12 de Junio de 2007
Ojos Verdes
El hombre que va sentado junto a mí en el bus tiene los ojos verdes con algunas pringas amarillas. Me gustaría verlos con más detenimiento, nada más que para satisfacer mi curiosidad científica porque ojos así son muy raros, pero por supuesto no lo hago.
Es delgado, con los pómulos huesudos, bigote, barba a medio crecer. Lleva puesta una gorra azul, una camiseta rojo con azul, bastante desteñida, sin mangas y un blue jean. No soy muy buena calculando edades pero puede ser que tenga entre 30 y 35 años.
La primera vez que lo vi fue en la fila de espera en migración. Él estaba delante de mí. Luego lo vi en la fila para subir al bus. Él estaba detrás.
Cuando entramos al bus, él se sentó detrás de mí. El bus iba lleno casi a totalidad. Sólo el asiento junto al mío y otro iban vacíos. Pero subió una mujer con su niña y quería sentarse con su hija, así es que le pidió a Ojos Verdes si podía sentarse en uno de los vacíos. Claro, dijo Ojos Verdes. Y se sentó junto a mí.
Es nicaragüense, como casi todos los que siempre van en ese bus. El pasaporte lo llevaba en el bolsillo de atrás de su pantalón. Lo sacó en cada una de las tres revisiones que hicieron los policías ya en territorio tico.
En algún momento me pregunta cuánto tardaremos en llegar a San José. El viaje apenas comenzaba. Eran las 11 de la mañana, el bus había salido de Peñas Blancas a las 9 y media y si no había retrasos en la carretera, con suerte llegaríamos poco antes de las 4.
Pensé que era uno de los nicas que vienen por primera vez a Costa Rica. Muchas veces me ha tocado sentarme junto a uno de ellos. Viajan con una mezcla de ansiedad, angustia, tristeza y esperanza. Muchísima esperanza. Y preguntan cinco mil veces durante el camino si “ya vamos a llegar”, como los niños cuando van en un carro en el paseo familiar.
Siempre, cuando el bus va sobre la autopista y dobla de La Sabana al Paseo Colón, al final del viaje, los que vienen por primera vez se pegan a la ventana y sienten que están entrando a La Gran Ciudad Prometida. Miran con tanta ilusión los negocios, los edificios, el congestionamiento de tránsito, los policías con sus chalecos verde fosforescente dirigiendo el tráfico dizque para agilizarlo, la gente caminando en las calles. Si vienen en grupos de tres o cuatro, se miran unos a otros, sin cruzar palabra, pero con una mirada que dice “lo logramos, ahora todo no puede ir más que bien”. Siempre me enternece mucho verlos.
Ojos Verdes vuelve a preguntarme un par de veces más cuánto faltará. En realidad no pregunta, sino que lo dice como para especular en voz alta. Entonces me cuenta que tiene que tomar el último bus a Limón a las 4 de la tarde. Me sorprende. Tomar otro bus a Limón desde San José significa otro viaje de 4 o 5 horas. El solo pensarlo me agota.
Así comenzamos la plática. No va exactamente a Limón sino a una bananera cercana, en un lugar llamado Batán (si entendí bien). Trabaja en la bananera, en la empacadora. Vive allá con unas tías que llegaron de Nicaragua desde los años 70. No paga casa pero les da algo a sus tías por la comida. Tiene más de un año viviendo allá. Le habían dado unos días libres por algún problema médico y aprovechó eso para ir de visita a Nicaragua. Tenía una semana fuera.
Le dije que en realidad no conozco Limón. Sólo he pasado en bus las veces que he ido a Puerto Viejo. Me dio entonces por contarle de cuando fui a Tortuguero, porque en el camino, la gente que nos invitó (junto a un grupo de escritores) nos llevaron a conocer una planta empacadora de banano. ¿Es bonito Tortuguero?, pregunta Ojos Verdes. Sí, le digo, mucho. Hasta le cuento de cuando vi desovar a las tortugas en la playa, de madrugada, y de cómo salían las pequeñas del huevo y corrían torpes hacia el mar. Y de cómo no era posible bañarse en aquellas playas porque están llenas de tiburones y barracudas que esperan, precisamente, a las tortuguitas cuando entran al mar.
Ojos Verdes no es un gran conversador. Hablamos frases cortas intercaladas por silencios que duran kilómetros. En mi interior agradezco que no me haga preguntas ni sea impertinente con su conversación. Voy cansada, mal dormida, mal comida, adolorida por aquellos asientos tan incómodos, acalorada y fastidiada. Nadie tendría muchas ganas de conversar en una circunstancia así.
Mira su reloj. Antes de llegar a San Ramón comienza a llover y lloverá varios kilómetros. Me ayuda a cerrar la ventana para que no se meta el agua. Veo que tiene un aro matrimonial. Supongo que la esposa y los hijos estarán todos en Rivas, de donde me dice viene. Pero no se lo pregunto. Tampoco me gustaría que él se sintiera fastidiado por mis preguntas.
Hago cálculos en mi mente y si tiene suerte, llegaremos con el tiempo completo como para que se monte en un taxi, corra a la Estación del Atlántico y alcance el bus a Limón. Pero el chofer es rápido. Llegamos faltando 20 para las 4. Antes de que pare el bus, Ojos Verdes ya está de pie en el pasillo, listo para salir volando.
Adiós me dice. Que le vaya bien le digo yo. Y sonríe, mostrándome una dentadura increíblemente perfecta.
Qué bonito texto. Gracias.
Rafael Menjívar Ochoa | 12 de Junio de 2007 - 05:56 PMGracias a vos, saludos.
