30 de Enero de 2007
Bailando para no estar muerto
Cuando terminan de leer un libro, ¿cómo deciden cuál será el próximo a leer? ¿Los tienen haciendo fila de espera? ¿Los leen de acuerdo a cómo los van comprando? ¿Leen de acuerdo a un “programa” temático, de etapas, por autores? ¿O deciden leer algo de acuerdo al ánimo del momento?
En lo personal, cuando termino de leer un libro comienzo casi de inmediato a pensar cuál será la próxima lectura. Ese “pensar” va acompañado de la acción de ir hojeando libros, leyendo sus títulos y sacando del librero alguno que me apetezca. Leo las primeras líneas y espero que me haga “clíck”.
Ya sé. No es un método “científico” para seleccionar mis lecturas, pero así es como me funciona. Estoy convencida de que para leer un libro en específico hay que estar en un ánimo que sintonice con él. Que no todos los días estamos con cabeza ni espíritu para leer el Ulises de James Joyce o las novelas de Marguerite Duras, los cuentos de Clarice Lispector o una saga como El Señor de los Anillos.
A veces tampoco tenemos tiempo y preferimos leer libros menos abundantes en páginas. Otras, se nos antoja poesía o cierto tono en particular. Algo digerible, algo barroco, algo en otro idioma.
En estos días, luego de terminar Ursúa, me di a buscar la siguiente lectura y caí en la cuenta de ese hábito de selección. Buscando qué leer, tanteando un que otro libro, me topé con dos buenas introducciones.
Una, de El hombre ilustrado de Ray Bradbury, titulada “Bailando, para no estar muerto”. La intro comienza contando una anécdota en la que Bradbury habla de un camarero llamado Laurent:
Trabajo de diez a doce horas, a veces catorce -me dijo- y después a medianoche me voy a bailar, bailar, bailar hasta las cuatro o cinco de la mañana, y me acuesto y duermo hasta las diez y luego arribo a las once a trabajar diez o doce horas y a veces quince. -¿Cómo consigue hacerlo? -le pregunté. -Fácilmente -dijo-. Dormir es estar muerto. Es como la muerte. Así que bailamos, bailamos para no estar muertos. No queremos que eso ocurra.
Luego, Bradbury se pregunta con qué coreografía engaña a la muerte. Y se responde a sí mismo convencido que dicha coreografía es su deseo por escribir. Algunas veces parte de la elemental pregunta ¿Qué pasaría si...? que Bradbury denomina “el término operativo” para muchos de sus cuentos. Hacia el final de su introducción, fechada en 1997, dice:
Termino como comencé. Con un amigo camarero parisiense, Laurent, bailando toda la noche, bailando, bailando. Mis melodías y números están aquí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana. Para no estar muerto.
No hay idea con la que yo pueda estar más de acuerdo. Escribir, escribir, escribir, para no morir.
El hombre ilustrado es una colección de 18 cuentos que parten de una situación: un hombre cuyo cuerpo está cubierto de tatuajes, cada uno de los cuales tiene vida propia y que, al ser observados detenidamente, cuentan una historia. Todavía no lo leo pero lo tengo en stand-by, porque luego encontré otro libro (de cuya introducción hablaré mañana) y después me enganché con el libro que terminé leyendo en 2 sentadas el fin de semana y que comentaré, primero Dios y la virgen de la Candelaria, el jueves.
Para los fans de Ray Bradbury, recomiendo visitar el blog Ray Bradbury 451, parte del proyecto Hotel Kafka, que tiene además blogs dedicados a Philip K. Dick, Escher y Kafka, of course.
Yo no tengo ningún método. De repente he leido algo sobre el autor y cuando veo que saco un nuevo libro, lo compro. A veces a través de alguna entrevista que he leido, dicen algo en relación al libro que me atrae y entonces también lo busco. Y tengo muchos que he comprado porque estaban en rebaja, o porque quería leer algo del autor, y ya cuando he empezado la lectura, no he hecho click. También leo los que me prestan y a otras personas les han parecido buenos, aunque aqui siempre cabe la posibilidad de que no tengamos los mismos gustos.
Con respecto a que uno no siempre está de humor para leer Ulises, yo no he encontrado nunca una lectura apropiada para la playa. Creo que con demasiado calor la lectura debe de ser ligera, pero aun así, no he dado con el "libro de playa".
marielos | 30 de Enero de 2007 - 08:21 PMQue bonita introducción... :)
analu | 31 de Enero de 2007 - 06:44 PMPara mi diría que es casi un problema al terminar un libro elegir con cual sigo, lo que se es que si esa pausa entre uno y otro se demora demasiado (dos o más días) ya me pongo inquieto, y es cierto, siempre hay libros esperándonos, pero no siempre estamos con el ánimo de comenzarlos, y como dejarlos es una decepción, uno se toma un tiempo más en esperarlos. Total, allí están ellos.
Saludos
Emiliano
pd: ¿te interesa intercambiar links?
Emiliano | 2 de Octubre de 2009 - 06:44 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
