3 de Enero de 2007
MirrorMask
¿Y si pudiéramos entrar al lugar de nuestros sueños? ¿Si pudiéramos encontrar allí a los personajes que imaginamos en la lucidez? Helena, una niña de 15 años, lo logra. Y allí encuentra seres y realidades que ella ha dibujado en su vida cotidiana, seres como la Reina Blanca que está enferma y necesita para curarse un talismán cuyo lugar o forma no son conocidos por nadie. Allí habita también una Reina Negra que ha perdido a su hija y que se parece demasiado a Helena.
Ésta entra a un mundo donde los seres tienen rostros que son máscaras de papel, donde la Reina Negra escupe Sombras que pueden aniquilar a los demás, y donde los libros tienen una presencia vital. “No sabía que cada libro tiene personalidad propia”, dice Helena, cuando luego de tocar el lomo de algunos en un librero, los libros salen volando como pájaros y ella tiene que capturar uno con una red caza-mariposas.
Los libros también se convierten en “libros voladores”, a manera de alfombras mágicas, sobre los cuales es conveniente escapar o salvar distancias infranqueables. Sus páginas pueden servir de alimento a gatos con alas de colores y rostros humanos. Y además hay uno, El libro útil en toda circunstancia, que siempre que se está en aprietos tiene la solución.
Hay un ser similar a la esfinge que cuida un reino poblado por escaleras en espiral y al cual es menester contarle un acertijo. Los peces vuelan por los aires y se dice que los ricos se bañan en tinas llenas de ellos. Y Valentine, quien ayudará a Helena en la búsqueda del talismán, tiene una torre a quien puede llamar con una luz y que acude al lugar hasta donde su amo lo requiera.
Este es el mundo que nos presenta MirrorMask, una fascinante película del artista visual David McKean y que nos transporta al otro lado de la vida, el lugar de los sueños. La historia tiene líneas muy elementales y comunes a diversas historias de este género: la lucha del bien contra el mal y la búsqueda del elemento o el arma que servirá para restablecer el equilibrio a favor del bien.
Los efectos visuales de esta película son muy ricos y provocativos. Una imagen sugiere otra y desquicia nuestro concepto de la realidad, como ese efecto de vida propia que tienen los libros y su capacidad de salvarnos en circunstancias dramáticas.
A través de su recorrido por la ciudad onírica, Helena tiene visión del mundo real a través de algunas ventanas donde puede ver su propia habitación y a la otra Helena, quien está desquiciando la vida de la verdadera. Adivinaron: la que está al otro lado es la hija de la Reina Negra y la única manera de devolverla y corregir todo es encontrando el talismán, que resulta ser una máscara de espejo. Pero Helena tiene que encontrar la máscara antes de que la anti-Helena queme los dibujos de la verdadera: quemando los dibujos se destruyen todas las puertas de acceso entre ambos mundos.
Hay que soportar con algo de paciencia los primeros 20 minutos poco afortunados de la película donde se narra la vida de Helena como hija de una pareja que tiene un circo y donde Helena trabaja haciendo malabares y contando malos chistes con su padre. Un disgusto entre madre e hija hacen que la madre tenga un ataque y esté en coma en el hospital (cualquier similitud entre la mala salud de la madre y la Reina Blanca, por supuesto que no es casual). Pero una vez entrando en el mundo onírico es imposible retirar la vista de la pantalla y de empatarse en el juego imaginativo intenso que propone esta película.
Me pregunté viendo esta película por qué siempre este tipo de historias tienen como protagonistas a niños o adolescentes. ¿Acaso la única salvación en los mundos fantásticos puede estar a manos de los menores? ¿Acaso los adultos no estamos invitados ni tenemos capacidad para desenvolvernos en el mundo de la fantasía? Porque pienso en The Never Ending Story, las Crónicas de Narnia, Eragon, Harry Potter y tanta historia que ofreciéndonos la lucha entre el bien y el mal, nos plantea como héroe a un niño o adolescente.
¿Qué? ¿Qué sólo los niños y su supuesta inocencia podrán salvarnos? Perdón que disienta. Los tiempos modernos están convirtiendo la infancia en algo bastante perverso (fui asaltada por un par de chiquillos en San Salvador, pleito a puñetazos incluido)…
Quizás nos queda aprender precisamente que la fantasía no es reino exclusivo de la niñez y que, por lo demás, la infancia, menos que una edad biológica, es un estado del alma desde el cual podemos vivir y sobrevivir de mano de la imaginación. Quizás sólo un adulto con alma de niño pueda salvar este cochino mundo.
(Para el horario de futuras transmisiones de MirrorMask, puede consultar la página de Cinemax).
Jacinta a las 04:57 PM | Referencias 0Fantasía.
Yo comencé a leer libros de fantasía cansado de libros muy serios y algunos de ellos hasta dolorosos. Una vez que estaba leyendo a Milan Kundera y me estaba retorciendo de dolor identificándome con el personaje de la novela, del cielo, me cayó a las manos, como por obra de magia, Momo de Michael Ende.
Decidí que me gustaba leer fantasía por encima de todo.
Fantasía de todos los colores y sabores: desde Tolkien con su Hobbit hasta Poe con sus Aventuras de Arturo Gordon Pym. Mi predilección por la literatura de terror tomo forma con Drácula de Stroker (pasando por Mircalla de LeFanu claro esta) llegando hasta Mitos de Ctulhu de Lovecraft. Desde entonces los libros de vampiros me persiguen y se los agradezco. La Escritora de Kostova acaba de encontrarse conmigo un par de meses atrás (me siguió el libro hasta que lo compre… se me cruzo tantas veces que decidí llevarlo en un aeropuerto para gastar los últimos pesos que me quedaban y me iban a ser inútiles donde me dirigía), y en estas ultimas navidades ha sido un regocijo leerla.
Pero volviendo a Momo y Michael Ende, con ellos descubrí que la literatura fatua era mi precio. Desde ese momento desfilaron por entre mis manos La historia interminable, El espejo en el Espejo, El Ponche de los Deseos, Uroboros y un sin fin de libros de “Fantasía” que me ayudaron a vivir con mas calma mis fantásticos estreses, conflictos y trabajos. Mi niñez se engrandeció desde entonces y mis capacidades infantiles me han permitido enfrentar todo el dolor que me causa el mundo real, ese mundo despiadado que me exige ecuanimidad, fuerza, audacia y valentía (así como a Pancho Pantera)
Cuando tengo ganas de llorar leo Mi planta de Naranja Lima o releo La eternidad por fin comienza un lunes.
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