1 de Agosto de 2007
Recomendaciones para escritores: asuntos prácticos (2)
Una de las cosas que yo buscaba con ahínco cuando comencé a tomarme más en serio el asunto de escribir eran consejos de carácter práctico por parte de escritores establecidos. Leí diversos decálogos y reglas sobre cómo escribir un cuento o una novela y esos decálogos y reglas muchas veces se contradecían entre sí.
Finalmente asumí que no existen fórmulas ni recetas para escribir y se van descubriendo detalles del oficio en la marcha y se hace de manera muy personal y que, al igual que la moda, cada quien toma y aplica lo que mejor le acomoda.
Por lo demás, y en lo personal, no me interesa descubrir fórmulas para la escritura porque precisamente uno de los detalles que mantiene viva mi pasión por este oficio es su misterio, su capacidad de asombrarme, de enseñarme algo nuevo en casi cada línea que escribo, esa manera en que en que cada trabajo nuevo siento no saber absolutamente nada, como si estoy dando golpes de ciego en un cuarto oscuro y en que, al final, siempre resulta algo. Eso convierte la escritura en algo sumamente emocionante para mí.
También aprendí que uno pasa por diferentes fases (y seguramente varían de autor en autor). O que hay algunas cosas de carácter práctico que pueden o no servirle a todos y que uno debe saber discriminar cuáles nos sirven para trabajar mejor y cuáles no.
Comencé a escribir desde muy niña. Y escribir no significa que uno escriba palabras y páginas. Mi tío Ricardo tenía la costumbre de regalarme libros ilustrados cuando aún no podía leer. Y no había quién me los leyera. Así es que miraba los dibujos y me inventaba mi propio cuento, el cual por supuesto tenía variantes de día en día, de acuerdo a los nuevos detalles que iba descubriendo en los dibujos o a mi estado de ánimo.
Cuando por fin pude escribir y continué con mis lecturas, me dije a mí misma, terminando de leer Heidi de Johanna Spiry, que sería genial poder escribir una historia. Pero en vez de escribir comencé una época de lectura interminable, tanto que mis padres me regañaban porque no hacía otra cosa más que leer.
Luego pasarían el tiempo y muchas cosas pero tenía la idea de ser escritora “cuando fuera grande”. Y por fin hubo un momento en que lo asumí y puse manos a la obra, en que me lo planteé con toda la seriedad del caso.
En esa etapa, una de las fases que recuerdo más particularmente fue algo que con el tiempo bauticé como “vencer el pudor interno”. Tenía miedo de mis propias palabras, miedo de lo que podía o quería decir, miedo de lo que mis palabras podían hacer o causar en otros. Lo que yo quería decir/escribir tenía en mi mente un tono muy peculiar, pero las palabras en el papel eran tibias, tímidas, casi se contradecían. Pensaba en lo que dirían si alguien lo leyera. Y todas esas cosas que escribí no me gustaban, no tenían sustancia, vida. No tenían esa agitación que hacían que para mí fueran importante decirlas en voz alta/escribirlas.
Entonces comencé a escribir así, como siguiendo un dictado interior, con malas palabras, escenas fuertes, sexo explícito, ideas que tenía y que no me atrevía a decirle a nadie porque contradecían por completo lo “políticamente correcto”. También comencé a escribir sinsentidos, con estructuras y el orden de la narración alterado, con palabras inventadas o con juegos de palabras.
Me olvidé y obvié por completo lo que otros pensarían y al hacerlo, ocurrió una suerte de liberación personal. Me desprendí de una especie de doble vida. Y los textos cobraron vida y fuerza propias.
Esa fase de vencer el pudor interno me sirvió también en otros momentos de la escritura, como el primer borrador. Durante esa escritura creo que no hay que preocuparse mucho por la gramática, la ortografía, la puntuación (para esos detalles siempre hay tiempo después, cuando corregimos).
A veces nos falta una referencia concreta o no encontramos la palabra precisa. Necesitamos una fecha, el nombre de un lugar y no lo tenemos a mano.
Cuando eso ocurre no deshecho la idea y dejo un paréntesis o anoto un asterisco con la intención de volver sobre ello o investigar con precisión cuando sea la fase de la corrección. Lo importante de ese primer borrador es dejar fluir las palabras y el sentimiento que las acompaña porque cuando se escribe el primer borrador, ese fluir es vital, hay que atraparlo, es como un pez escurridizo que, si no lo acorralamos, se nos irá de las manos, corriente abajo, y nunca volverá a nosotros.
