8 de Mayo de 2007
Realidad vs. Imaginación: ¿Qué preferimos leer?
Es prácticamente imposible vivir en este mundo sin estar confrontado a un bombardeo constante de la realidad, metiéndose en cada rincón de nuestras vidas. Los periódicos, los noticieros, las películas, las series televisivas, los juegos de video e internet nos facilitan constantemente información y referencias cada vez más gráficas, menos pudorosas y más detalladas de sucesos criminales, conflictos políticos, guerras, atentados y violencia, pública y privada, en todas sus formas posibles e imaginadas.
A eso sumémosle nuestra vida cotidiana. Los hechos de violencia que nosotros mismos vemos ocurrir todos los días ante nuestros ojos, los que nos cuentan amigos y conocidos, el costo de la vida, la tensión de las ciudades... La realidad es tan estridente que muy difícilmente la podemos ignorar, incluso dentro de nuestros propios hogares.
Esta saturación de la realidad parece invadir cada vez más el ámbito literario, donde con mucha frecuencia vamos encontrando historias que, además de ser hiper-realistas, parecen querer explicar sucesos socio-políticos de diferentes países. Como si la literatura de hoy estuviera siendo usada para esclarecer algunos sucesos que, en su momento, no quedaron lo suficientemente esclarecidos o no fueron de difusión acertada por los medios de comunicación. Como si la literatura fuera un periódico.
En lo personal no estoy negada a leer ese tipo de libros, siempre y cuando la prioridad sea contar una historia, contarla bien, y que los eventos socio-políticos del escenario geográfico seleccionado ocurran como telón de fondo, sin que se quiera aleccionar al lector. Pero la verdad es que no se trata de mis libros favoritos.
Cuando leo quiero distraerme, no preocuparme más de lo que ya estoy con la vida cotidiana. Quiero encontrar un personaje inolvidable, un lenguaje exquisito, una estructura ingeniosa, una historia que me haga imaginar otras historias. Quiero descubrir y aprender cosas nuevas y mientras más insospechadas, mejor. Quiero emocionarme, alegrarme y hasta sentir lágrimas en los ojos por el infortunio de algún personaje. Imaginar lo que el escritor no me contó. ¿Qué pasa con los personajes después del final? ¿Qué estarán haciendo “ahora” los personajes (más de alguna vez me he cachado pensando en ellos como si estuvieran vivos, en una realidad paralela)?
Sentir esas cosas es lo que busco cuando leo algo. Y me resulta más fácil lograr esa sensación con libros radicalmente ajenos a mi realidad de vida. Los libros que me hablan de la realidad circundante me ponen a pensar en un par de cosas, pero nada más. Sé que sus personajes hablan y existen en función de esa realidad socio-política que me quieren disfrazar en una historia y por ello, suelen ser personajes que no logran colarse ni permanecer mucho tiempo en nuestro corazón lector.
En lo personal, en medio de tanta saturación de la realidad que nos invade, prefiero leer libros que me distraigan y alivien de esa realidad. Porque ¿quién dijo que los libros tienen que ser siempre “serios”, “didácticos”, “comprometidos con la realidad social” y que si no lo son, no sirven y no merecen ser leídos?
Me pasa lo mismo... me gusta que los libros me transporten, me enseñen aspectos desconocidos de la vida de otras personas en ambientes exóticos. La literatura oriental me fascina por eso mismo.
medea | 8 de Mayo de 2007 - 09:17 PM¿Habéis leído "Montés y Ríos"? Lo escribe Lydia Guerrero Arnalte y lo edita Editorial Nuevos Autores. Podéis saber más sobre el libro en www.lydiaguerrero.com. Además está a la venta en Casa del libro. Bueno, esa novela sí que me ha ayudado a evadirme de la realidad. ¡La historia es genial!
Antonia Moreno | 27 de Septiembre de 2007 - 02:41 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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