28 de Agosto de 2007
De Los Intocables a Los Soprano
Una de las series favoritas que mirábamos en casa era Los Intocables. No me di cuenta hasta esta semana, viendo el último capítulo de Los Soprano, que fue entonces que comenzó mi gusto por las historias de la mafia. Mi padre era poco para ver televisión, pero miraba ciertos programas con una devoción que traspasaba el simple hecho de mirar. No importaba si ya habíamos visto el episodio o no, lo volvíamos a ver 2, 3, las veces que el canal los repitiera. Muchos de los programas que mirábamos se enriquecían por ese afán autodidacta de mi padre. De pronto aparecía con todos los libros que pudiera encontrar sobre el tema. No sé en qué escondrijos de San Salvador los encontraba, pero aparecía con libracos de páginas amarillentas y portadas de a centavo, algunos de los cuales se compraban por libra. Así nos alimentamos con libras de novelitas de vaqueros (Marcial Lafuente Estefanía era uno de los favoritos). También tuvimos libras de libros de ciencia ficción. Y por supuesto, tuvimos una buena dosis de novelas policiales y libros sobre la Cosa Nostra.
Recuerdo que uno de los libros con que apareció fue uno llamado algo así como Los gángsters más famosos de la historia, una recopilación de biografías de mafiosos. Leyendo ese libro supe que los personajes que aparecían en Los Intocables eran todos reales, que Al Capone, Dillinger, Lucky Luciano y “Ametralladora” Kelly habían existido. Sus fotos no se asemejaban a los actores que los interpretaban en el programa, pero no me importaba. A partir de entonces, la conciencia de estar viendo algo que era real convertía el programa en mucho más fascinante aún. Lo malo era que ya sabía el final que habían tenido varios de aquellos mafiosos, sobre todo mi favorito, Al Capone, quien estuvo preso en Alcatraz y que luego muriera a los 47 años, en bancarrota y alejado del mundo.
Años después, cuando ya teníamos televisión a color, hubo otra serie que nos congregó emocionados en torno a nuestra afición. El programa se llamaba La Cosa Nostra o La Historia de la Cosa Nostra (algo así). Lo que siempre me impresionó de aquel programa era que en los créditos iniciales, el logo del programa era una calavera que tenía una mordaza sobre los dientes y creo que había un agujero y algo de sangre sobre la frente. Cada capítulo de la serie tocaba un episodio diferente de las familias que originaron esta suerte de sociedad criminal secreta que tuvo sus orígenes en Italia en el siglo XIX, específicamente en Sicilia.
Por supuesto que después vendría El Padrino, con todas sus partes y la novela de Mario Puzo que pasó de mano en mano por la casa. (Todavía me impresiona la escena de la cabeza de caballo que aparece bajo las sábanas de alguien, como advertencia...)
Y entonces, años después de haberme un poco como abstraído (pero nunca olvidado) de mi afición gangsteril, aparecieron Los Soprano. La comencé a ver dos años después de su inicio en el 99. En el lugar donde vivía en El Salvador no había posibilidad de tener TV por cable, así es que no había más remedio que ver la programación de los canales locales. Y daban Los Soprano. Y me enganché desde el primer episodio que vi y que sintonicé por curiosidad ya que había leído muchas cosas buenas sobre la serie, pero con el escepticismo de que, a través de los años, no me ha sido posible encontrar series televisivas que de plano me gustaran.
Con Los Soprano fue diferente. ¿Un mafioso en el psicoanálisis, examinando su cuadro depresivo y analizando sus sueños? ¿Su familia algo disfuncional, pero unida a pesar de todo? ¿La esposa del mafioso enamorada de un sacerdote y luego de uno de los muchachos de su esposo, un hombre llamado Furio? ¿El sobrino drogadicto que quiere ser escritor? Había demasiados detalles inusuales que atraparon mi curiosidad y me engancharon desde entonces hasta el domingo pasado en que vi el último capítulo.
Debo decir: la temporada final fue muy buena y hubo momentos que me parecieron extraordinarios. La muerte de Christopher. Tony Soprano probando peyote y parado en el desierto teniendo una suerte de epifanía existencial.
