4 de Septiembre de 2007
Kafka en la orilla, Haruki Murakami
Argumento: Kafka en la orilla del japonés Haruki Murakami sigue la estructura ya conocida de dos historias que corren paralelas. Dos personajes en dos situaciones improbables pero que sabemos terminarán encontrándose en algún punto de la narración. O por lo menos eso creemos... Kafka Tamura es un quinceañero que ha escapado de casa y simplemente se ha dejado llevar lo más lejos posible de Tokio hasta terminar en un lugar donde trabaja en una biblioteca privada y conoce a algunos personajes que serán determinantes en su formación personal.
Mientras tanto, conocemos en narración paralela el caso del Sr. Nakata, quien cuando niño sufrió un extraño accidente durante la guerra y que, después de ello, pierde la memoria y muchas de sus capacidades como leer y escribir. En compensación adquiere otras, como el poder hablar con los gatos y el poder predecir algunos eventos naturales extraños.
Dentro de toda la trama ocurre un asesinato, el de un hombre llamado Johnny Walker (como el whisky, sí), un despiadado ser que asesina gatos para sacarles el alma y construir con ellos una flauta (sí, una flauta hecha con almas de gatos). También hay un bosque misterioso en el que se han perdido, hace muchos años, dos soldados japoneses y a los que Tamura encuentra cuando se adentra demasiado en él, descubriendo un lugar al que acuden los espíritus de los muertos.
Lo que me gustó: La novela me enganchó viciosamente durante las primeras 118 páginas. Me encantó sobremanera el hilo que alternaba con la historia de Tamura pues estaba escrita en forma no lineal. Ese hilo comienza con cartas e informes sobre el extraño incidente ocurrido a un grupo de niños durante la II Guerra Mundial cuando, en una excursión de campo con su profesora para buscar hongos silvestres, todos los niños caen desvanecidos sin explicación alguna. La maestra es la única que no se desmaya y corre al pueblo a buscar ayuda. Poco a poco, todos los niños se despiertan sin recordar nada del suceso, menos uno de ellos, Nakata, quien pasará internado durante un tiempo en un hospital mientras los doctores tratan de comprender lo que le ocurrió. Luego conocemos a Nakata, ya mayor, quien dedica su tiempo a buscar gatos perdidos pues tiene la particular habilidad de mantener una conversación coherente con los gatos (¡qué envidia!). El capítulo 6 de la novela, en el que se detalla una conversación de estas por primera vez, es precioso, no sólo por su redacción, sino por su contenido (es innegable que Murakami, gran apasionado por los felinos, que casi siempre están incluidos en sus libros, comprende mucho de la naturaleza del misterioso gato).
Lo que no me gustó: La novela toma un giro inesperado y grotesco a partir del capítulo 14, cuando Nakata es guiado por un perro hasta la casa de Johnny Walker y de manera muy gráfica se describe cómo este personaje mata a varios gatos y se come sus corazones. Pensé que era una asunto personal mío por mi pasión gatuna, pero a partir de ese momento, la trama me llevó de desconcierto en desconcierto. De ahí en adelante, la alternancia entre lo irreal y lo probable se sucede sin discriminación y la historia cobra giros y vueltas que, en lo personal, me parecían estrambóticos. Aparecieron personajes que me parecieron desagradables, como el Coronel Sanders (sí, el del Kentucky Fried Chicken). Continué leyendo porque quería saber cómo iba a resolver todo ese paquete de situaciones. Digo, en mi lógica de escritora, todo lo planteado en una novela debe tener algún motivo y alguna conclusión o amarre. Lo desconcertante del libro es que no hay un amarre final a todas las situaciones y enigmas planteados y el lector está obligado a aceptar el universo de los personajes tal cual está planteado. Dentro de la novela, lo que ocurre es “normal”, posible y probable, aunque no nos gusten la trama ni los giros del argumento. No espere explicaciones, que no las habrá.
Varias preguntas quedan sin respuesta. No me interesaba que se explicara el lado, vamos a llamarlo, “fantástico” (aunque por ese término tiendo a imaginar otras cosas) sino a cosas más elementales como cuál era la explicación al incidente con los niños durante la Guerra. O de quién era la sangre en la camisa de Tamura (¿mató él a alguien en la precisa noche en que mataban a su padre?).
