14 de Agosto de 2007
El tercer elemento: Mr. Dickens
Desde que la difunta Bonifacia entró en su adolescencia, tuve que acostumbrarme a tener siempre en casa un tercer gato honorario, un macho que quedaba rezagado en casa luego de las babilónicas orgías sexuales de mi princesita. Este “tercer elemento”, como siempre lo llamé en mi mente, era por supuesto el gato inteligente de la manada: descubría la puertecita para gatos, que había comida siempre, un lugarcito cómodo donde dormir y que, bajo ninguna circunstancia se le haría daño. Mejores condiciones para quedarse, no podría encontrar.
Así tuvimos un desfile de gatos peculiares. Como Brutus, un gato blanco y negro al que llamé así por bruto: jamás se dejó acariciar. Llegaba a eso de las 6 o 7 de la noche, comía, se echaba en un silloncito y ahí dormía toda la noche sin molestar a nadie. Al levantarme, ya Brutus había salido a pasar el día quien sabe dónde. Eso fue en mi casa de Managua y allá quedó cuando nos fuimos para El Salvador.
En la casa de Los Planes tuve a dos. Uno llamado el Gato Cagón. Su nombre lo dice todo. Tenía el mal hábito de meterse a la casa por una ventana, cuando yo no estaba, y hacer caca en algún cuarto para marcar su territorio o su odio hacia mí, supongo. La Loli, que jamás ha respetado los códigos de género ni rango hacia otros gatos, se peleaba con él a muerte para defender “el honor familiar” y territorial (porque las hembras normalmente no se meten a pelear contra los machos). Un día, el Gato Cagón cometió lo inimaginable. Hizo caca en absolutamente todos los cuartos de la casa menos en el baño. Hizo en la sala, el comedor, debajo de la cama del cuarto de los invitados, encima de mi cama y justamente debajo de mi escritorio, donde fue sorprendido por la Loli y donde parece que se revolcaron en un gran pleito. Cuando volví a casa esa noche, la pobre Loli estaba hasta las orejas de mierda ajena pero orgullosa de haber corrido al intruso. Y mientras limpiaba todo yo me preguntaba cómo era posible que de un solo gato saliera tanta caca. ¿Sería que el gato se contenía toda una semana para venir a cagarse a mi casa?
El Gato Cagón se ausentó un par de días y yo ya suspiraba aliviada de que se hubiera ido. Pero entonces lo vi en el jardín, caminando algo extraño. Salí a verlo y resultó que alguien le había dado tremendo machetazo en uno de sus muslos traseros. La herida estaba abierta e infectada de gusanos. Traté de agarrarlo para limpiársela y curarlo, pero me quiso agredir y se fue corriendo. Jamás volví a verlo.
Luego apareció uno al que no le puse nombre pero al que a veces llamaba Yellowman, por un excelente cantante jamaiquino de dancehall. El gato era amarillo, grande y tenía cara de rufián. Aterrorizaba a mis niñas persiguiéndolas sin descanso y me caía muy mal por eso, además de que mató a una de las ardillas que llegaban a visitarnos. Ni la Loli le metía mano. Le gustaba pasar la tarde y la noche dormido en una mecedora que tenía en un corredor y sobre la que había unos cojines. A pesar de todo, en las noches frías y lluviosas de Los Planes, salía a ponerle unas toallas y cojines viejos adicionales, para que no tuviera frío. Jamás logré hacerme amiga de él tampoco, aunque me aceptaba la comida que le daba. Y allá quedó en la casa de Los Planes cuando me vine a Costa Rica.
Aquí al comienzo asomaron dos gatos para ver a las chicas nuevas del vecindario. Ambos con cara de rufianes. Uno venció al otro. El vencedor fue un gato gris y blanco parecido a la Boni y que muchos confundían con ella aunque fueran tan diferentes. Pero nunca tuvo mayor atrevimiento que bajar al jardincito.
Al morir la Boni, hoy hace exactamente medio año (snif, snif), como al par de meses, comenzó a bajar y encontró la manera de entrar por la puerta de gatos para robar la comida. Luego, envalentonado y confianzudo, comenzó a maullar pidiendo váyase a saber qué. Un maullido agudo, desagradable e incesante. Primero luché contra él para correrlo. No me gustaba la idea de un gato extraño robándole la comida a la Loli, quien de por sí andaba deprimida por la muerte de la Boni. Pero poco a poco lo dejé estar porque pensé que más bien le hacía compañía. Ella también lo dejó, cosa extraña, porque como he dicho, ella ha sido la primera en mandar a cualquier gato al diablo. Así se ha incorporado a nuestra pequeña familia Mr. Dickens (el de la foto), al que bauticé así pensando en los personajes de huérfanos y mendigos que superan la adversidad, tan frecuentes en el escritor inglés.
Mr. Dickens tendrá unos 3 o 4 años. Tiene una cabeza muy grande y un cuerpo muy largo, tanto que digo que es un “gato salchicha”. Y al contrario de todos los terceros elementos anteriores, éste ha aceptado mis cariños y hasta se deja chinear como un bebé. A veces se pasa todo el día aquí, dormido, y se va por las noches. Pero vuelve en la madrugada para esperar que me levante y servir desayuno.
