19 de Abril de 2007
El héroe y el asesino
Es difícil no conmoverse o permanecer indiferente ante la masacre ocurrida en Virginia Tech. En lo personal, muchas reflexiones me han dado vuelta en la cabeza, reflexiones que aumentan a medida que se van conociendo más y nuevas informaciones sobre lo ocurrido.
Para comenzar, una de las historias que más me impresionó fue la del profesor judío de origen rumano Liviu Librescu, quien utilizó su propio cuerpo como escudo humano para bloquear la puerta de su aula, mientras alentaba a sus alumnos a escapar por la ventana. Todos sus alumnos se salvaron gracias a esa acción. Irónicamente, Librescu murió en el día de recordación del holocausto. Su generoso gesto me parece que puede tener mucha relación con su sobrevivir en los campos de concentración, donde seguramente todos los que mal vivían allí contaban más con la muerte que con la vida. Puede ser que desde entonces, en Librescu haya permanecido la certeza de nuestra temporalidad, y sobre todo, el desapego a la vida, en particular en momentos donde la vida de otros está amenazada.
La muerte de Librescu me parece una muerte honrosa, conmovedora, un ejemplo social de generosidad del que ojalá podamos aprender todos.
En el otro extremo del péndulo está el sur-coreano Cho Seng-Hui, perpetrador de la masacre. Cho, estudiante de Inglés, escribía textos descritos por sus profesores de "perturbadores", de violencia gráfica, con groserías y escenas sexuales incluídas. Por sus escritos, Cho fue enviado y advertido de buscar "ayuda profesional". Este detalle, el de mandar a alguien a buscar ayuda psicológica porque sus escritos son "perturbadores", me incomoda. Digo, porque si a textos perturbadores vamos, habría que mandar al psicólogo a muchos autores contemporáneos, pero también a muchos cineastas (pienso de inmediato en Chuck Palahniuk y en Quentin Tarantino, y casi que me pongo en la lista). Recordemos que Palahniuk tiene un cuento titulado Guts (incluido en su libro Haunted), donde alguien que está en una piscina se le salen los intestinos. La descripción es absolutamente gráfica y no apta para estómagos débiles. De hecho, se dice que el mismo Palahniuk leyó este cuento en la gira de presentación del libro, causando desmayos, ofensas y gente que se iba indignada de la lectura. Otros cuentos del libro van en el mismo bemol o son más perturbadores y gráficos.
Pero volvamos a Cho. A pesar de su manifiesto, sus fotos, sus videos, sigue siendo un personaje misterioso. En lo personal, es alguien que me provoca, lejos de odio, mucha, pero mucha compasión. ¿Se han fijado que nadie ha dicho una palabra buena sobre él? ¿Se han dado cuenta que nadie dijo ser su amigo? Cho era un tipo solitario, aislado, insociable, y obviamente, por los diagnósticos de otras autoridades, sufría de severas depresiones y hasta fue declarado "mentalmente enfermo". A pesar de todo ello, seguía viviendo en un entorno no apropiado para sus dolencias emocionales. Y esto me parece un reflejo del desprecio y la falta de importancia con que la sociedad sigue viendo enfermedades como la depresión, un mal sufrido por miles, millones de personas, un mal silente del que no se habla porque manifestar depresión es síntoma de debilidad.
Me parecen flojos los argumentos que lo señalaban como un "anormal". ¿Aislarse, ser callado, escribir cosas perturbadoras? ¿Cuántos somos así? ¿Somo por ello masacradores en potencia? Por supuesto que hay otros detalles en la conducta de Cho que eran como luces rojas de advertencia con las que nadie quiso lidiar. Ésa es la otra parte que me incomoda. Cho seguro pasaba por "el loquito" de la clase y fue dejado a su suerte con su dolor, sus demonios interiores, sus depresiones, y con su imposibilidad de convivir en la sociedad.
¿Y dónde están los padres de Cho, su familia? Su abuela en Corea del Sur, que no le veía desde niño, aseguró que siempre fue callado e introspectivo, al punto que se sospechaba que era autista. Me pregunto qué secretos abominables esconderá esta familia, que dañaron profundamente la personalidad de este muchacho. La constante de un padrastro violando a su hijastro en sus textos puede ser quizás una pista.
Mucha gente se pregunta si esto se hubiera podido evitar, si se hubiera hecho algo con Cho. Ya nunca se sabrá. Lo que sí me parece será cierto es que de ahora en adelante, al igual que con la psicosis generada por el 11 de Septiembre, cualquier muchacho que prefiera el silencio y la soledad, que escriba "textos perturbadores" que retratan la violencia contemporánea en la que vivimos y que se aísle porque no sepa cómo relacionarse con otras personas, será sospechoso de cualquier cosa.
OJO!, le prohibieron escribir poemas perturbadores pero no comprar armas... OJO! mucho OJO!
Rodrigo Peñalba | 19 de Abril de 2007 - 09:32 PMYo también he pensado mucho en eso, y tienes tu razón en que muchos escriben cosas perturbadoras, pero en donde está el límite, si lo hay, entre quien expresa de esa forma sus pensamientos y quien además de verdad se encuentra perturbado hasta el punto de matar. No lo sé, y es realmente preocupante que ya casi se haya constituido una moda esto, pues de cuando en cuando surge un nuevo incidente. Bueno, aquí en Guatemala estamos acostumbrados a la violencia, hace muy poco mataron a dos hermanos al llegar al colegio en donde estudiaban, pero aun asi todavia creo que existe una sensación de relativa seguridad en las escuelas, colegios, etc., pero creo que por las noticias, por los periódicos sabemos mas de esos casos lejanos que del que probablemente sucedió en nuestra vecindad.
marielos | 19 de Abril de 2007 - 10:32 PMEn efecto, en EU hay muchas prohibiciones en cuanto a comprar medicamentos, pero en Virginia la ley le permite que un adulto pueda comprar un arma al mes. O sea que después de un año, nada te impide tener un pequeño arsenal bien nutrido y mortífero.
Por otra parte, un médico puede ser juzgado y penalizado severamente si uno de sus tratamientos daña accidentalmente a un paciente, pero la National Rifle Association se ha encargado de pasar leyes que protegen a los vendedores de armas de ser juzgados si sus productos son utilizadas en un asesinato. Podría decirse que las compañías farmacéuticas no deberían ser juzgadas si sus productos causan la muerte de alguien. Pero no es lo mismo, no sé cómo alguien pueda usar un frasco de medicinas y causar una masacre a mansalva en tan poco tiempo. Las armas, por su parte, están diseñadas para matar.
Si Cho Seng-Hui -- un enfermo mental conocido como un peligro para si mismo y para otros -- no hubiera tenido tan fácil acceso a las armas de fuego, no hubiera causado tanto daño. Duhhhhhh!!! Con piedras, palos o cuchillos no pudo haber asesinado a tantas personas en tan poco tiempo. No sé cómo un enfermo mental pudo tener tan fácil acceso a las armas.
Yo creo que después de la masacre es normal buscar claves en la vida y hechos del asesino, pero lo de estigmatizar a alguien por escribir textos perturbadores es ponerle camisa de fuerza a la libertad de expresión.
Carlos | 19 de Abril de 2007 - 11:17 PMBuscar los porqué ahora es un poco tarde, ya mató a todo mundo y a sí mismo...
Es muy triste... esta sensación de inseguridad que vivimos no importa el rincón del mundo en el que estemos, el nulo respeto que tienen muchas personas por la vida.
No sabe uno por donde empezar.
analu | 20 de Abril de 2007 - 01:14 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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