20 de Agosto de 2007
"La guerra vuelve loca a la gente": Ana Cristina Rossi habla sobre su novela Limón Reggae
En julio pasado, la escritora costarricense Ana Cristina Rossi presentó su más reciente novela titulada Limón Reggae, publicada por Editorial Legado. Si su novela anterior, Limón Blues, se centraba en la búsqueda de la utopía a través de los ideales de Marcus Garvey y las luchas reivindicativas de los afro descendientes a comienzos del siglo pasado, Limón Reggae se ubica más cercana en el tiempo para guiarnos a través de la búsqueda de la utopía revolucionaria de Centro América.
Desde las luchas de los años 70 de los afro descendientes caribeños costarricenses, inspirados en el movimiento de los Panteras Negras de los Estados Unidos, pasando por el intento de una lucha revolucionaria en Costa Rica, culminando con la guerra de los 80 en El Salvador y cerrando con los ideales de los Rastafari en Puerto Viejo, la novela presenta el complejo proceso político y personal de Laura, la protagonista de esta historia, quien se nos presenta como un testigo privilegiado de los acontecimientos más significativos de las últimas décadas en la región.
Limón Reggae, definida por su autora como una novela política, es una historia dura que habla de la utopía y la esperanza y de cómo éstas son traicionadas y sacudidas en los agitados años de los cambios más profundos que han afectado a la región. Uno de sus temas medulares es la guerra de El Salvador, y dentro de ello, hay un relato figurado que nos remite al asesinato de la Comandante Ana María y el suicidio del Comandante Marcial.
Es una novela que atrapa, que envuelve, que angustia. Una novela que tocará mucho al lector, sobre todo al salvadoreño, porque nos dice cosas que no nos gustaría tener que escuchar y sobre todo porque, hacia el final, deja al lector con una profunda sensación de desesperanza.
Me reuní con Ana Cristina para hablar a profundidad de esta novela, de su contenido, de su construcción y de las motivaciones y reflexiones detrás de esta historia profundamente centroamericana.
¿De dónde salió la idea para Limón Reggae?
Después de escribir Limón Blues (el libro anterior), escribí unas 4 novelas tratando de que fueran una continuación, pues yo prometí que Limón Blues era el primero de un tríptico. Ninguna de esas cuatro funcionó, a pesar de que trataban de continuar la línea de Limón Blues. Un día un amigo afro descendiente, Ramiro Crawford, me dijo que para escribir sobre el Limón actual tenía que investigar sobre Afrotsco, un grupo limonense que se parecía a las Panteras Negras. Por Ramiro conocí a Milton Franklin, quien fue de ese grupo. Él me habló de esa utopía cuyo ideal era recuperar el movimiento de Garvey, la idea era ayudar a la gente, sacarla adelante. Por eso es que la verdadera continuación de Limón Blues es el hilo de la utopía, aunque pocos lo han visto así. Lo de Garvey fue una utopía que no se pudo realizar aunque también estaba la utopía de los Rastafari desde los años 40. Pero lo de los Panteras Negras fue mucho más importante de lo que nadie cree y no hay conciencia de eso ahora porque Costa Rica vive de espaldas a Limón. Como mi personaje, Laura, es un personaje muy real, y es mestiza, pasa lo lógico, los afro descendientes no la dejan entrar a su movimiento. Son super cerrados. Así es que ella se mete a la utopía que le corresponde, que es la de la izquierda de Costa Rica, y esa utopía costarricense falla. ¿Qué le queda? La única utopía que quedaba eran los territorios de la guerrilla en El Salvador, los territorios de los poderes populares.
Siendo que la novela está basada en hechos que ocurrieron, como la búsqueda de las utopías en Centro América, ¿no era más cercano para Costa Rica a nivel emocional o incluso geográfico lo que pasaba en Nicaragua?
No, porque yo tuve gente muy cercana que prefirió irse para El Salvador. Hubo mucha gente, más de lo que los ticos se imaginan, que fueron para allá… Tengo que hacerte una aclaración: yo viví en Francia y en Inglaterra ese período, pero lo supe por mis amigos que iban y venían de Libia, incluso parientes, que estaban mucho más vinculados con el proceso de El Salvador. Además, la revolución nicaragüense era como la moda, pero la lucha salvadoreña me parecía muy diferente. La experiencia salvadoreña fue algo muy distinto a lo de Nicaragua.
¿Hiciste algún tipo de investigación para escribir esta novela?
