22 de Agosto de 2007
¿Lo que "deberíamos" escribir?
El día que le hice la entrevista a Ana Cristina Rossi, estábamos en un pequeño comedor vegetariano de San Pedro, muy cerca de la Universidad. Las mesas ahí están algo cerca, por lo que, si ponés la suficiente atención, podés escuchar lo que habla el vecino. En algún momento de la entrevista, un tipo que estaba sentado en la mesa de al lado y que había terminado de comer, se levantó y se acercó a nosotras.
–Ustedes son escritoras, ¿verdad?
Ana Cristina y yo murmuramos un sí, algo perplejas.
–Pues deberían de escribir sobre la situación de peligro en la que está Rigoberta Menchú en su campaña electoral. Acaban de asesinar a uno de sus allegados y ella está en peligro de muerte.
Insistió mucho en el asunto. Nosotras murmuramos algunas palabras de ajá y ujumm. Luego el tipo se fue. Algo comentamos sobre todas las cosas que están pendientes de escribirse en Centro América y continuamos con nuestra entrevista.
El asunto me dejó pensando mucho. No es que no sea importante escribir sobre los problemas de Rigoberta Menchú y las acciones violentas que se han dado en la campaña electoral guatemalteca. Pero muchas veces parece que algunas personas confunden la literatura con la denuncia social o con la crónica periodística.
Siempre hay quienes insisten en decir qué es lo que “deberíamos” escribir los escritores. La mayoría de las veces ese “deberíamos” tiene que ver más con cosas relacionadas al periodismo, a la denuncia, al análisis político o sociológico, a la antropología o la historia que a la misma literatura.
Esto ha llegado incluso a convertirse en una especie de imposición, en particular para los escritores centroamericanos. Las guerras, la violencia urbana, las migraciones y las maras son todos temas que se esperan sean tocados por los autores de nuestra región. Aparte de eso, también se espera que escribamos sobre sucesos históricos y políticos significativos para cada uno de nuestros países. Si se es mujer, para más desgracia, tiene que ir todo enfocado desde “la perspectiva de género”. Pareciera que la imaginación o temas de otra índole están vedados para nosotros.
Lo malo de este “deber” que se espera de un escritor es que muchas veces se confunde con el deber ciudadano, con la calidad del escritor como persona. El escritor debe, aparentemente, tomar una postura ideológica, por supuesto inclinada a apoyar siempre a los menos favorecidos, a denunciar las tropelías del poder y los excesos de la sociedad.
Supongo que esta imposición comenzó cuando las guerras de los 80 en la región. Pero entonces era comprensible. Vivíamos tiempos muy diferentes. No había Internet ni los medios de comunicación estaban tan al alcance como lo están ahora. Los únicos medios por los cuales hacerse de noticias eran periódicos, noticieros televisivos y estaciones radiales que sufrían censura so amenaza de atentados y hasta muerte o que estaban (y siguen estando) parcializados.
Ser escritor en aquellos tiempos imponía que nuestra habilidad con las palabras fuera puesta en función de denunciar. Era necesario, era una emergencia. Siempre pensé en lo que se escribió en aquellos tiempos como “literatura de emergencia”. Y la verdad es que tenía mucho de emocionalidad e inmediatez, mucho de panfleto político pero poco de literatura. No había tiempo para dejar reposar un texto o una novela. Era menester publicarlos, mimeografiarlos, repartirlos mano a mano, leerlos en las radios guerrilleras para que su contenido llegara a la sociedad en general y se supiera lo que verdaderamente estaba pasando, lo que la censura no nos permitía conocer. La historia pública se impuso a la historia privada y era menester hacer una pausa en la imaginación. El olor de la pólvora, el sonido de las balas y el color de la sangre eran demasiado fuertes como para ser obviados.
Pero estamos en otros tiempos. Dudo mucho todavía de la libertad de expresión de ciertos medios, pero gracias al Internet y a los mismos blogs tenemos acceso a otra cara de las cosas, una cara que no tuvimos oportunidad de tener en los 80.
Me parece que vivimos un momento, a nivel general, en que estamos abrumados y saturados de información. En ese sentido, como lectora, no busco en una novela o en una colección de cuentos, que un escritor me siga machacando sobre la realidad que vivimos porque para eso puedo tomar el periódico o ver CNN. Tampoco espero que por medio de una novela vaya a "revelárseme la verdad oculta" sobre x o y situación. Eso prefiero buscarlo en la prensa o en un libro de ensayos o de no ficción.
Ahora estamos en una época en que, para escribir algo sobre la guerra por ejemplo, podemos tomarnos dos años o más, con toda tranquilidad, para armar una novela de altura, para investigar, entrevistar, ir a los lugares en que ocurrieron ciertos hechos. Y tomando en cuenta las dificultades para publicar, escribir no corre ninguna, pero ninguna prisa. La única carrera que tenemos siempre los escritores es con el tiempo, ganarle a la muerte, dejar escritos nuestros libros antes de que la impertinente esa venga a llevarnos.
Creo por lo demás que no debe descalificarse ni excluirse a los autores que deciden escribir sobre otros temas, aventurar en otros géneros. Que no hay que juzgarlos como “inconscientes sociales” o que viven en una burbuja, alejados de la realidad. A veces encerrarse en una burbuja ocurre precisamente como un método para sobrevivir en medio de una realidad de la que estamos, precisamente, demasiado concientes.
