2 de Octubre de 2007
La mano izquierda de la oscuridad, Úrsula K. Le Guin
En La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, Genry Ai es un visitante terrestre al planeta Gueden, mejor conocido como Invierno, un lugar en perpetuo frío. En los lenguajes de aquel planeta existen 62 palabras para describir las distintas clases, estados, edades y cualidades de la nieve caída y luego otra serie de palabras para la nieve que cae, para el hielo, para la temperatura, la fuerza del viento y la clase de precipitación de nieve o lluvia. Un lugar poco acogedor para un humano. Pero la misión de Ai es importante: debe lograr que Invierno se una al Ecumen, una liga de mundos. Para ello debe entrevistarse con el rey Argaven, el dirigente de Karhide, el país donde Ai ha vivido en el último par de años. La reunión es lograda a través del ministro Estraven. Pero una serie de intrigas y acusaciones declaran traidor a Estraven, quien debe exiliarse. Los contactos de Ai con Estraven lo ponen también en riesgo y el humano decide marchar a Orgoreyn, un país vecino. Allí será hecho prisionero y liberado audazmente por Estraven. Ambos huyen y deciden que lo más conveniente es regresar a Karhide a través de un azaroso viaje de más de ochenta días por las zonas glaciares.
La narración alterna los episodios de Ai en primera persona, así como algunas leyendas e historias que ponen en contexto los orígenes de los países de Invierno y también con las entradas del diario de viaje de Estraven y sus reflexiones sobre los acontecimientos. Esta alternancia, usada con frecuencia como técnica narrativa, tiene aquí una función diferente a la común pues las secuencias complementan informaciones sobre este “nuevo mundo” en el que estamos siendo sumergidos como lectores, y también nos permite conocer la doble perspectiva, la del humano-visitante y la del nativo del planeta, sobre los acontecimientos de la historia.
Es indudable que al adentrarse a una obra de ciencia-ficción, el lector lo hace sometiéndose a ciertas reglas. Una de ellas es olvidar la lógica de lo que conoce para aceptar, sin titubeos, las reglas y funcionamientos de otros mundos, los planteados por el escritor, darlos por reales. El reto y la habilidad del escritor se miden en la medida en que puede convencer al lector de esto, hacerlo entrar a esas otras realidades y vivir dentro de ellas (a través de la lectura), visualizarlos y hasta encontrar un espacio de identificación para conectar con la historia. Así mismo, uno de los retos para el escritor dentro de ello es cómo no hacer monótona su historia explicándonos todas y cada una de estas nuevas reglas o formas de vida. Le Guin va soltándolas a través de su narración de manera que es el mismo contexto el que va explicando qué son cada una de las cosas, nombradas muchas veces en las palabras de Invierno.
Al principio, esta abundancia de términos puede resultar abrumadora para el lector y le da, a mi gusto, un arranque muy lento y algo pesado al inicio de la novela. De hecho había intentado comenzar a leer este libro 2 o 3 veces anteriores, pero la dejaba, quizás porque no estaba de ánimo como para retener tanta información diferente. La novela, en ese sentido, requiere de la afilada percepción del lector desde un inicio. Pero si uno está en sintonía y de ganas para ir asimilando la información y para adentrarse en las reglas del juego, el resto de la lectura transcurre con mucha agilidad y se torna mucho más amable.
Sin duda lo mejor de esta narración comienza hacia la mitad del libro, cuando Ai es hecho prisionero en Orgoreyn. Su vida ahí, su liberación pero sobre todo el viaje por los glaciares para regresar a Karhide le dan a la historia dinamismo, algo de lo cual carece en la primera parte donde se van planteando las situaciones pero sobre todo, se van dando a conocer las condiciones de vida de Invierno.
En esa primera parte es difícil dilucidar un argumento como tal o hacia dónde va la historia. Sin embargo, no deja de ser interesante, pues estamos siendo presentados a ese “otro mundo”, donde los humanos somos los extraños, los visitantes, “los extra-terrestres”. Ai es visto con curiosidad y con algo de morbo, ya que en Invierno, los seres son ambi-sexuales: cuando entran en kémmer (algo así como entrar en celo), de mutuo acuerdo alguno de los dos emparejados se convierte en hembra y puede embarazarse y procrear. El rey mismo, en algún momento de la novela, está embarazado aunque llega a perder a su hijo. Ai, para los habitantes de Invierno, es alguien que está en kémmer permanente, lo cual es inconcebible para los nativos, y además, los sexos están diferenciados, cosa que para los de Invierno es inimaginable.
Hay otros conceptos extraños para los habitantes de Invierno. No existe la guerra, por ejemplo. Aunque sí existe la traición. El tiempo está manejado de maneras muy diferente. Y por supuesto, la relación con el clima, la disposición biológica para soportar temperaturas bajo cero, los alimentos y las bebidas, las costumbres... todo es diferente.
Leer esta novela me remitió por lo demás a mi infancia, que fue la época donde leí de manera concentrada cualquier cantidad de novelas de ciencia-ficción, de naves espaciales, monstruos, armas, invasiones. Sin embargo, Le Guin eleva el género aportando la creación de un mundo muy complejo donde, de manera inversa, no es el extra-terrestre invasor amenazante el que llega a la tierra a causar destrucción. Aquí se invierte todo: es el humano el invasor cuya presencia no causa destrucción pero sí incomodidad, sospechas e inestabilidad. Este enfoque me pareció muy efectivo para poder “conocer” un mundo ajeno, tan minuciosamente elaborado por la autora.
Le Guin es actualmente una de las mejores representantes de la novela de fantasía y ciencia-ficción, que retrata a través de sus historias, muchas de nuestras condiciones como humanos. En La mano izquierda de la oscuridad pareciera retratarlas a través del no-retrato, es decir, a través de la realidad planteada de un modo radicalmente diferente, acaso opuesto al nuestro. Lo cual por supuesto nos mueve a la reflexión sobre nuestra propia realidad.
Leí El mago de Terramar y me encantó. Es una mujer que sabe crear mundos. Hay algo poetico en su escritura.
alvaro | 3 de Octubre de 2007 - 08:08 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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