como los carros).Tal vez es egoísta de mi parte, pero la salvé de la calle cuando era una bb y no la quiero perder ahora.Y los otros 2, andan sueltos, pero son demasiado mimosos para irse andan todo el día durmiendo en las camas o los sillones.
bss y me alegra saber que alguien comparte mi visión
¿Reunirás algún día tus historias de animales?
alvaro | 2 de Noviembre de 2007 - 02:34 PMFijate Alvaro que más de una persona me lo ha preguntado o sugerido. No es que me sea desagradable la idea, es que a veces pienso que a nadie podrían interesarle mis anécdotas de gatos, perros, gallos, murciélagos, tacuacines y demás animales... pero seguro lo termino haciendo, sería un libro super-divertido de escribir.
Saludos.
Comparto tus temores, cuando dejo salir al "Manchitas", cada 5 minutos lo estoy llamando y eso que vivo en el campo y le tengo prohibido subir a la carretera por los autos, me da que me entienda puesto que casi nunca sube, cuando lo ha hecho y lo pillo, baja corriendo y yo lo reto. Anteanoche lo abrazé y le dí las gracias por entrar en mi vida, me muero si le pasa algo.
Besitos. Judith.
Awwww, Judith, dale un abrazo de mi parte al Manchitas. Y cuidalo mucho.
Abrazos.
Mi gato, Inti, desapareció de casa por tres meses. Ya nos habíamos acostumbrado a la pérdida y nos resignamos. Una noche en que se había ido la luz, apareció en el balcón cantando. Cantó y cantó por horas. Nosotros no dejábamos de reirnos. Se veía feliz de volver a casa y al contrario de lo esperado en un gato "desaparecido" , venía gordo y saludable (mi esposo dice que fue raptado por extraterrestres y que lo devolvieron ese día).
Después de esto, nunca más volvió a salir de tanda, al menos no nos enteramos. Aunque a veces , cuando lo abrazo, huele a un perfume que no es el que yo uso. Oh, gatos!!!
Karla, de seguro que Inti te traiciona con otra... el perfume y esa gordura lo delatan.
esta muy bonita tu historia; y les comento k tengo una gatita que siempre esta en mi casa, o almenos eso creo yo
kattalina | 14 de Noviembre de 2007 - 06:15 PMhola Jacinta q bonita historia la de tu gatito yo tengo uno se llama Jerry como Tom y Jerry la diferencia es q sta vez el es el gato jeje, es muy consentido pero ultimamente lo noto diferente como triste nose antes salia mucho ahora se lo pasa durmiendo y como pensativo, ojala q no sea por una novia q lo haya dejado .. bueno besos y saludos a Dickens
Mile | 30 de Diciembre de 2007 - 12:20 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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