3 de Mayo de 2007
Revisar y corregir: el primer lector
Una mirada externa y objetiva sobre nuestro texto puede ser una gran ayuda para verter luz sobre un escrito. Y por ello, nunca está demás contar con la ayuda de un primer lector, porque uno suele saturarse de su mismo texto durante la escritura y las relecturas, y se nos pueden pasar por alto vacíos o fallos evidentes. Pero este primer lector debe ser seleccionado con cuidado. Debe ser alguien en cuyo criterio literario confiemos. Alguien cuya opinión nos merezca respeto y consideración. Alguien que sepa decirnos las cosas (buenas o malas), sin malicia, sin ánimo de herirnos o burlarse de nosotros y ante quien nos sintamos cómodos como para plantearle nuestras propias inquietudes personales sobre un texto.
Podemos o no aceptar las sugerencias de nuestro primer lector. En ese sentido, debemos estar claros de los objetivos de un texto o de cómo queremos que sienta o reaccione un lector ante equis situaciones o personajes. Si alguien nos dijera, por ejemplo, que un personaje le causó aversión por determinados motivos, y eso fue precisamente lo que queríamos, habremos transmitido bien el mensaje.
Hay un tipo de primer lector que resulta inútil para buscar una segunda (o tercera o cuarta opinión) sobre nuestros textos inéditos. Aquel que te dice “está bonito” o “me gustó mucho” o “no me gusta” y no dice más. Ni siquiera te explica por qué tu texto “está bonito” o “no le gustó”. En lo personal, aunque sean buenos amigos, no les confiaría la lectura de un texto inédito porque no me ayudan sus comentarios.
Por ello, buscar y encontrar un buen primer lector no es tan sencillo. Hay amigos que preferirán no decirnos su verdadera opinión de un libro por temor a nuestra reacción y porque prefieren no perturbar una amistad. Pero quien busca una opinión ajena sobre su texto deberá tener por supuesto la madurez de aceptar cualquier tipo de comentario, incluso los negativos, y por lo menos tomarse el tiempo de reflexionar y comprender si lo que dice nuestro lector es válido o no.
Al mismo tiempo, las opiniones de otros sobre nuestros textos deben ser tomadas sin exageraciones. Una de mis mayores enseñanzas literarias me la dio precisamente el conjunto de reacciones encontradas sobre mi primer libro de cuentos, Contra-corriente, publicado a fines de 1993. Las opiniones estaban divididas entre quienes les gustó mucho o los que lo detestaron. Entonces fui bombardeda con comentarios de “cómo yo debería escribir”. Fui tomando en consideración muchos de esos comentarios, novata como era y me sentía, sobre todo publicando. Mi interés era aprender mejor el oficio y consideré que los comentarios se hacían de buena fe.
Pero cuando me senté a escribir e intenté utilizar todos los comentarios y sugerencias recibidos, me vi ante una tarea imposible. Las sugerencias se contradecían entre sí a pesar de ser válidas y hasta de compartir mi opinión con ellas. Y aprendí que uno no puede escribir tratando de complacer a todo el mundo. Que uno debe escribir un texto exacta y precisamente como uno quiere y cree debe escribirlo y estar claro del por qué lo hace. Y que, con cada texto en particular, uno debe también esclarecerse a sí mismo qué es lo que busca, lo que quiere y cómo va a lograrlo. El mundo entero tiene que quedar afuera de ese espacio íntimo de escritura que sólo nosotros podemos y vamos a resolver.
He tenido la gran suerte de contar con amigos que, al mismo tiempo, son magníficos primeros lectores. Algunos señalan erratas, frases confusas y hasta cosas que les gustan o no, y explican por qué. Otros han trabajado capítulo a capítulo compartiendo sus impresiones y descubriendo cacofonías o conceptos repetidos a lo largo de la lectura. Sus comentarios y el tiempo que se tomaron para leer mis textos y analizarlos, ciertamente han enriquecido mi escritura, destrabando a veces incluso el misterio de por qué algo no funcionaba en un texto. Y todos han tenido que someterse a un mi interrogatorio como de 10 preguntas que hago sobre mi propio libro, mis propias dudas.
Finalmente, podremos o no aceptar los comentarios, integrarlos o no al texto, estar seguros o dudosos de lo que se nos señale. Pero si hay dudas, y no hay un primer lector apropiado a mano, vuelvo al tema anterior: el buen amigo tiempo podrá darnos una respuesta más clara.
Ha sido provechoso leer tus escritos. gracias
peregrina | 3 de Mayo de 2007 - 04:31 PMAh y que me decís de los que luego de leerlo te dicen: "Me parece que te falta una coma o una tilde." Sí muy bien y ¿el contenido y la forma?. También me sucedió con un texto que se lo dí como a tres personas y ninguna de las tres me pidió la segunda parte, o sea que posiblemente les aburrió mucho.
Atente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