He insistido siempre en que un escritor debe seguir su proceso interior de escritura. Seguir sus instintos, si se quiere. Y creo que cada escritor debe escribir lo que le dé la soberana y real gana. De maneras evidentes u ocultas, el momento social que se vive se reflejará o no, pero no debe estar ahí la clave para juzgar la calidad de un texto.
¿Debemos escribir los escritores sobre todo lo que ocurre en nuestra sociedad? Si sentimos la inevitable necesidad de hacerlo, por supuesto que sí. Hay escritores que han centrado en ello su trabajo literario porque sienten que hay cosas que nada más pueden contarse y plantearse a través de una historia de ficción. Pero de hacerlo, debemos ser estrictos con nosotros mismos en el sentido de perseguir la calidad absoluta del texto. Ese fue uno de los grandes fallos de esa “literatura de emergencia” que mencioné antes. Son pocos, muy pocos los textos que se escribieron en aquella época que sobreviven como textos de calidad literaria.
A fin de cuentas, lo que debe prevalecer siempre, en mi opinión, es la calidad. Y que eso es lo que “debemos” hacer, procurar la calidad literaria por sobre todas las cosas.
Interesante comentario, Jacinta, sobre un tema sobre el que realmente no puede haber una definicion rotunda. Considero que la literatura es un ejercicio de libertad y por eso que cada quien exprese lo que prefiera. Hasta pronto, Ronald
rf | 22 de Agosto de 2007 - 05:02 PMHola Ronald, me parece que tenés razón. Es una de esas eternas discusiones sobre la escritura, y se hace eterna porque no logra definirse. Al final, lo importante es escribir. Saludos.
Jacinta | 22 de Agosto de 2007 - 05:07 PMJacinta, es Rigoberta, no Rigoberto.
marielos | 23 de Agosto de 2007 - 02:54 AMGracias Marielos, corregido. Imagino que lo que pasó fue que, como antes escribo el texto en Word, y ahí hay un volado de autocorrección, me cambió de automático las Rigobertas por Rigobertos... siempre me hace bromitas así, a veces me doy cuentas pero otras no. Mejor desconecto esa función.
Hola, Jacinta. Pienso, muy sinceramente, que si alguien cree que algo TIENE que ser contado, simplemente debe comprar un cuadernito y un lapicero, o encender la computadora, y comenzar a escribir, sin delegar lo indelegable.
Si uno escribe, es porque un pedazo de realidad se le impuso como una mancha en un ojo, incómoda, dolorosa, que hay que sacársela.
Tratar de imponer temas (sobre todo cuando se habla de política) o creer que la actualidad necesariamente tiene que ser importante (es decir, exponerla como panfleto), es absurdo.
Según lo planteás, el tipo tuvo que esforzarse por escuchar lo que Uds. estaban charlando. Yo creo que nadie tiene el derecho de escuchar las conversaciones de otros. Eso es como abrir las cartas ajenas. Es una violación al derecho a la privacidad aunque sea en un lugar público. Y lo de insistir en el tema también me parece una impertinencia, o un resabio de los totalitarismos o autoritarismos que han marcado la historia que nos ha tocado vivir en Centroamérica.
Creo que Horacio Castellanos Moya planteó en una entrevista que en nuestros pueblos, mucha gente está acostumbrada a la literatura testimonial y por lo tanto no conciben la amplitud de la literatura, la cual es tan variada y sin límites como la… ug… imaginación.
Tienes total razón. Es como si por ser escritora latinoamericana se tuviera que escribir siempre de la pobreza y la crisis y el machismo. Como si no hubiera historias de amor sin guerrillas, épicas familiares sin conflicto épico, aventuras y recuerdos en un mundo un poco más globalizado donde las cosas suceden muy parecido como en cualquierr otra parte.
medea | 23 de Agosto de 2007 - 08:07 PMGael García dijo una vez que estaba cansado de esa mentalidad de que una pelicula latinoamericana debe verse mal hecha y de pocos recursos
pasa lo mismo en la literatura
y agregale que siempre nos imponen el deber de poner en alto el nombre de la patria por blah blah blah razones
Rodrigo Peñalba | 24 de Agosto de 2007 - 06:13 AMPrimero, a nadie se le puede imponer una agenda de escritura. A cada quien lo eligen sus propios temas, sea que pertenezcan al cielo o a la tierra.
Hay un público lector que lleva dentro una agenda de lectura marcada por la historia y la actualidad y ese horizonte condiciona al escritor centroamericano; que es libre de plegarse al estado de cosas o de rebelarse. El dilema no viene de los años 80, viene de más atrás.
Si dejamos claras la importancia de la calidad formal y de la libertad del artista, todas las combinaciones son posibles: en Dickens la literatura es una forma de testimonio; en Junger el testimonio es una forma de literatura; en el "Laberinto del fauno", pelicula de Guillermo del Toro, se mezclan la historia y el relato fantástico.
Como en todas las cosas donde intervienen la libertad y la imaginación, el asunto se abre a muchas interpretaciones y opciones personales. Lo malo es querer conevertir una opción particular en una norma universal.
alvaro | 24 de Agosto de 2007 - 04:14 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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