7 de Mayo de 2007
La violencia en la escritura: ¿hay un límite?
A raíz de de la masacre de Virginia Tech y de los escritos de Cho Seng-Hui, un tema en particular me ha rondado por la mente (y creo que también la de algunos lectores), y es la representación de la violencia en la escritura y en si habría un límite al tipo de violencia que los escritores pueden o deben describir en sus textos.
Hay que tomar en cuenta que en muchos casos, la intencionalidad de algunos que comienzan a escribir no es realmente literaria, sino más bien de catarsis (esos son los que se quedarán en el camino).
Hay varias fases en el proceso de formación de un escritor. Los primeros textos son, sin duda, mucho más espontáneos y libres. Esas primeras experimentaciones son en realidad una búsqueda, la realización de una inquietud que toma forma de palabras, historias y personajes a través de los cuales, en muchas ocasiones, queremos retratar en alguna medida, la realidad circundante.
Creo (y lo digo por experiencia), que en ese momento el potencial escritor pasa por una etapa que yo llamo “vencer el pudor interno”, superar la auto-censura, algo necesario (el vencimiento del pudor interno) para escribir lo que uno quiere, como lo quiere y no como pensamos que los demás quieren que escribamos o como pensamos que debemos escribir para ganar el favor de una editorial o para no herir susceptibilidades ajenas y escandalizar a nuestros conocidos.
En mis talleres de narrativa siempre hablo de esta etapa, y les insisto a los participantes en que a la hora de escribir uno no puede estar pensando en qué dirán los demás sobre lo que estamos escribiendo, porque de hacerlo, seguramente nos bloquearíamos y no lograríamos nuestro objetivo. Y escribir, finalmente, no se trata de quedar bien con absolutamente nadie. Si acaso y únicamente, debemos quedar bien con nuestros personajes, nuestra historia, dejarlos ser, vivir y fluir como ellos necesitan ser y expresarse. La gran clave de la escritura es trasladar en palabras una historia tal cual y como la imaginamos.
También es inevitable que el escritor retrate, de alguna manera, su época y su entorno. El escritor no es un ser insensible sino precisamente todo lo contrario. Cada palabra que escribe el autor, por muy fantasiosa que sea, refleja algo de su experiencia, sus opiniones, sus gustos, sus creencias y el tiempo en que vive. El autor toma migajas de sus vivencias diarias, sus lecturas, sus pensamientos para darle cuerpo a su texto. Por ello, no es de extrañarse que, de unos años para acá, muchas novelas y cuentos que leemos estén ambientados en la violencia que, por desgracia, estamos viviendo a lo largo y ancho del planeta.
Algunos autores se han caracterizado precisamente por cómo retratan la violencia en sus libros. Algunos se refieren a la violencia emocional, otros a la violencia doméstica; unos son sutiles en su expresión, otros son extremadamente gráficos. Pero así como hay maneras diversas de escribir y plantear una historia, hay lectores para cada tipo de estilo. Algunos tenemos estómago de hierro y no nos incomodan los detalles gráficos y extremos. Hay gente que considera ese tipo de textos totalmente indecentes y hasta “inmorales” y los evita.
Me opongo a juzgar a un ser humano a partir de sus textos, asunto que por desgracia ocurre más de lo que quisiéramos. No creo que un texto violento (o de la naturaleza que sea), implique de automático que el autor tenga desviaciones psicológicas o que sea un asesino en potencia. Pero recordemos que la escritura de ficción implica un gran ejercicio de imaginación. No necesito haber matado a alguien para describir un asesinato o haber vivido en el Siglo XVIII para ambientar una novela en aquella época.
Alguien que escriba, por el motivo que sea, puede hacerlo como guste. El papel aguanta todo, dice un conocido dicho. Pero ¿lo hacemos como una manera de gritar nuestra ira contenida ante las cosas que nos disgustan de la sociedad y las gentes que conocemos? ¿O buscamos, anhelamos, perseguimos escribir algo “literario”?
No creo en ningún tipo de límites a la hora de la escritura, siempre y cuando todo contribuya a la calidad y a la intencionalidad que queremos para el texto. A fin de cuentas, el lector tiene la libertad de decidir si lo lee o no.
¡Bien dicho! Los mejores lectores son los que ven la diferencia entre el carácter del autor y la literatura que escriben. Existe mucha literatura testimonial en la que el autor expresa experiencias vitales propias. Sin embargo, la influencia de esta literatura es a veces tal que con frecuencia los lectores no pueden apreciar obras literarias no testimoniales; la literatura pura, pues.
Carlos | 7 de Mayo de 2007 - 06:39 PMmmmmm, me dejaste pensando, porque yo si he juzgado a autores en base a lo que escriben. Por ejemplo en dos libros de temáticas distintas, un autor se muestra tan racista y usa un lenguaje tan despectivo, que ya una y otra vez, a mi no me suena a que el lo hace porque quiere dejar ser a sus personajes, sino más bien a que el es así, porque es muy recurrente. Pero como digo, me dejas pensando...
marielos | 7 de Mayo de 2007 - 08:08 PMMe parece Marielos que en lo que vos decís cabe, como lector, detectar y examinar cuál puede ser la intencionalidad del autor. Creo que hay escritores para quienes lo ideológico predomina sobre lo literario, y que pretenden utilizar una novela para dar a conocer sus puntos de vista sobre un tema, pero no para contarte una historia. Para ellos no es importante el lenguaje, la estructura o los personajes, sino conformar un escenario para plantear sus ideas.
Algunas veces, los escritores prefieren usar palabras y planteamientos provocativos, como manera de llamar la atención (sea para crear morbo y con ello un posible aumento de ventas o, como en el caso de Cho, porque algo muy grave está ocurriendo y como manera de mandar señales de alerta y pedido de auxilio, que es como yo miro los escritos del surcoreano).
Saludos.
Ladies: Excelente pregunta y excelente respuesta.
Jacinta, estos posts me han convencido de que tendré que arreglármelas para asistir a uno de tus talleres en Costa Rica. No se cuándo ni como, pero algún día caigo por ahí de paracaidista.
¡¡Gracias!!
Bueno Carlos, a ver cuando se organiza otro taller por acá... o en cualquier lado. Gracias a vos.
Jacinta | 10 de Mayo de 2007 - 12:18 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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