Me pasé cinco años enteros (y Sebastián Vaquerano, director de Editorial Legado, es testigo) leyendo, investigando, hablando con gente, contrastando versiones. Sebastián me trajo los primeros 25 libros sobre El Salvador que me tocó leer. Luego Miguel Huezo Mixco me trajo más. Después le pedí como 5 más, yo le mandaba plata él y él me mandaba los libros por correo. Me leí toda la colección de Historia publicada por la DPI. Fui dos veces al Salvador. En el primer viaje, una persona que había vivido ciertos sucesos me llevó a algunos lugares, no diré nombres ni a dónde fuimos pero estuvimos en Guazapa y otros lugares de combates, lugares controlados. Mientras conversaba con la gente que había vivido allí, lo que hacía era tragármelos, verle los ojos, las bocas, la luz de sus ojos. Entre los campesinos había una cosa tan increíble que no he visto en ningún lugar y era una luz muy especial en la mirada.
En el 2º viaje fuimos con Huezo Mixco a La Montañona, un lugar que me impresionó mucho porque uno está sentado allí y ves Honduras, los ríos y los valles, es como un viaje de ácido. Es increíble.
Luego leí muchos libros, me fijé la manera cómo hablaban. Después de cada plática me iba rápido a apuntar las palabras que escuchaba. Tuve muchas conversaciones con Miguel que fueron muy importantes. En fin, fueron cinco años dedicados a documentar a fondo.
¿Como te “atreviste” a escribir sobre este tema (y uso la palabra “atreverse” en el sentido de cómo tuviste el valor), cómo asumiste que iba a ser una novela que toca puntos muy delicados de la historia de El Salvador, que ni siquiera ha sido escrita por los salvadoreños? ¿Qué fue lo que te hizo tomar esa decisión?
Un poco de inconciencia, esa inconciencia del niño que no sabe en el lío en que se está metiendo. Quizás también una tendencia a meterme donde no me llaman, a meterme donde no quieren que yo esté. Como con Limón Blues, porque igual entonces me dijeron “¿cómo te atreviste a contar la historia de los afro descendientes si sos una mestiza?”. Me metí porque creo que es una historia de todos los costarricenses.
A esta novela me metí porque pienso que la historia de los salvadoreños es algo demasiado doloroso como para que puedan hablarlo ahora y yo tenía testigos de primera mano así es que me atreví a hacerlo. Me atreví porque soy centroamericana, y porque ya estaba ocurriendo lo de las maras y para mí eso es salvadoreño, guatemalteco y viene para abajo, y va ser global.
Eso me daba espacio para hablar sobre una de mis obsesiones: la degradación del ser humano. El argumento emocional es también qué pasa con la degradación. Yo viví en una Costa Rica muy pobre, lo que cuento de los tugurios me tocó vivirlo a mí. Vivía con un tugurio enfrente y los niños se cagaban en la acera y enfrente de mi casa. Es lo único autobiográfico de la novela, a excepción de algunas pocas cosas que no me pasaron a mí pero que le pasaron a algunos amigos.
Cuando yo miraba pasar eso me preguntaba qué le pasa a los niños cuando se degradan, si un niño puede degradarse, yo vivía con la degradación enfrente. Y cuando supe lo que estaba pasando con los Escuadrones de la Muerte en El Salvador, yo pensé “claro, aquí viene una línea que pasa, que sigue pasando”, y fue siguiendo mi obsesión sobre la degradación que entré en El Salvador.
También porque la lucha salvadoreña involucró a muchos ticos que dejaron la vida y otros que volvieron. En Limón por ejemplo hay un señor que tiene una joyería y que fue guerrillero en El Salvador. Hubo más participación de la que te imaginás. Entonces ese conflicto fue centroamericano. Una cantidad de gente más grande de la que se cree basó todas sus ilusiones y ayudó a sacar adelante aquella lucha. Yo por lo menos tengo cuatro amigos cercanos que se jugaron la vida por la revolución salvadoreña. A través de ellos fue que supe de Marcial y Ana María que me parecían personajes increíbles. Lo que me contaban me iba abriendo un mundo, que no era sólo de los salvadoreños. Había ticos jugándose la vida, allá y acá…
Es que el futuro de El Salvador iba a afectar a toda Centro América. Escribir esta novela fue retomar un pedacito de esa historia de Costa Rica, retomar la historia de esa gente que puso sus esperanzas en esa utopía, y de esos ticos que siempre hemos negado que somos parte de Centro América. Costa Rica no es un país aislado como a los ticos nos gusta verlo. Y esto es así desde la guerra, lo estábamos viviendo desde El Salvador, creíamos que la revolución iba a ser centroamericana, Marcial así lo creía.
Mi hermano, que fue guerrillero en Nicaragua y aquí en un movimiento que fracasó, me decía que la revolución iba a ser regional. Yo soy heredera de eso.
Limón Blues fue una novela muy cargada de datos. Después de cinco años de investigación, ¿como decidís qué meter y qué no en Limón Reggae?