Y sí, hablo de sentimiento en la escritura. La literatura, como cualquier disciplina creativa, debe compartir sentimiento, pasión, y no solamente razón, intelecto. Cuando eso ocurre, el texto se torna frío y muchas veces tiene más que ver con el ego, con pose, con ganas de convencer al lector de que se es inteligente, hábil con las palabras (con ser “intellectually cute”).
Prefiero un texto al que puedo rascarle algo de imperfección gramatical, algún hueco o sinsentido en la historia, pero que tiene sangre, sudor y lágrimas a uno tan perfecto que no me dice absolutamente nada, que no me transmite ni papa de emoción, de furia, de júbilo, de pasión, de angustia. Finalmente un texto perfecto resulta tan frío, que se me cae de las manos y dejo de leerlo. Y me predispone contra ese autor que se las quiere pasar de listo conmigo, que me tiende trampas con una narrativa contenida, excesivamente pensada, que quiere mostrarse “cute” pero que, en el fondo, no tiene nada qué decir. O no tiene las pelotas para hacerlo.
Creo en la escritura desde la tripa. El cerebro puede ayudar, pero después, cuando nos sentemos a corregir.
(Ilustración: Writer's Resource Center).
(Continuará...)
Que bien es leer este tipo de texto no sólo por las confesiones que haces como escritora sino porque en cada oración voy diciendo: es cierto, es cierto, es cierto. Me gusta mucho tu blog, lo leo diario y me emociona cada vez que escribes, cuando pones videos o cosas así pues sólo los veo pero es mejor cuando escribes. Espero la continuación para mañana y me parece muy acertado que digas que lo principal a la hora de escribir es la libertad que existe para hacerlo.
Alcion | 1 de Agosto de 2007 - 09:26 PMGracias Alción y me alegra que se identifique con lo que escribo. Saludos.
jacinta | 1 de Agosto de 2007 - 09:34 PMPara mi cualquier título y etiqueta me resulta complicada. Un estudiante de aviación debe acumular horas vuelo antes de llamarse piloto, pero para los actores, escritores, bailarines, cantantes, músicos, no hay tal cosa. Es como que tuvieramos que esperar a un momento de iluminación y de pronto sentirnos un día que sí podemos decir que eso somos.
Yo por ahora soy una larga lista de sujetos separados por barras diagonales.
medea | 2 de Agosto de 2007 - 03:35 AMHola, pues yo soy un chico de 16 años recien cumplidos y llevo ya algun tiempo con ideas rondandome por la cabeza pero nunca me he atrevido ha comenzar a escribir quizas por verguenza a que la gente lo lea y se fige en mis fallos pero viendo tu blog me he dado cuenta que para aprender a escribir hay que comenzar algun dia, de echo aun no he leido mucho de tu blog pero me aprece que das experiencias de un escritor y algun que otro consejito y voy a tratar de leermelo desdel principio.
Ahora es la primera vez que estoy escribiendo algo, acabo de comenzar un relatito pero espero con suerte y dedicacion llegar a mucho mas.
Pues eso, gracias por darme animos involuntariamente para comenzar de algun modo y espero poder pasarme a diario por aqui para seguir aprendiendo de ti ^^
Kirtash46 | 25 de Agosto de 2007 - 08:47 PMKirtash46, si entra en la categoría de "escritura" encontrará diferentes reflexiones sobre el oficio del escritor, pero de todos modos espero encuentre otros temas de interés por acá.
Bienvenido y ¡a escribir!
Hola, mi nombre es Agustin. Es la primera vez que leo tu blog, y me encantó lo que escribiste, sobre todo la parte de que "perfecto es frío". Yo opino exactamente igual que vos, me parece que si uno se enrosca mucho con las palabras o se las rebusca mucho para parecer inteligente (hasta que el lector se da cuenta que está forzado) obtiene un resultado contraproducente, una lectura tediosa que el lector promedio desecha porque le cuesta. Para mi la narración tiene que ser dinámica, expresando ideas que pueden ser complicadas de entender, pero FACILES DE LEER. Yo creo que una hasta la historia más simple puede ser muy atrapante si está bien contada.
En fin, me senti muy identificado en casi todo (yo no pongo malas palabras ni escenas de sexo explicito en mis relatos, no va con el género), así que ahora me siento un poco mas acompañado en este, para mí, solitario camino que es decidir convertirse en escritor. Saludos!
Gracias Agustín por tu comentario. En realidad el oficio del escritor tiene elementos comunes para todos y en esos puntos en común es que nos acompañamos los unos a otros.
Saludos.
Me gusto la expresión de su metamorfosis en el inicio de sus trabajos y realmente me identifico con sus palabras, solo debemos dejar hablar a las tripas y luego lijar las partes mas rugosas para que el producto presente un buen acabado.
Gracias y muchos exitos!
Miguel Angel
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