Excepcional me pareció la escena de la muerte de Bobby Baccalieri, el cuñado de Tony. A nivel visual y de tensión dramática me parece de lo mejor que he visto en televisión hace muchos años por la utilización de tres diferentes planos visuales que se alternan para la creación de la tensión dramática: Desde el interior del vehículo de Bobby se escucha sonar el celular que ha dejado ahí. Sabemos que esa llamada es la advertencia que ha enviado Tony a todos de que Phil está en guerra por matarlos. Al mismo tiempo, se ve a dos tipos entrar a la tienda. La escena se alterna también con un tren en funcionamiento que está en exhibición. Y la tensión se crea así, con segmentos del tren de juguete (la cámara lo toma a nivel paralelo y se miran los detalles de los arbolitos y la gente de juguete), la plática de Bobby con el juguetero sobre unos trenes que cuestan 5 mil dólares y los dos sujetos que entran, sacan las pistolas y lo fulminan con como 5 mil balazos. Bobby cae encima del tren en exhibición y ahí todavía le tiran 6 balazos más, por si acaso. Hay un detalle fugaz que ojalá quienes lo vieron lo notaron: uno de los muñequitos es una mujer que tiene una mano sobre su boca en señal de susto.
Y qué decir del final. Un final desconcertante que nos deja con la boca abierta. Yo grité “NOOOOO”: Vemos a Meadow entrar apurada al restaurante e inmediatamente la pantalla se pone en negro. En silencio. Un buen rato. Y luego los créditos, siempre en silencio (tan acostumbrados que nos tenían a un excelente soundtrack en cada episodio, incluyendo una canción diferente en cada episodio durante los créditos finales).
Los escritores de la serie, imagino, prefirieron dejar abierto el final para que los espectadores pensáramos lo que quisiéramos. Así es que podría ser que el hombre que entró al baño saliera luego con una pistola y matara a Tony. O que lo mataran los dos negros con pinta de pandilleros que entraron y vieron la barra de comida. O quizás no pasó nada y eventualmente el testimonio de Carlo lo enviara a la cárcel. O quizás la vida continuó con los mismos extraños sobresaltos en la vida de los Soprano.
Supongo que nunca lo sabremos. Y que cada vez que recordemos esta serie, nos preguntaremos cuál habrá sido la suerte de Tony Soprano.
(Ilustración: Robert Stack en el papel de Elliot Ness, en la serie Los Intocables).
Jacinta a las 04:00 PM | Referencias 0Los Soprano nos acostumbró a que dichas escenas de tal tensión, como la última, son siempre el preámbulo de un asesinato. La simetría con la escena del asesinato de 'The Turk' Solozzo, además de la entrada de los negros y el corte justo a la entrada de Meadow... todo hace pensar que iban a matar a Tony.
Sin embargo, ¿es esto lo que realmente ocurre? Después de todo, con David Chase como director del capítulo, lo último que podríamos esperar es predictibilidad.
¿Que le espere el mismo destino que a Johnny Sack? Sería ahuevante.
Yo digo que todo sigue igual en la vida de Los Soprano, y es que esa es la idea que une a la familia DiMeo: la continuidad, a pesar de todo-todo-todo.
ericjms | 28 de Agosto de 2007 - 04:39 PMYo también en el fondo creo que no pasó nada, que la vida continuó igual. Habían demasiadas pistas que parecían tirar a "lo obvio", que sería que matarían a Tony, pero con lo impredecible que fue siempre esta serie, seguro era un despiste... para dejarnos pensando per secula seculorum.
Jacinta | 28 de Agosto de 2007 - 05:01 PMTony muere. Post de HBO.
http://foros.raza-mexicana.org/showthread.php?t=195
Josemarialo | 6 de Septiembre de 2007 - 03:00 AMGracias Josemarialo por el enlace, tiene mucho sentido lo que dicen.
Jacinta | 7 de Septiembre de 2007 - 05:56 AMHola,
Si eres fan de Los Soprano pásate por www.lossoprano.tv, creo que te gustará.
Saludos.
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