Aquí no podía hacer lo mismo que en Limón Blues porque esto no es una novela histórica. Aquí podía darme el lujo de hacer lo que yo quería, aquí no le debo nada a nadie, por eso no pongo agradecimientos porque en esta novela yo quería hacer lo que me roncara la gana. En Limón Blues tenía que seguir el curso que dictaba la historia pero aquí tuve la facultad de escoger para poder solucionar la novela como yo quería. Quería una novela ágil, sin demasiado detalle y para eso tenía que sacrificar un montón de cosas pero sabía que algo tenía que pasar alrededor de Marcial y Ana María. Y esa sensación de catástrofe que pasó con Marcial y Ana María tenía que poderse hablar porque somos humanos y en todo movimiento se dan este tipo de situaciones.
Es mentira que los salvadoreños andan todos con un picahielo en la bolsa, no es cierto, eso pasa en todos los movimientos. Mi compañero es chileno y las cosas que él me cuenta que pasaron allá son también terribles. En todos los movimientos de izquierda hubo errores y si se quiere salvar la utopía tiene que poderse hablar sinceramente de todas las cosas que pasaron. En El Salvador pasaron cosas demasiado hermosas como para no poder hablar de lo que pasó con las dos personas más maravillosas, los dos líderes máximos del movimiento revolucionario. A mí me regalaron una carta escrita por Marcial en que sabe que lo traicionaron y por qué no puede soportar eso y dice que tiene que tomar una decisión. Yo sé que la carta es auténtica por la persona que me la dio, por la letra, por el dolor que tiene y porque es su estilo. Finalmente esa carta fue la que me decidió a integrarlo a la novela.
Él se oponía a la negociación y decían que era tan puro que era sectario. Me llamaba la atención porque hay cosas que se pueden creer y otras no y tengo la impresión de que si Marcial estuviera vivo él no hubiera aceptado la negociación, no lo hubiera hecho así.
¿De dónde sacaste la versión de la muerte de Marcial que planteás en la novela?
De gente muy cercana, la más cercana que puede haber.
Te pregunto porque hay cualquier cantidad de versiones sobre su muerte, que si que fue la CIA quien mató a Ana María, que si fue Tomás Borge el que le “ordenó” suicidarse a Marcial y que incluso le puso la pistola en la mesa, hay varias versiones y hasta hoy sólo sé de una persona más que exime a Marcial de toda responsabilidad sobre lo de Ana María, pero sigue siendo un tema sobre el que no se ha escrito ni discutido mucho en El Salvador…
A mí me parece una lástima que los salvadoreños lo quieran borrar pero bueno, no soy salvadoreña y como centroamericana me pregunto ¿por qué?
Por eso me pareció muy interesante que hayás tocado el tema en la novela, aunque obviamente es ficción y salen con nombres ficticios, es un recurso literario, no mencionás nombres de organizaciones ni comandantes reales…
… sí, porque no pretendo hacer una novela histórica ni decir la verdad. Es una visión sobre las cosas y es una versión literaria, eso tiene que quedar claro. Y si a partir de eso quieren hablar de ello, qué bueno y si lo quieren tomar como una fantasía también.
Esto no es una denuncia, es una novela política. La única imagen que planteo de Marcial es que es un héroe pero muere, es un héroe caído, un héroe decepcionado, muy triste. Es una mezcla de lo que me contaron y de mis impresiones. Ya se sabrá eventualmente si eso fue o no verdad. Pero una cosa que me impresionó es la manera cómo después de la muerte de Marcial y Ana María hay un cambio de táctica radical, no hay tiempo de duelo, es como en la muerte de Héctor en La Ilíada: “durante nueve días lo lloraremos, el décimo lo sepultaremos, el undécimo le erigiremos un túmulo y el duodécimo volveremos a pelear”.
(Publicado en CA21. La segunda parte de esta entrevista se posteará el próximo lunes).
HAY MUCHAS LECCIONES QUE APRENDER DE ESTA NUEVA NOVELA POLITICA. LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA EN CENTRO AMERICA COMO AQUI DENTRO DE LOS EE.UU.
LAS VICTORIAS DE LOS AFRO-AMERICANOS HAN SUSTENTADO LAS LUCHAS DE LAS MINORIAS NACIONALES Y EN ESPECIAL LA DE LOS LATINOS.
EN ESPERA POR LA SIGUIENTE PARTE DEL PROXIMO LUNES.
GRACIAS, JAIME
Hola ana cristina, yo solo puedo mencionarte dos cosas: Una es el valor que has tenido de decir las cosas, esas cosas que nos atañen a muchos, si nos es que ha casi todos los latinoamericanos, lo respeto y lo aplaudo en serio; y Dos ya quiero leer de propia mano tù libro espero me mandes algunos detalles de como conseguirlo. Mèxico D.F.
antonio alonso rojas | 4 de Diciembre de 2007 - 07:16 PMPuedes adquirir Limón Reggae desde cualquier parte del mundo en http://www.editlegado.com/product_info.php?products_id=86
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mailin | 13 de Octubre de 2009 - 10:11 PMpara adquirir Limón Reggae http://www.editlegado.com/product_info.php?products_id=86
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mail | 13 de Octubre de 2009 - 10:16 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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