23 de Octubre de 2007
¿Quién fue primero: la historia o el tema?
En materia de novelas, ¿qué hace qué: la historia hace el tema o el tema hace la historia?, me preguntó un lector hace poco.
La pregunta recuerda a aquello del huevo y de la gallina y la respuesta, en principio, parece muy obvia. Yo diría, en una respuesta inmediata, que la historia es lo más importante y de lo cual deviene todo lo demás.
Me resulta difícil pensar que cuando un escritor se plantea escribir una novela diga “voy a escribir una novela sobre la muerte” (por mencionar uno de los grandes y más frecuentes temas literarios).
Sin embargo, habiendo dicho esto, la verdad es que los procesos creativos son diferentes de autor en autor. Y es muy probable que sí, que algún escritor piense que quiere escribir una novela sobre la muerte porque ese tema en particular es una de sus preocupaciones u obsesiones personales.
El tema me parece un aspecto bastante abstracto y amplio, por lo que montar una novela alrededor de “nada más” un tema me parecería extraño como punto de partida. Muchas veces nos obsesionamos con una imagen, con un personaje, con una frase, y de ahí deviene todo lo demás.
Pero si en efecto estamos empeñados con una tema, es muy posible que nuestras reflexiones alrededor de ello nos lleven a pensar ya no en forma teórica sino en forma argumental, y a medida que nos adentremos en la preocupación que nos mueve a nivel personal, seguro se nos ocurrirá una manera de plantear nuestras inquietudes a través de una historia. Quizás soñemos algo o leamos una noticia extraña en el periódico que nos sugiera una historia o quizás un detalle cotidiano nos sirve como detonante para todo un libro.
Por otro lado, creo también que se nos puede ocurrir una historia y nos sentamos a escribirla porque nos seduce la idea, porque nos persigue, porque queremos explorarla, porque nos intriga. Estoy convencida de que el subconsciente colabora muchísimo en los procesos creativos y que esa historia sale de nuestro ático de preocupaciones, recuerdos, fantasmas, obsesiones y esperanzas. Cosas que quizás a veces se nos hace difícil nombrar en el plano consciente, temores vanos o ideas pasadas que desechamos hace años porque no encontramos cómo concretarla y que resurgen en forma de una historia.
¿Un tema puede existir sin una historia?, me pregunto al escribir estas líneas. Y por supuesto. Puede. Pero una novela sin historia, jjjmmm, sería muy difícil. Y una historia carga como equipaje intrínseco su tema.
En lo general, un rápido repaso por las cosas que he escrito me lleva a concluir que siempre he partido de historias, aunque esbozadas de manera general, y que cuando he intentado o pensado hacer algo al revés (o sea, partir de un tema equis), no me ha funcionado. Me quedo en ideas que prácticamente nunca aterrizan ni se convierten en una historia con el suficiente poder de seducción como para sentarme a escribirla.
Me seduce más una historia, un personaje, una pequeña idea concreta en un personaje definido. Eso activa mi imaginación de inmediato. Prefiero, siempre lo he dicho, escribir y dejarme sorprender y asombrar por el proceso. Y parte de ese asombro es ver lo que mi subconsciente me arroja en palabras, en escenas, en situaciones, a veces en diminutos detalles de ambientación que solamente yo sé de dónde salieron. Es hasta después, cuando ya tengo armado el primer borrador (o el esqueleto del libro, como yo lo llamo), que asumo el acto de escribir ya desde la dimensión racional. Nunca antes. Y aún así, planteada la historia, no perturbo el tema intrínseco en ella. Recibo el libro como viene y luego me empeño en sacarle el brillo que puede traer.
Yo soy más bien perezoso. Armo personajes y después dejo que ellos organicen la historia. El tema lo voy más o menos averiguando en el camino. Cuando termino --o sea cuando ellos terminan de trabajar--, organizo lo que hay y, listo, alli hay una novela.
La historia nunca me ha parecido muy importante. La veo más como el pedazo de tiempo en que pasan ciertas cosas. Si escribiera cuento sí estaría fregado: allí el tema y la historia son fundamentales.
Creo.
Lo del huevo y la gallina tiene mucha tela marinera ... lo del tema y la historia creo que es más fácil de resolver.
Todo lo que sale de una idea ha necesitado alimentarse de algo, es decir, primero hay que "amueblar" la mente para dar forma real a la idea y todos esos "muebles" hay que absolverlos primero. Luego, el resultado puede ser algo más o menos real o más o menos abstracto pero siempre es posterior a la propia idea.
Entonces, me parece bastante obvio de que primero es la idea (al menos una idea muy básica) y lo demás es posterior.
Además, referido a la literatura, el vector tiempo así lo indica ... llevamos muchos más siglos de historia que de literatura, es decir, que antes de la literatura ya existía la historia no escrita.
P.D. Seguramente me he despistado un poco del tema argumental. Lo siento.
PPPerez | 23 de Octubre de 2007 - 05:39 PMCoincido con Rafael en que en el cuento la historia es fundamental. El espacio es corto y hay que ir al asunto.
Pero para mí la historia sí es importante y mientras más escribo, más me lo parece. Puede ser compleja o sencillísima, pero es necesaria.
PPPerez: quizás nada más usamos otras palabras. Claro que se parte de una idea, pero la idea puede ser el germen de una historia, algo que puede resumirse en 10 o 15 palabras y que después vamos a desarrollar en ciento y pico de páginas. Quizás para eso se escribe, para descubrir la historia escondida dentro de una idea.
Saludos.
Jacinta | 23 de Octubre de 2007 - 10:13 PMGracias por tomarse el tiempo.
Saludos.
Gracias a usted Javier, por una pregunta que me puso a pensar.
Jacinta | 24 de Octubre de 2007 - 04:51 PMLa historia escondida dentro de una idea... Es una buena frase. Tan buena que también funciona su contrario: la idea escondida dentro de una historia.
Quizá sean modos diferentes de entender y aplicar la literatura. Ahora estoy releyendo *De la Tierra a la Luna*, de Verne, ese gran contador de historias, y me da una envidia tremenda su modo de narrar y de armar y de hacerme feliz. En el fondo quizá me defienda de "la historia" porque nunca podré narrar como Verne o como Dumas, ya no digamos como el mejor García Márquez o como Cortázar.
La historia escondida dentro de una idea... Fíjate que me has dado varias pistas por allí. Gracias.
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