13 de Junio de 2007
"La fiesta del sabor"
En medio de la nada, a pocos kilómetros de Cuatro Cruces y Barranca, está el restaurante Caballo Blanco y justamente a la par, el así auto-denominado "restaurante" llamado “La fiesta del sabor”.
El primero es una gran cabaña de madera con árboles, que se mira bastante agradable. De hecho, si anduviera en carro propio, podría ser un lugar en el cual me detendría a tomar un bocadillo y descansar un poco.
El segundo es un galerón de aspecto bastante triste y mal construido, con mesas de plástico y otras de metal o madera, comida a la vista y todo tipo imaginable de chucherías en el rango de lo salado a lo dulce, bebidas y hasta sorbete.
A ambos lugares los divide un muro, de manera que no se puede ver lo que hay al otro lado.
Es en “La fiesta del sabor” donde el autobús de Transportes Deldu (el así llamado “bus de los nicas” que viaja entre San José y la frontera con Nicaragua) siempre se detiene, sea a la ida o a la vuelta, para que el chofer coma y los pasajeros vayan al baño.
Los baños son, ehm, rústicos, están más o menos limpios y... mejor digamos que es un lugar al que yo no me metería a menos que me esté reventando de las ganas.
La comida a la vista me apetecía pero por otro lado, siempre tengo resquemor de comer en lugares que tienen ese aspecto. Digo, quien no tiene limpio un baño no veo por qué vaya a tener limpia su cocina.
Pero aquel día hice la excepción. Pensé que faltaban todavía horas en llegar a San José, y que siempre lo hago muerta de hambre. Pedí lo que aquí llaman un “casado” (un plato que incluye arroz, frijoles, algo de carne o pollo, ensalada y refresco). Pedí pollo, cero ensalada (pensaba en las bacterias) y una botella de agua.
Con mi bandeja me siento en la única mesa desocupada. Todos los pasajeros de mi bus y de otro que acaba de llegar aprovechan para comer. Desde donde estoy puedo ver al chofer. Cuando él termine su almuerzo, será hora de irse.
A pocos centímetros míos, pero hacia mi espalda, está un televisor. En algún momento, mientras pruebo el primer bocado, veo que todos los hombres (que eran muchos) están boquiabiertos viendo la tele. Tengo que voltearme para ver qué es: un partido de fútbol.
Sigo comiendo y escucho que se trata del partido El Salvador-Guatemala de la Copa de Oro. El comentarista menciona que, como se está jugando en un suburbio de Los Ángeles, el estadio debe estar a reventar de salvadoreños.
Los jugadores entran a la cancha, los salvadoreños de uniforme blanco, los guatemaltecos de celeste. Se cantan los himnos nacionales. Primero el de Guatemala. Cuando llegan a la parte de “no profane jamás el verdugo”, comienzo a cantar entre dientes. Me asombra recordar. Me encanta aquello de "ni haya esclavos que laman el yugo/ni tiranos que escupan tu faz", así tan exaltado y pomposo, incluso a nivel melódico. Pero ya para “libre al viento tu hermosa bandera/a vencer o a morir llamará”, siento lágrimas en los ojos (soy la única persona que conozco que llora con los himnos nacionales ajenos).
La reacción me resulta inexplicable. Es cierto que le tengo bastante cariño a Guatemala y que la gente de allá siempre se ha portado muy bien conmigo, pero de ahí a llorar por su himno nacional...
Y entonces el himno de El Salvador. Me di cuenta de lo inconvenientemente largo y desesperante que resulta toda la intro antes de finalmente comenzar a cantar. Y aquel “consagrar/consagrar/consagraaaaaaaar” interminable del final, todo demasiado largo tomando en consideración que estamos en un estadio a punto de comenzar un partido. ¿Quién quiere escuchar himnos, por Dios?
Entonces una panorámica de la afición presente en el estadio: un montón de hombres barrigones sin camisa han escrito sobre su pecho una letra, de manera que en fila, se lee "El Salvador". Pero ya no tengo tiempo de ver más. El chofer se ha levantado.
Camino hacia el bus que está en ese paraje de llanos, sin casas, sin árboles ni sombra. Un lugar en medio de la nada, insisto. Ya a punto de subir, miro el horizonte frente a mí. Se puede ver lo que supongo es la península de Nicoya. Y el mar. Y un barquito blanco, quizás el ferry.
Ese paisaje es lo único por lo que vale la pena parar allí.
(Les debo la foto, no andaba mi cámara).
Hola Jacinta. Impresionante que te sepas la letra del himno de Guatemala, o por lo menos identifiques algunas partes. Hace un tiempo me mandaron un mail en donde a la candidata de Guate, le pedían que cantara su himno, no se tal vez el era el miss universo o algo así, y la muy... empezaba bien y luego se le veía un poco la cara confusa y se inventaba el final de la estrofa. Asi que hubieras estado mejor tu para representarnos. Ja, ja.
Saludos cordiales
Ajajaja, muy bueno. De hecho me sé varios himnos, por los menos las estrofas importantes, incluido el de México. Pero fijate que no me puedo el de Honduras porque como tuvimos la guerra con los catrachos, no nos enseñaron su himno.
Saludos.
Hola, Estoy por acá conociendo y está muy interesante. Te dejo un saludo y te invito a mi blog que también habla de cine.
Bogotá 35MM | 14 de Junio de 2007 - 08:56 AMInteresante lo del Himno. Hay algunos que se rasgan las vestiduras por que en una radioemisora local, de mucho renombre, se les ocurrió hacer una versión muy.. o mejor dicho bien aguerrida/sentimental (como todo en guate, somos más sentimiento que cabeza), y la gente llama para reclamar por eso. Ni que digamos cuando en un festival de rock hace un tiempo sacaron una versión rock (la tengo para quien la quiera) la gente se rasgaba las vestiduras (claro, con cuidado de no dejar al aire algo obsceno jaja).
saludos,
Edwin Enrique Soria | 14 de Junio de 2007 - 09:26 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
