18 de Abril de 2007
Niños eternos: Peter Pan y Oskar Matzerath
Nunca me gustó Peter Pan, el personaje creado por J. M. Barrie. Nunca me gustó la idea del niño que no quiere crecer y que, lejos de ser un “héroe” es un ridículo irresponsable. Pero entonces, supongo que eso es precisamente lo que quieren los adultos, que los niños aborrezcamos el concepto de dejar de crecer, de ser niños siempre. Hay que ser adultos y ser adulto es sinónimo de ser responsable, serio, bien educado, medido. Ser niño, o un “niño” a lo Peter Pan, sería sinónimo de irresponsabilidad, de perder el tiempo, de no tener fortuna.
Es curioso que ser niño no sea usado como sinónimo de ser inocente, alegre, impoluto por la maldad de la vida y sus gentes. Un ser lleno de esperanzas y sueños viendo con optimismo hacia el futuro que abrirá sus brazos, generoso, para complacer tus anhelos.
Ha sido tal el impacto de este personaje, que hasta se habla de un “síndrome de Peter Pan”, sufrido por el adulto que no quiere adquirir responsabilidades y compromisos y que rehúsa a “comportarse como alguien de su edad” (cómo detesto esa frase... porque en el fondo ¿qué significa “comportarse como alguien de su edad”? ¿Significa que con los años hay que ir comprando el ataúd y esperar a la muerte, sentados en un rincón, quietecitos y sin hacer estorbo, con cualquier brillo y sueño apagado, aceptando nuestra condición de estar próximos a la muerte y tejiendo nuestro sudario, porque "a cierta edad" se considera que amar, reír, bailar, usar blue jeans e ir al gym es ridículo?).
Esto me lleva a pensar en otro niño literario que no quería crecer: Oskar Matzerath, el protagonista de El Tambor de Hojalata de Günter Grass, para mi gusto el mejor de sus libros.
Ambos tienen en común su odio hacia los adultos, aunque por motivos diferentes. Peter Pan cree que fue abandonado por su madre, de ahí que resienta a los adultos y en particular, a las mujeres. Y Oskar ve a los adultos comportarse en maneras que él no quisiera comportarse jamás, a inicios de la 2ª. Guerra Mundial. Y para evitarlo, para evitar convertirse en un detestable adulto, lo único posible por hacer es, naturalmente, no crecer más, quedarse niño.
Sin embargo, mientras Peter Pan vive en un estado aparente de alegría perpetua y reacciona y se comporta como un chiquillo, Oskar llega eventualmente a comportarse más como un adulto que como un niño. Ambos tienen una ilusión bastante naïve de la infancia y sobre todo de la vida y del tiempo. Porque pasar toda la vida siendo un niño de 9 o 12 años viendo la realidad pasar delante de tus ojos, no debe ser fácil.
Peter Pan, en esencia, me parece un chiquillo asustado y solitario, con un pánico absoluto por la vida, escondido en la idea de ser el jefe que puede mandar sobre un grupo de otros niños y de las circunstancias que le rodean. Mandar puede otorgar el espejismo de fuerza, de ser invencibles. Y sobre todo, pensar que se pueden controlar las circunstancias puede provocar el equívoco de pensar que se pueden controlar las causas del dolor y de la tristeza y eventualmente, hasta de la muerte.
Oskar Matzerath, por su lado, me parece un niño que, a pesar de su rechazo a los adultos, termina comportándose como tal aunque permanezca en el cuerpo de un niño, llegándose a convertir en eso que critica con tanta dureza. Recordemos cuando convive y trabaja con enanos.
Finalmente el terror de ambos es “crecer y morir”, ser como esos adultos que ven a su alrededor, grises y apagados, con los sueños fracasados hace mucho, sin expectativas ni esperanzas en el futuro, anhelando apenas algún tipo de tranquilidad que se encontrará en rutinas para sobrevivir el día a día mientras se espera a la muerte.
Por supuesto, los géneros son abismalmente diferentes y también la intención con que cada uno de los libros fue escrito. Uno es un cuento para niños, el otro una novela para adultos. Pero me llama la atención que algunos autores jueguen alrededor de la idea del niño que no quiere crecer porque no quiere ser nunca adulto y en consecuencia no quiere morir. Parar el reloj biológico lo más lejos posible del deterioro de la vejez y la muerte.
Supongo que los humanos ambicionamos no perder algo de nuestra calidad de niños. Algo del sentido de juego, de inocencia, de asombro, de sentirse pequeño en un mundo muy grande que íbamos a salir a conquistar, como los piratas, los mosqueteros o los pistoleros que eran nuestros héroes. Y es la añoranza de esa felicidad la que nos hace recurrir a la imagen del niño que no quiere crecer. Es la necesidad de sentir de nuevo o por siempre la fuerza que otorga la inocencia, una fuerza que con el correr de los tiempos podemos sentir mermar ante las dificultades y decepciones de la vida, sobre todo cuando vemos pasar los años no sólo sin lograr nuestros sueños sino sabiendo que ya no los lograremos nunca.
Se necesita algo de ese ímpetu de la infancia, de esa inocencia, para poder salir de la cama todos los días a enfrentarnos a un mundo que parece tener el tiempo contado. Desde las guerras, el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales hasta la criminalidad y la violencia cotidianas, todo pareciera más bien conspirar para que naufraguemos en el pesimismo, en el desánimo y en el más inhumano materialismo, características opuestas a la luminosidad infantil.
Que interesante esto que escribís hoy, muy interesante.
Jamás me había sentado a analizar mucho ni a peter pan ni a su supuesto sindrome, al otro no lo conozco.
Pero el asunto del niño que llevamos dentro, el desencanto que vamos viviendo conforme crecemos, la incapacidad que desarrollamos por ilusionarnos y dejarnos soñar con utopías.
Pero es que si, con un mundo tan fuerte y duro... con todo lo que pasa aquí en nuestras narices.
Pero la fé debe estar ahí siempre.
analu | 18 de Abril de 2007 - 05:40 PMEn mi opinión Peter Pan es genial, una novela super original, de hecho es mi personaje infantil de dibujos animados favoritos.
¿qué hay un síndrome? Pues vale pero Peter Pan no tiene la culpa asi que:
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVA PETER PAN!!!!!!!!!!!!
y POR SUPUESTO NUNCA JAMAS
No sabia nada del sindrome de PETER PAN hasta hoy, de verdad q me parece q tienes algo de razon con eso de que se les trasmite a los niños una imagen, de que para ser felices hay que vivir en un mundo de fantasia y no querer crecer fue agradable leer lo que piensas.
maily | 17 de Mayo de 2007 - 03:23 AMMe gustaria que me informen, si es posible que la gente que padece este problema pueda llegar a comprometerse en una relacion de pareja?, estas personas pueden llegar a enamorarse?
Mi inquietud se debe a que creo estar con un Peter Pan, y no veo que la relacion crezca.
Gracias
Karina
hola karina... en internet puedes conseguir mucha informacion al repecto.. Lo importante es que tu no sufras del sindrome de Wendy, que es tan inconvetiente como el otro...
Rafael Monsalve | 5 de Septiembre de 2008 - 01:55 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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