Por suerte ya ha reducido aquellos desagradables maullidos. A veces se me sienta encima y se duerme sobre mis piernas. Su pelo es muy áspero al tacto y siempre le siento, debajo del pelo, cascaritas de heridas. Cuando vino tenía tremendo arañazo sobre la cara y además, le falta un pedazo de la punta de su oreja derecha.
La Loli lo tolera bastante. Tienen una relación peculiar. La he visto sentada frente a él maullándole quedito. Yo diera mi reino por saber qué le está diciendo ella, pero supongo que le está explicando “las reglas” de la casa: “mirá tarado, no vengás maullando a las 3 de la mañana pidiendo comida que mi mami se enoja y además no te va a hacer caso. Y no se te olvide que aquí la que manda soy yo”. Sin embargo, su presencia ha sido altamente terapéutica para la Loli, quien ya no se deprime tanto como antes por la ausencia de la Boni.
La he visto caminar junto a él y pegarle tremendos bofetones a Dickens, sólo porque sí, en plena cara. Él ni se mueve. Pone carita de Oliver Twist, parpadea con tristeza, pero no la agrede. Y salen juntos a tomar el sol en la mañana de vez en cuando, que era lo que a la Loli le gustaba hacer con la Boni. Están juntos pero no revueltos.
Es la primera vez que un gato decide “adoptarme”. Porque a diferencia de los otros me habla, se relaciona conmigo. Ya ahora hasta me preocupo por él cuando no viene, sobre todo en las tardes en que llueve como si fuera el fin del mundo. Supongo que tiene otro lugar donde estar. Sospecho que puede ser un taller mecánico o un parqueo, porque a veces viene apestoso y hasta manchado de aceite de carro.
En un par de ocasiones me ha pasado algo terrible con él: lo veo de pronto y pienso, jubilosa: "¡La Boni ha vuelto!". Pero entonces vuelvo a la realidad y recuerdo que ya ella no está, que éste es otro gato que tiene el mismo color y nada más. Es una sensación bien fea, sobre todo cuando me doy cuenta de que no es ella.
Veremos cómo continúa esta historia.
Tus historias de gatos son tan tiernas. Se ve que los querés mucho.
Ah sí. Pónganme un gato enfrente y me ganan de inmediato...
jacinta | 14 de Agosto de 2007 - 06:37 PMUy que suerte la de Mr. Entiendo perfectamente eso del tercer elemento, pero en mi caso ha sido el cuarto elemento, Inti, con igual pinta de gañán que el tuyo. Se ganó el afecto de todos y nos da unas serenatas! Saludos.
Gallina con gripe | 14 de Agosto de 2007 - 09:15 PMHola,
Entre a esta página por mera casualidad... No podía dejar de reirme con esta historia, anoche acabo de perder a un muy buen gatito que llego a mi casa hace algunos meses, se llamaba Pantera... Yo todos los días le cantaba una canción con la siguiente letra "YO SOY UNA PANTERA QUE PAREZCO GATO QUE PAREZCO GATO". Él era negro super grande y fuerte, estoy segura de que no era un gato, sino una pantera que no crecio mucho :) pero se enfermo del higado y las probabilidades de vida eran muy bajas, así que decidimos parar su sufrimiento, que realmente fue mucho, yo no aguantaba verlo asi... No ha pasado mucho tiempo de su despedida y ya lo extraño, sé que hice lo mejor, que ahora esta sonriendo pero no evito sentirme triste.
Sólo les pido que cuiden mucho a sus gatitos, que les revisen las plantas de sus patitas, sus orejitas por dentro, su piel y sus encias; es importante que tengan un color rosadito y no amarillo pues esas son las caracteristicas de esa enfermedad tan dolorosa.
Bueno por lo menos me quedo mi niña, se llama Mina,(esta conmigo desde hace un año) anoche ella no dejaba de lamerle la carita y se acosto junto a él a cuidarle, ellos eran muy buenos amigos a pesar de que Pantera era un chico libre, pero eso no le quitaba el gran corazón que tenía.
No esta de más decirte que me alegraste mucho el día, soy felíz cada vez que conozco a una persona que ama tanto a los gatitos como yo. Ellos se merecen todo nuestro cariño, porque ellos a pesar de lo que dicen muchas personas, son unas personitas muy nobles y un amor inansable para darnos :D
Hola Emily, gracias por contarnos sobre Pantera, aunque lamentablemente ya le tocó irse. Claro que hiciste bien, aunque son decisiones dolorosas, pero más dolor nos causa ver a nuestros compañeros sufriendo. Algo así me pasó con Bonifacia, mencionada en esta nota.
Si te interesan las cosas sobre gatos, chequéate la categoría de "Gatonoticiero" (a la izquierda), donde sólo hay notas sobre gatos.
Saludos.
Que casi me cago de risa con el Gato Cagón jajaa ... Desde ayer estoy siguiendo su blog y me encanta, ojala siga compartiendo sus anecdotas con tacuazines, gatos, pajaritos, etc :)
Karencita | 13 de Marzo de 2010 - 11:54 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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