Interesante: La cantidad de referencias intertextuales. Desde las más evidentes (nombres de canciones, grupos musicales, cantantes, novelistas japoneses, filósofos, etc.), hasta otras más sutiles que nos remiten sobre todo a la literatura, películas y animé japonés (por la plasticidad de las escenas descritas). Me refiero con esto sobre todo a la lluvia de sardinas, de sanguijuelas (¿recuerdan Magnolia y la lluvia de ranas?), el espíritu de Saeki quinceañera visitando a Tamura y el “ser” saliendo de la boca de Nakata (películas de Tartan Asian), el mismo nombre de Tamura (Kafka, qué más), los soldados perdidos entre la dimensión de la vida y la muerte así como la carga onírica de los sueños (evocación de las películas de Akiro Kurosawa), entre varias más.
Curiosidades: Las diferentes portadas que se han hecho sobre esta novela (la mayoría incluye un gato). Hagan una búsqueda en imágenes de Google, sea en inglés o en español, para ver varias de ellas. La edición que yo tengo es en inglés y tiene como portada la ilustración de este post.
Conclusiones: No sé si después de leer Tokio Blues, Kafka en la orilla era lo más conveniente de leer, puesto que la primera no se parece en nada en la segunda. O se parecen en un asunto y es en la maestría de la prosa de su autor. Fuera de eso, no hay muchos hilos comunicantes entre una novela y otra.
Tokio Blues es una novela enraizada en lo real que examina pasiones, sentimientos y recuerdos con una historia que absorbe al lector y lo lleva de la mano por un hilo y un ambiente casi adictivos.
Kafka en la orilla, sin embargo, es un libro que a unos puede sorprender pero que a mí me produjo bastante desconcierto por los muy inesperados giros de la trama. No es una novela que puedo decir que me gustó o no me gustó. En nuestras lecturas siempre juega un factor subjetivo que obra con independencia del planteamiento formal. En ese sentido, reconozco que la novela está escrita de manera excelente pero que quizás, el planteamiento inicial de la historia (y mi previa lectura de Murakami), me llevaron a tener una expectativa diferente sobre lo que iba a leer. Lección aprendida: Murakami es un autor que se mueve en varios ámbitos, que no se repite y que promete sorprendernos y desconcertarnos en cada uno de sus libros.
Todo lo cual no impedirá que siga leyendo a este escritor, uno de los más importantes de la literatura japonesa contemporánea y cuyo nombre ya se rumora para el Nóbel de Literatura. De hecho tengo desde hace años La crónica del pájaro que da cuerda al mundo y que espero leer una vez que digiera y me distancie de esta lectura, para no empacharme de tanto Murakami.
Debes leer Crónica del pájaro etc y La caza del carnero salvaje. Encontrarás también en esas novelas la mezcla de fantástico y real (posible) que tiene Kafka en la orilla. Supongo que lo que nos desconcierta (y atrae) de Murakami es esa cualidad japonesa que le hace no seguir ciertas normas que los occidentales (en fin...) damos por sentado. La más evidente es aquella que dice que todo debe ser explicado y consecuente. Afortunadamente la cultura japonesa no tiene ese lastre.
Por cierto, los dos enigmas que propones como elementales, el incidente, la sangre, tienen explicaciones "fantásticas" que, obviamente, Murakami no explicará.
:-)
La verdad es que la fascinación que llegué a sentir por el personaje del Sr. Nakata me imposibilita hablar sobre esta novela.
Un saludo
Hola Portnoy, dentro de algunos meses me lanzaré a la Crónica... pero creo que debo dejar pasar un tiempo para digerir ésta.
Decís algo importante: ese planteamiento fantástico que hace Murakami lo hace de tal manera que el lector debe aceptar la lógica de ese universo sin esperar explicaciones o lógicas "de las nuestras" o comunes. El lector es obligado, de alguna manera, a sumergirse en un mundo y aceptarlo tal cual es. Si nos gusta o no, si nos sentimos cómodos en él o no, son otros 100 pesos.
Saludos de vuelta.
Hola, la verdad es que no he leído nada de literatura japonesa, pero me parece importante resaltar una parte del comentario de Portnoy, creo que a veces nos dejamos encajonar por los límites de una tradición occidental, creo que yo tal vez me quedaría un poco desconcertada, pero me parece facinante descubrir nuevas (o milenarias) formas de escrituras
salu2
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"el_clavadista_solitario"
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