Jacinta | 12 de Junio de 2007 - 06:04 PMHola Jacinta, mire que no conozco + que el aeropuerto de Nicaragua y de San Jose, pero me traslade con su narración a esa carretera, y tambien al Tortuguero...la felicito y me declaro su fan de lectura, aunque no lo hago ahora me las pongo de tarea.
siga escribiendonos... y gracias por compartir todo lo que escribe.
Karin
karin | 12 de Junio de 2007 - 07:17 PMQué lindo! Conozco esa mirada de "lo logramos!"
itzpapalotl | 12 de Junio de 2007 - 08:42 PMGracias Karen e Itzpapalotl.
Jacinta | 12 de Junio de 2007 - 08:51 PMAdoré el relato :)
analu | 12 de Junio de 2007 - 09:21 PMBuen texto, lo disfruté. Ojos Verdes es un personaje interesante.
Maria | 13 de Junio de 2007 - 02:08 AMMe hubiera gustado concerlo, ver sus ojos. Gracias por contarlo.
Karla | 13 de Junio de 2007 - 02:26 AMesta re bueno quisiera conocer a Ojos Azules me necantan los ojos de algún color en especial!!
cin | 14 de Junio de 2007 - 12:41 AMLeí su relato (obviamente sino no estaría aquí escribiendo)El viaje a Limón dura 3 horas, a Bataan 2 horas y 20 min aproximadamente. Yo soy de Bataan y el leer su relato me hizo pensar en lo de los seis grados de separación y que él nunca sabrá que hay una pequeña historia inspirada por él y escrita en internet por la compañera casual de asiento en un bus.Eso fue lo que me hizo pensar su relato , porque la historia sólo tenía la pequeña curiosidad de un nica bananero de ojos verdes y buena dentadura, y sí, sé que se trataba, de forma muy sencilla ( lo cual es bueno porque demuestra que al menos no tenía grandes pretensiones) sobre el llegar a una nueva tierra llena de esperanza y todo eso.
Li | 18 de Junio de 2007 - 12:39 AMRecuerdo el 11 de setiembre de 1973: Eran alrededor de las 11:00 a.m. en la frontera terrestre de Peñas Blancas. Era mi primer viaje fuera de las fronteras natales. Desde que salí de Managua las noticias de la radio se difundían, de rato en rato, sobre el asedio a La Moneda, en Santiago de Chile.
Cuando finalmente crucé las oficinas migratorias y abordé la "cazadora de Liberia" El Gobierno de Salvador Allende había concluido trágicamente.
Empezó a llover con sol y me sorprendió creer ver que la lluvia de este lado caía de otro manera.En el corazón sentí intuitivamente un gran dolor por Chile y me sentí repentinamente chileno, aunque aún no había ni leido a Pablo Neruda...Sentí que en ese momento miles estarían, como yo, cruzando fronteras.
Yo tenía 15 años y a pesar de algunas experiencias "maduras" seguía siendo un "carajillo", muy ingénuo, pero muy perceptivo y con un "sexto sentido"
Venía con mi padre que tenía residencia desde los años 30 y la había renovado para poder trasladarnos a todos despues del terremoto del 22 de diciembre.
Efectivamente, supongo que mis miradas eran de todo eso que veía "ojos verdes". aunque supongo tambien qe eran otros tiempos.
Hoy veo (sin generalizar por supuesto)con más recelo que con simpatía a mis compatriotas migrantes... de repente veo en sus miradas mucho resentimiento, envidia, dolor, tristeza, ganas de olvidar, ganas de conocer una suiza de sueños que nunca encontrarán y si, mucho de "arribismo" y "voy a lo que salga".
Ciertamente me siento más conmovido por las tragedias de los ticos, que a veces tenemos ojitos de "lo logramos" sin lograr nada. Sin saber a ciencia cierta qué nos va a pasar mañana.
Me gusta el tono del comentario "ojos verdes" porque rememora aquella época en que los nicas eran bienvenidos porque culturalmente eran compatriotas de Rubén Darío y políticamente eran herederos de Augusto Cesar Sandino.
Eran los tiempos en que los mejores zapateros y joyeros eran nicas y nuestras familias hacían en diciembre, 200 nacatamales para repartir entre todos los vecinos y amigos.
De un tiempo para acá, a muchos nos dió verguenza haber dejado el ombligo al otro lado de la frontera norte.
Sin enbargo, nada le debo a ese país, quien soy actualmente me lo dió esta tierra, este pueblo, esta idiosincracia liberal a medias, mogigata a medias, democrática a medias, caótica, fantasiosa a medias...
¿quizas porque soy tico y nica a medias?
Lo cierto es que "ojos verdes" tiene un tono de esperanza que enseña a quienes somos Ticos-nicas que no solo los tiempos idos fueron mejores.
Relata que podemos ver más en el color de las miradas y las posibles almas que revelan... que sólo la etiqueta de "migrante"
Hola Jacinta! me gustó mucho.... creo que es muy bueno, creo que tus personajes simpre son interesantes, el lector siempre espera algo y le das algo diferente... eso es bueno... no soy una gran lectora y no tengo grandes conocimientos, pero sé apreciar un buen escrito...siempre me gustó leer lo que escribes.... Gracias por dejar en alto el nombre de El Salvador...
Christy Guzmán | 10 de Julio de 2007 - 05:16 PMGracias Christy, muy amables sus palabras. Saludos.
Jacinta | 10 de Julio de 2007 - 05:20 PMmuy bonito relato,felicidades,yo tambien tengo de esos ojos .
roberto | 10 de Mayo de 2008 - 06:36 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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