5 de Marzo de 2007
The Queen
Vamos al grano: la actuación de Helen Mirren en The Queen es extraordinaria. Mientras miraba la película pensé que todo el que trabaja en la actuación debería ir a verla y tomársela como una lección en esa disciplina. Lo que Helen Mirren a hecho es impresionante, desde el aspecto físico hasta toda la rectitud, severidad y momentos donde la reina es meramente una persona con dudas, preocupaciones, tristezas. A pesar de esa expresión petrificada que siempre luce ante los otros, un movimiento de su boca, una mirada, un giro de cabeza, cualquier pequeño gesto dice mucho de lo que pasa al interior de esta mujer tan contenida e impenetrable.
La presencia de Helen Mirren en pantalla es tan imponente que uno podría olvidarse o ignorar qué ocurre en el resto de la cinta o con el resto de los actores. Me pasó un poco eso. Uno quería que estuviera la Mirren todo el tiempo para poder mirarla absorto, incrédulo, admirarla.
Mirren misma confesó en una entrevista que al principio no estaba muy segura de aceptar este papel, porque la Reina de Inglaterra es uno de los personajes más utilizados como blanco de comicidad y burlas en Inglaterra. El reto, decía Mirren, era cómo asumir a la Reina sin caricaturizarla, un personaje que se presta mucho para ello.
Pero la actriz cumplió su cometido y nos ha rendido a una Reina Isabel soberbia. Habiéndola visto por fin, comprendí que no había actriz, por buenas que estuvieron todas las nominadas al Oscar, que le llegara ni cerca.
Sin embargo, la majestuosa presencia de la Mirren no opacó algunas cosas de la película, que parecerán pequeñas o siquiera innecesarias de ser mencionadas. Michael Sheen (quien interpreta a Tony Blair) sí me parece que le transmite algo de caricaturesco a su personaje (su rostro parecía más el de un comediante que el de un actor serio y no sé por qué, lo asocié con Mr. Bean). Y Alex Jenning (quien hace de Príncipe Carlos) estaba totalmente fuera de lugar. Para comenzar no tenía parecido alguno con el personaje real. Y su presencia era floja y nada convincente.
Hay momentos en que la música también me pareció fuera de lugar, a veces estridente o exagerada para la circunstancia, creando un innecesario efecto dramático que ya estaba implícito en el guión y que no era preciso subrayar (por ejemplo en alguna escena donde ella maneja).
A la salida del cine me pregunté (como creo también lo hice cuando vi Capote) si una película así se sostendría de no tener en el rol principal a un actor que supiera interpretarlo a perfección. Pensé también en que algunos de los coprotagonistas hubieran podido ser mejor seleccionados y que quizás así la película hubiera tenido más altura. Pero por otro lado, concluí que era mejor que los coprotagónicos no fueran brillantes en su trabajo, porque eso no puso distracciones y permitió un espacio amplio para que Helen Mirren se luciera y llenara por completo la pantalla.
En todo caso, es una película que merece verse para recibir cátedra de actuación y para paladear lo que una actriz inteligente puede hacer con un personaje tan conocido y evitar que ocurra un desastre fílmico.
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