4 de Octubre de 2007
Escoriación
Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.
Cristina Peri Rossi,
Uruguay.
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manuel | 7 de Octubre de 2007 - 06:33 AMLo que me gusta de este poema es la comparación del cuerpo con un barco. ¿Son entonces la vida y/o el amor, océanos por los cuales se navega?
Jacinta | 8 de Octubre de 2007 - 05:44 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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