7 de Junio de 2007
Contando barcos
En el capítulo 22 de su libro Estambul, ciudad y recuerdos, Orhan Pamuk cuenta cómo, cuando era un niño, tomó el hábito de contar los barcos que miraba pasar en el Bósforo. La descripción es tan vívida que podemos visualizar al niño, apoyado en algún balcón, viendo hacia el agua y contando barcos. Pocas páginas después de ese párrafo nos encontramos con una fotografía donde se ve a un muchacho apoyado en un balcón. Al fondo de la foto se ve, por supuesto, el Bósforo y un par de barcos.
Supongo que el muchacho de la foto es el joven Pamuk y que, con aquella paciencia infinita que tenemos los que contamos barcos, permanecerá en aquella posición hasta darse por satisfecho y haber examinado los barcos.
Pamuk cuenta que llegó a un punto en que comenzó a tomar nota en un cuaderno de todos los barcos que iban y venían. Y además, se dio cuenta que su manía no era original, que su hermano, amigos y conocidos también contaban los barcos del Bósforo.
Yo también conté barcos alguna vez. Eso fue en Saint-Nazaire. Viví 6 semanas en un apartamento ubicado en el décimo piso de un edificio en la desembocadura del Loira, cerca de Nantes, en Francia. El apartamento tenía un balcón con una panorámica excepcional: el río, las esclusas para la entrada de los barcos, el astillero (cuando yo estuve ahí, se construía el Queen Mary 2), el puente, la ciudad.
Yo también comencé a tomar nota sobre cada barco que entraba o salía. Anotaba el día, la hora, el nombre del barco y su puerto de origen (muchos llevaban anotado, en letras más pequeñas, debajo del nombre del barco, el nombre de la ciudad). Y luego anotaba cualquier detalle que me llamara la atención como cuántos remolcadores lo acomodaban en la esclusa, qué tipo de carga llevaba, el detalle de alguna bandera (que a veces hasta dibujaba), el color del barco. Los barcos entraban y salían a cualquier hora, y tal era mi manía que no importaba la hora, yo me levantaba cuando escuchaba el timbre que anunciaba el paso de un barco, tomaba mi cuaderno de apuntes, y me disponía a pasar entre media y una hora viendo el trajín correspondiente.
A veces también anotaba cosas que se me ocurrían, como con uno llamado Jonás, en que anoté: “Jonás es una inmensa ballena verde”. O con otro, llamado Ali Baba: “Como buen ladrón, Ali Baba entra de madrugada y sale de madrugada. Se desliza sobre el agua en silencio, sin agitarla. Pareciera que flota, que levita sobre el elemento, que resbala por una inmensa superficie estática”.
Pamuk escribe en el mismo capítulo: "Cuando me voy de Estambul, a veces pienso que mi deseo de volver lo antes posible a la ciudad se debe a que quiero seguir contando barcos".
Y coincido: qué bueno sería volver a cualquier lugar donde alguna vez contamos barcos.
(Foto: tomada desde el balcón, en Saint-Nazaire, al atardecer. Noviembre del 2000).
Jacinta a las 04:12 PM | Referencias 0Linda historia. La foto está preciosa también.
Maria | 8 de Junio de 2007 - 03:44 AMGracias Maria. La foto la tomé con una cámara prestada. Me gustan los colores (que son originales, no retocados).
Jacinta | 8 de Junio de 2007 - 04:58 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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